La celulitis no empieza en la piel, empieza en los hábitos. Hay ideas que incomodan un poco al principio, pero luego se quedan rondando la cabeza. La de Felipe Isidro es una de esas. Menos cremas milagro y más músculo si queremos vivir más y mejor. Así de directo. El catedrático en Educación Física y experto en longevidad no viene a vender fórmulas mágicas, sino algo menos vistoso y bastante más realista: constancia, movimiento y hábitos que se sostienen en el tiempo.
Su planteamiento no es solo técnico, es casi una llamada a volver a lo básico. La salud, dice, no se construye con atajos. Y cuando empieza a hablar de celulitis, varices o envejecimiento, uno se da cuenta de que muchas de las ideas que hemos dado por buenas… quizá no lo eran tanto.
La celulitis: lo que vemos en la piel no empieza en la piel

A mí me hizo gracia (y me hizo pensar) la metáfora que utiliza para explicar la celulitis. Dice que es como una pared mal construida: si los ladrillos están descolocados, da igual que pintes por encima. La humedad vuelve. Y ahí está el problema. La celulitis no es solo grasa. Es una mezcla de mala circulación, líquidos retenidos, tejido que se endurece y tira de la piel hacia abajo. Por eso aparecen esos hoyuelos que tanto nos obsesionan.
¿Las cremas? No las demoniza, pero tampoco las coloca en el lugar que solemos darles. No llegan al fondo del problema. Actúan en la superficie, y muchas veces funcionan más como recordatorio de que debemos cuidarnos que como solución real. (Que oye, si eso te anima a moverte más, algo ayudan… pero no hacen milagros).
Isidro habla de genética, hormonas, sedentarismo, estrés, falta de sueño. Todo suma. Y también todo se puede trabajar. Fuerza, movimiento diario y comida real. Nada glamuroso, pero sí efectivo. Y un detalle curioso: evitar demasiado impacto. Correr o saltar en exceso, dice, puede empeorar la fibrosis del tejido. No todo lo que suda es necesariamente lo que más conviene.
Varices y ese “segundo corazón” que casi nadie entrena

Cuando pasa a hablar de varices, vuelve al mismo punto de partida: el movimiento. Explica que el problema está en el retorno venoso, en que la sangre se queda estancada. Y aquí suelta otra frase que se queda grabada: “Nuestro segundo corazón está en los gemelos”.
Los gemelos, ese músculo al que apenas prestamos atención, son clave para impulsar la sangre hacia arriba. Caminar, moverse, activar las piernas… parece obvio, pero en la práctica no lo hacemos tanto. Pasamos horas sentados. Luego nos sorprenden las piernas pesadas. (Yo me sentí un poco retratado, la verdad).
Vivir mucho… pero sobre todo vivir bien

Más allá de la celulitis o las varices, el discurso de Isidro gira en torno a algo más amplio: la longevidad. Pero no en plan “vivir muchos años sin más”. Vivir bien el tiempo que tengamos. Su frase lo resume todo: “morir joven lo más tarde posible”. Tiene algo de provocador, pero también de sensato.
Para él, el ejercicio es la base de todo. Por encima incluso de la nutrición o el descanso. Porque cuando te mueves bien, duermes mejor. Comes mejor. Te sientes mejor. El movimiento ordena el resto. Y sí, envejecer es inevitable. Sentirse viejo, dice, no tanto.
La imagen que deja es bastante clara: llegar al final de la vida siendo funcional, autónomo, capaz de moverte sin depender de nadie. Suena simple. Pero, si lo piensas, es un objetivo enorme.



