Claudio Vincenzo Fiorentini, médico especialista en obesidad: “Subir y bajar de peso no es un fracaso personal: hay una biología que juega en tu contra”

- Entender la obesidad como enfermedad crónica cambia la forma de tratarla y de mirar a quienes la viven.

Durante años nos han repetido lo mismo: si alguien tiene obesidad es porque “no se cuida”, porque “come mal”, porque “no tiene fuerza de voluntad”. Y, sinceramente, esa idea ha calado hondo. Pero no es verdad. O, al menos, no es tan simple.

La obesidad es una enfermedad crónica y biológica. No un defecto moral. No un fallo de carácter. El doctor Claudio Vincenzo Fiorentini, especialista en obesidad, lo explica con claridad casi quirúrgica: reducirla a pereza o descontrol no solo es inexacto, también es injusto.

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El cuerpo también defiende su peso. Fuente: IA

El cuerpo no es una calculadora donde todo se resuelve con “comer menos y moverse más”. Hay genética. Hay entorno. Hay hormonas. Hay medicamentos que influyen. Hay una fisiología compleja que, a veces, juega en contra sin que uno lo haya elegido. Subir y bajar de peso no es un problema de carácter, es una respuesta biológica.

Y esto cambia mucho las cosas. Porque cuando entiendes que no todo depende de la fuerza de voluntad, la culpa empieza a perder peso también.

El temido “efecto rebote” no es un fracaso

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No todo es fuerza de voluntad. Fuente: IA

¿Quién no ha escuchado —o vivido— el famoso efecto rebote? Ese momento en el que, después de un esfuerzo enorme, el peso vuelve como si nada hubiera pasado. Y con él, la frustración.

Lo que explica Fiorentini resulta casi revelador: el cuerpo tiene mecanismos de defensa. Cuando pierde kilos, interpreta que algo amenaza su supervivencia. Entonces activa lo que podríamos llamar su “modo ahorro”. Baja el gasto energético, aumenta la hormona del hambre, reduce las señales de saciedad. Es como si el organismo dijera: “Oye, esto no me gusta, volvamos a donde estábamos”.

Y claro… luchar contra eso no es sencillo. Es nadar contracorriente.

A veces pienso en personas que conozco que han hecho dietas una y otra vez. Se culpan cuando recuperan peso. Se sienten débiles. Pero ¿y si no era debilidad? ¿Y si era biología defendiendo su territorio? La reganancia de peso no es un fracaso personal, es una reacción natural del cuerpo. Entenderlo alivia. Mucho.

El peso del estigma (que también pesa)

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Entender la biología alivia la culpa. Fuente: IA

Hay algo de lo que se habla menos y que, sin embargo, deja marca: el juicio. La mirada ajena. El comentario disfrazado de consejo. El profesional sanitario que da por hecho que todo es cuestión de disciplina.

Ese estigma genera estrés. Y el estrés, paradójicamente, favorece la acumulación de grasa. El cortisol —la famosa hormona del estrés— se mantiene elevado y el cuerpo responde. Es un círculo difícil de romper.

No es solo una cuestión física. También es emocional. Ansiedad. Culpa. Tristeza. El peso del estigma pesa tanto como el de los kilos. Y si no se aborda, el tratamiento siempre estará cojo.

Por eso hablar de obesidad con respeto no es una cuestión de corrección política. Es una cuestión de salud.

Cinco pilares para un enfoque más humano

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El tratamiento debe ser integral. Fuente: IA

Frente a esta complejidad, el abordaje no puede ser simplista. Fiorentini propone cinco pilares que, más que una receta, parecen un mapa.

Primero, la nutrición. No como castigo temporal, sino como una forma sostenible de alimentarse. Sin extremos imposibles. Sin prohibiciones eternas.

Segundo, el ejercicio. Y aquí hay un matiz importante: no solo cardio. También fuerza. Mantener músculo es mantener metabolismo activo. Es darle al cuerpo herramientas para sostener el cambio.

Tercero, la psicoterapia cognitivo-conductual. Porque la relación con la comida no es solo biológica, también es emocional. Aprender a tomar decisiones desde la calma y no desde el impulso cambia mucho el escenario.

Cuarto, los medicamentos modernos, como los agonistas de GLP-1, que ayudan a regular el apetito y el metabolismo bajo supervisión médica. No son “atajos”. Son herramientas. Y utilizarlas no es hacer trampa.

Quinto, la cirugía bariátrica, en casos indicados. No como último recurso desesperado, sino como intervención metabólica seria, acompañada de seguimiento de por vida.

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