Michel Saugné, director de Inversiones de La Financière de l’Échiquier (LFDE) presenta las seis convicciones de la gestora de cara a 2026: invertir más allá del consenso.

Después de un 2025 que ha alterado el equilibrio de los mercados, 2026 ha arrancado con un punto de partida tan exigente como inestable en el que la clave estará en identificar lo que todavía puede funcionar y no tanto en perseguir lo que ha funcionado.
Con esa mentalidad, definimos nuestras seis convicciones de inversión para este año, basadas en una lectura crítica del pasado reciente, del consenso actual y, sobre todo, de los riesgos estructurales que ya están en juego.
El año pasado no presentó rupturas radicales, pero sí mutaciones importantes. Se consolidó un liderazgo geográfico más amplio, con Europa y los mercados emergentes ganando tracción, pero los problemas de fondo, como la concentración sectorial o las valoraciones extremas, no se resolvieron.
Los mercados subieron, pero lo hicieron, en muchos casos, sin el respaldo pleno de los beneficios empresariales. El S&P 500 creció impulsado por los resultados, sí, pero en Europa o Asia las alzas vinieron sobre todo por expansión de múltiplos. Incluso índices como el CAC francés mostraron contribuciones negativas del BPA. Una excepción notable fue el IBEX español, donde sí hubo alineación entre precios y beneficios.
¿Qué esperar de las tecnológicas tras su corrección en Bolsa o AI scare trade?
Esto deja un mensaje claro: los precios corrieron por delante de los beneficios. En 2026, estos últimos podrían -y deberían- empezar a alcanzarlos. Pero el margen de error es estrecho. La política monetaria ha dejado de ser expansiva, los estímulos fiscales están limitados por los altos niveles de deuda, y tanto las acciones como los créditos se encuentran en niveles de valoración exigentes, con diferenciales muy ajustados. A eso se suma un optimismo elevado y un posicionamiento de mercado agresivo, lo que compone un entorno frágil.
En este contexto, las convicciones deben ser claras, selectivas y fundamentadas.

Diversificar más allá de EE. UU.: concentración y precio limitan su poder
Las bolsas estadounidenses no son problemáticas por su calidad, sino por su concentración extrema y sus valoraciones históricas. Aun siendo una economía innovadora y rentable, tener todos los huevos en la misma cesta, especialmente en un mercado dominado por el sector tecnológico, es un riesgo estructural.
En este contexto, diversificar es una necesidad. Y no se trata de salir de EE. UU., sino de restar peso a un mercado cuyo poder diversificador ha disminuido, precisamente por su propio tamaño e intensidad.
Valorar con lupa las expectativas: la ratio “esperanzas y sueños”
Una herramienta extraordinariamente útil para medir el riesgo de desconexión entre narrativa y realidad es el llamado “ratio de esperanzas y sueños”. Esta métrica descompone la capitalización del S&P 500 en tres bloques: valor en libros, valor descontado de beneficios a tres años vista y, finalmente, todo lo que viene después.
Hoy, el 70 % del valor de mercado del S&P 500 depende de beneficios más allá del tercer año, una proporción que no se veía desde la burbuja de las puntocom a finales de los noventa. Estamos pagando hoy por un futuro lejano que debe cumplirse con precisión milimétrica. En estas condiciones, cualquier decepción pesa más.
Navegando por la renta fija emergente: riesgos, oportunidades y previsiones

Japón: una apuesta diferencial en clave estructural
Frente a los riesgos de sobrevaloración en EE. UU., Japón ofrece una combinación rara: cambio estructural, valoraciones razonables y estímulo macroeconómico. La llegada de Sanae Takahashi como primera ministra ha inaugurado una nueva era política -ya bautizada como “Sanae-nomics”- que combina crecimiento, impulso fiscal y mantenimiento de tasas reales negativas.
En paralelo, las reformas en gobernanza corporativa están forzando a las empresas japonesas a elevar su ROE, desmantelando estructuras accionariales ineficientes. Con el yen en niveles históricamente bajos y una economía centrada en tecnología, Japón se perfila como una alternativa robusta para diversificar globalmente.
Europa: potencial no reconocido, flujos por redescubrir
Europa cotiza con un descuento estructural frente a EE. UU., y aunque los flujos internacionales volvieron brevemente en 2025, pronto se replegaron. Eso deja un campo fértil para sorpresas positivas no descontadas.
Además, muchas reformas reales en curso no están aún reflejadas en los precios. Con una política fiscal europea más expansiva en países clave como Alemania, creemos que el viejo continente puede recuperar atractivo tanto en renta variable como en crédito.
Invertir: selección por encima del “tema”
El enfoque temático -IA, bancos, materias primas, defensa- fue rentable en 2025. Pero ahora, tras la fuerte subida de sectores como el bancario europeo, es momento de discriminar con precisión. Se trata de trascender la exposición temática para pasar a contemplar una tesis inversora que contemple qué nombres, a qué precio, con qué catalizador y con qué calidad de balance.
En el sector bancario, por ejemplo, los beneficios han alcanzado al precio, por lo que toca mirar entidad por entidad. En la IA, aunque la revolución es real, la concentración preocupa y hay dudas sobre la solidez financiera de algunos actores. Aun así, el fenómeno se está extendiendo a nuevos segmentos, como el de fabricantes de memoria, especialmente en Asia.

El espacio también figura entre nuestras convicciones firmes. Se trata de un mercado en plena evolución que abre oportunidades sin precedentes para los inversores, y 2026 podría ser un año decisivo. La publicación del decreto Ensuring American Space Superiority por parte del gobierno estadounidense en diciembre de 2025 es una señal positiva: fija prioridades estratégicas como el regreso de astronautas estadounidenses a la Luna en 2028, la construcción de los primeros módulos de una base lunar para 2030, y la creación de una estructura privada que sustituya a la Estación Espacial Internacional.
Este dinamismo está impulsando todo el ecosistema, con presupuestos de defensa de los países de la UE que podrían alcanzar el 5 % del PIB a medio plazo, frente al 2–3 % actual. La posible salida a bolsa de SpaceX en 2026 también podría aumentar significativamente el interés de los inversores por este sector.
La robótica, especialmente en el segmento de robots humanoides, también forma parte de nuestras convicciones dentro del universo tecnológico. Un informe de Bank of America de marzo de 2025 estima que habrá un millón de humanoides en 2030, y hasta tres mil millones en 2060.
Materias primas estratégicas y crédito de calidad
La transición energética, la tensión geopolítica y el auge del nacionalismo económico han convertido a las materias primas críticas en activos geoestratégicos. China controla más del 90% del procesamiento de tierras raras, y eso revaloriza opciones como el oro, cuya participación en las reservas globales ha crecido frente al retroceso de los bonos del Tesoro estadounidense, pero también metales como plata, platino o paladio.
En este escenario, el oro destaca como refugio creíble ante la pérdida de confianza en el dólar y en la política fiscal de EE. UU.
Y en el mundo del crédito, el carry sigue siendo atractivo, pero con spreads tan ajustados, la calidad es más esencial que nunca. En 2026, la inversión investment grade debe ser el ancla de cualquier exposición a crédito.
La temática de retorno absoluto resulta especialmente adecuada para los inversores que buscan una gestión oportunista, sin restricciones y versátil, capaz de adaptarse a distintos contextos de mercado, especialmente en tiempos de incertidumbre. Nuestra filosofía consiste en ofrecer una exposición flexible a los mercados de renta fija, con una gran capacidad de maniobra y fuentes de rentabilidad diversificadas.
2026: un año para la gestión activa y disciplinada
Todo indica que hemos salido de un ciclo de mercados impulsados por liquidez. Entramos en una nueva fase donde el rendimiento vendrá del crecimiento real de los beneficios y de la política fiscal. Un año, por tanto, de más dispersión, más volatilidad y más exigencia en las decisiones.
No será un año de beta. El alfa vendrá, más que nunca, de la elección consciente.


