Hay lugares a los que uno se acerca sin expectativas y que te dejan literalmente con la boca abierta, y eso es exactamente lo que les viven en Madrid que descubren el Embalse del Burguillo por primera vez. A menos de una hora de la capital, este embalse abulense esconde un paisaje tan salvaje y espectacular que los propios visitantes no pueden evitar sacar el móvil y grabar, incrédulos, lo que tienen delante: paredes de granito que se elevan casi cien metros sobre el agua, cubiertos por una vegetación tan tupida que más de uno ha exclamado aquello de «parece Brasil».
No exagera quien lo dice. El embalse se asienta en el corazón del Valle de Iruelas, una reserva natural que, combinada con la roca granítica que enmarca sus aguas, genera un microclima húmedo y frondoso completamente inesperado en la meseta castellana. El resultado visual es tan impactante que rompe todos los esquemas del viajero acostumbrado a imaginar Castilla como un paisaje de llanuras y encinas.
La magia tiene, además, un calendario: llega en primavera. Cuando el embalse alcanza su nivel óptimo en marzo, los kayaks pueden adentrarse en zonas normalmente inaccesibles durante el estiaje, navegando literalmente entre esas paredes verticales que parecen sacadas de un documental del Amazonas.
Cuándo y cómo ir para vivir la experiencia completa
El momento perfecto para ponerse los remos al hombro y acercarse al Embalse del Burguillo es, sin duda, la primavera. Desde finales de febrero y durante todo marzo, las lluvias invernales han llenado el embalse hasta niveles que permiten explorar los rincones más espectaculares del pantano. El agua alcanza su cota más alta justo cuando la vegetación empieza a despertar, creando ese efecto selvático que tanto impresiona a los visitantes.
El acceso desde Madrid es realmente cómodo: en torno a 80 kilómetros por la A-5 o la N-403, según el punto de embarque elegido. La localidad de El Tiemblo es el punto de referencia habitual para quienes llegan en coche, y desde allí se puede acceder a varios puntos de embarque. Lo más sencillo es contratar una actividad guiada, ya que las empresas de la zona facilitan el material y conocen perfectamente los tramos más fotogénicos del pantano.
Si prefieres ir por libre, ten en cuenta que para navegar en embalses de la cuenca del Tajo necesitas una Declaración Responsable ante la Confederación Hidrográfica del Tajo. No es un trámite complicado, pero es obligatorio y hay que gestionarlo antes de salir de casa para evitar sorpresas en el agua.
Lo que vas a ver desde el kayak
Una vez en el agua, la experiencia supera cualquier descripción previa. Los primeros metros son ya una declaración de intenciones: el granito emerge directamente del embalse formando paredes que proyectan sombra sobre la superficie, y la sensación de navegar dentro de un cañón vivo es absolutamente única en el contexto peninsular.
A medida que te adentras en la cola del embalse, la vegetación se vuelve más densa y el silencio más profundo. Brezos, madroños, alcornoques y tarajes cuelgan sobre el agua creando túneles naturales. En los tramos más estrechos, la pared granítica y el cielo forman un encuadre tan cinematográfico que es imposible no detenerse a contemplarlo.
La fauna tampoco decepciona. Águilas reales, cigüeñas negras, garzas y hasta nutrias conviven en este espacio protegido. Avistamientos que, desde la perspectiva baja del kayak, resultan mucho más cercanos e íntimos que desde cualquier mirador terrestre. El silencio del paddle te convierte en parte del paisaje, no en un intruso que lo observa desde fuera.
Lo que debes saber antes de ir
Para que la experiencia sea perfecta, conviene tener claro lo siguiente antes de organizar la escapada:
- El nivel del embalse varía mucho según la época: en verano puede bajar al 40-50% de su capacidad, lo que reduce las zonas navegables
- La temperatura del agua en marzo ronda los 10-12 grados; un traje de neopreno es muy recomendable aunque no sea obligatorio
- Los fines de semana de primavera son los más concurridos; si puedes, ve entre semana para una experiencia más tranquila
- El viento puede ser intenso en la zona central del embalse por las tardes; las mañanas son más calmadas y seguras para el kayak
- Las empresas locales como Aqua Marina o Actividades El Burguillo ofrecen alquiler y rutas guiadas desde precios asequibles
- Lleva agua y snacks; en la zona central del embalse no hay servicios ni puntos de avituallamiento
Los mejores tramos para kayak en el Burguillo
No todos los rincones del embalse tienen la misma espectacularidad. Si tienes pocas horas o quieres maximizar el impacto visual, estos son los puntos que no debes perderte:
- La cola del embalse en dirección al Valle de Iruelas: el tramo más selvático y estrecho
- Las paredes graníticas del sector norte, donde la roca cae a plomo sobre el agua
- La zona de la isla central, perfecta para hacer una parada y explorar a pie
- El ramal del Alberche, que en niveles altos permite adentrarse varios kilómetros entre vegetación densa
- Las calas ocultas de la orilla sur, solo accesibles en kayak y perfectas para el baño en verano
- Los contrafuertes graníticos del sector de El Tiemblo, donde las fotos resultan más espectaculares al amanecer
¿Seguirá siendo así en los próximos años?
La tendencia del Embalse del Burguillo en los últimos ejercicios invita a un optimismo moderado pero con matices. Los datos de febrero de 2026 muestran un embalse al 72,6% de su capacidad, muy por encima de medias históricas, lo que augura una primavera con buen nivel de agua y rutas de kayak plenamente operativas.
Sin embargo, la variabilidad climática es cada vez mayor. Los veranos más secos y calurosos siguen vaciando el embalse con más rapidez que hace dos décadas, lo que hace que la ventana de primavera sea cada vez más el momento clave del año para visitar el Burguillo en su máximo esplendor. Mi recomendación honesta: no lo dejes para julio pensando que «también estará bien». Ve en marzo, cuando el pantano es de verdad ese Brasil que tienes a una hora de casa.






