Álex Yáñez, dietista y nutricionista: “Hay un edulcorante que consumes a diario… y casi nadie sabe lo que provoca en el cerebro”

- Un experto desmonta mitos sobre bebidas “saludables”, edulcorantes y suplementos y recuerda que el movimiento sigue siendo la base de todo.

A veces, el edulcorante no solo endulza: también cambia, sin darnos cuenta, la forma en que comemos y pensamos. Hay conversaciones que te hacen replantearte lo que das por hecho. Esta es una de ellas. El doctor en actividad física y deporte y nutricionista Álex Yáñez se sienta a hablar de comida, suplementos y movimiento… y, sin levantar la voz, va desmontando algunas ideas que tenemos muy arraigadas. No desde el alarmismo, sino desde algo mucho más incómodo: el sentido común.

En su análisis de la alimentación actual, pone el foco en esos productos que parecen sanos a primera vista. Bebidas vegetales, por ejemplo. Las de avena o arroz, tan presentes en desayunos y cafés. ¿De verdad son tan inocentes como creemos? Yáñez explica que, tras ciertos procesos industriales, se transforman en fuentes de azúcar que suman (y mucho) en el cómputo diario.
“Con dos vasos de bebida vegetal de ese tipo ya superas la cantidad que te recomienda la OMS de todo el azúcar de un día… y tú creyendo que te debes esa bebida dulce, sana y saludable cuando no lo es”, dice.

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Lo que parece saludable también puede esconder azúcar diario. Fuente: IA.

Lo interesante no es solo el producto concreto. Es el efecto acumulativo. Ese café con edulcorante por la mañana, el yogur “light” al mediodía, el refresco sin azúcar por la tarde. Pequeños gestos que se van apilando como monedas en un bolsillo hasta que pesan más de lo que imaginábamos.

Edulcorantes: de villanos y salvadores

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Pequeños gestos suman más de lo que creemos cada día. Fuente: IA.

Yáñez también se mete en terreno delicado: el de los edulcorantes. No todos son iguales, insiste. Propone una especie de ranking personal donde el aspartamo queda en la parte baja. Según explica, se ha relacionado con molestias neurológicas y digestivas. “El aspartamo es el más tóxico a nivel neuronal… hay migrañas, diarreas e incluso vómitos”, comenta.

En el otro extremo coloca a la estevia. Para él, es la opción más amable con el organismo. No solo por endulzar sin disparar la glucosa, sino por los posibles beneficios metabólicos asociados. “La estevia para mí es el top uno sin duda… mejora las glucemias durante 24 horas en diabéticos, mejora tensiones arteriales y tiene efectos antibióticos naturales”, afirma.

Aquí uno se pregunta: ¿de verdad leemos las etiquetas o solo confiamos en el envase verde y las palabras bonitas? (Confieso que yo, durante años, me dejé llevar por el marketing sin pensarlo demasiado).

Suplementos: útiles, pero no mágicos

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Leer etiquetas cambia la forma en que comemos sin darnos cuenta. Fuente: IA.

La charla entra después en el terreno de la suplementación. Y sí, hay compuestos que pueden ayudar. Ashwagandha para el estrés, vitamina D —con niveles óptimos que, según Yáñez, deberían superar los 50 ng/ml—, creatina para rendimiento y función cognitiva. También menciona la berberina y la curcumina como aliados en contextos concretos.

Pero aquí viene el matiz importante. Ningún suplemento arregla una base descuidada. Ninguno sustituye a dormir mal, moverse poco o comer deprisa. Es más, el propio Yáñez lo deja claro: pueden sumar, sí, pero no sostienen el edificio por sí solos.

Moverse: el pilar que lo cambia todo

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Moverse un poco sigue siendo mejor que no moverse nada. Fuente: IA.

Si hay una idea que atraviesa toda la conversación es esta: el movimiento no es opcional. Ni estético. Ni secundario. Es salud pura. Yáñez llega a comparar el sedentarismo con el “nuevo tabaco”. Una frase que suena fuerte, pero que, cuando la piensas, encaja.

“La OMS ya dijo que era más problemática una persona que come bien y es sedentaria que la persona que se mueve y come mal. El movernos es fundamental”, recuerda.

Lo mejor es que no habla de rutinas imposibles. Ni de horas de gimnasio. Habla de empezar donde se pueda. Diez minutos. Cinco. Incluso dos. “Con 10 minutos ya se han visto mejoras… incluso 2 minutos va a ser mejor que nada”, señala. Y, sinceramente, eso alivia. Porque desmonta la excusa del “no tengo tiempo”.

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