Stephanie Seneff, investigadora: “Podrías estar consumiendo este químico todos los días sin darte cuenta”

- El debate sobre el glifosato en los alimentos vuelve a abrir preguntas incómodas sobre lo que comemos cada día.

Un químico invisible puede estar más cerca de tu mesa de lo que imaginas. Hay ideas que se nos quedan grabadas sin darnos cuenta. Que lo que compramos en el súper es seguro. Que si algo está en la estantería, alguien ya lo ha revisado. Que no hace falta pensar demasiado. Yo misma lo he pensado mil veces. Hasta que empiezas a escuchar ciertas investigaciones y, de repente, te entra una pequeña duda (de esas que se quedan dando vueltas).

El glifosato es una de esas palabras que aparecen cada cierto tiempo en las noticias, en documentales, en conversaciones de sobremesa. Un químico que nació como limpiador industrial y que hoy se usa en la agricultura de forma masiva. Tan masiva que, según algunas investigaciones, podría estar presente en muchos alimentos cotidianos, incluso en los que creemos “más sanos”.

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Lo invisible también se come. Fuente: IA

La investigadora Stephanie Seneff lo plantea de forma directa: no solo está en lo transgénico. También en el trigo de siempre, en las legumbres de toda la vida. Es decir, en cosas que comemos casi sin pensar. Y ahí es donde la cosa se vuelve incómoda. Porque una cosa es saber que existe y otra asumir que podría formar parte de la rutina diaria.

No es una certeza absoluta. Es una línea de investigación. Pero basta para que uno levante la ceja.

Cuando el cuerpo no distingue bien

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El debate científico sigue abierto. Fuente: IA

Una de las teorías más llamativas que se manejan tiene que ver con algo tan básico como las proteínas. El cuerpo las fabrica constantemente. Son, por decirlo fácil, los ladrillos que sostienen todo. Y según explica Seneff, el glifosato podría colarse en ese proceso por error, ocupando el lugar de un aminoácido. Como si en una cadena de montaje alguien cambiara una pieza clave por otra que “se parece”… pero no es igual.

Si eso ocurre, la proteína puede construirse mal. Y si la proteína se construye mal, su función también. Colágeno, músculos, enzimas… todo podría verse afectado de formas pequeñas, casi invisibles al principio, pero acumulativas. Es una hipótesis compleja, sí, pero también inquietante por lo sencilla que resulta la idea: el cuerpo confundiendo algo que no debería estar ahí.

A mí, personalmente, me hizo pensar en lo frágil que es el equilibrio interno. Lo fácil que es alterarlo sin darnos cuenta.

El intestino, ese gran olvidado

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El intestino puede ser clave. Fuente: IA

Luego está el intestino. Ese “segundo cerebro” del que ahora se habla tanto. Durante años nadie le prestó demasiada atención. Hoy sabemos que tiene mucho que decir en cómo nos sentimos, en cómo digerimos, incluso en cómo pensamos.

Seneff plantea que el glifosato podría afectar al microbioma, eliminando bacterias beneficiosas y dejando espacio a otras menos amables. Un intestino desajustado puede sentirse como un dominó que cae: metabolismo, inflamación, energía… todo empieza a tambalearse.

Y aquí aparece algo curioso. Cuando el ecosistema intestinal falla, dice la investigadora, también se alteran señales relacionadas con el hambre, la saciedad y el metabolismo. Es decir, lo que ocurre en el intestino podría repercutir en mucho más de lo que imaginamos. No es una idea descabellada si pensamos en lo conectado que está todo.

A veces pienso en cuántas veces hemos simplificado la salud a “comer bien y ya”. Y lo compleja que es en realidad.

El químico que se cuela en lo cotidiano

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Más preguntas que certezas. Fuente: IA

Las teorías sobre el glifosato no se quedan solo en el intestino. Se habla de posibles vínculos con enfermedades neurodegenerativas, con problemas metabólicos, con intolerancias alimentarias. También con la energía celular, esa sensación de vitalidad que damos por hecha hasta que falta.

¿Significa esto que todo está demostrado? No. Significa que hay investigadores que piden mirar con lupa. Que el debate científico está vivo. Que algunos organismos reguladores lo consideran seguro dentro de ciertos límites y otros científicos creen que esos límites deberían revisarse.

Al final, quizá la pregunta no sea si el glifosato está o no está en todas partes. La pregunta es otra: ¿cuánto sabemos realmente de lo que comemos cada día? Y, sobre todo, ¿cuánto queremos saber?

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