Noelia Duarte, experta en bienestar: “Hay una señal interna que ignoras cada día… y tiene consecuencias”

- Aprender a bajar el ritmo y escucharse puede ser el primer paso real hacia el bienestar emocional.

El bienestar empieza cuando por fin te das permiso para parar. Vivimos deprisa. Demasiado deprisa. Entre notificaciones, horarios imposibles y esa sensación constante de tener que estar bien (aunque por dentro no siempre lo estemos), es fácil perderse un poco. O un mucho. En ese contexto, la coach personal Noelia Duarte lanza una idea que suena sencilla… pero que no siempre practicamos: quizá no necesitamos perseguir la felicidad, sino aprender a vivir con serenidad.

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La calma también se entrena. Fuente: IA

Porque, seamos honestos, ¿quién no ha pensado alguna vez que la felicidad es una meta que siempre se mueve un paso más allá? Duarte lo dice claro: nos hemos confundido de objetivo. En lugar de correr detrás de algo abstracto, propone buscar equilibrio, paz y tranquilidad en lo cotidiano. Cuando la vida se vuelve más habitable por dentro, la felicidad aparece casi sin hacer ruido.

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A mí me resuena esa idea. Tal vez porque todos hemos tenido días en los que, sin que pase nada extraordinario, simplemente estamos en calma. Y eso ya es mucho.

El cuerpo habla (y a veces grita)

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El cuerpo avisa antes de romperse. Fuente: IA

Uno de los mensajes más repetidos por Duarte es que el cuerpo no miente. Es nuestro termómetro emocional. Nuestro orientador. Ese que avisa antes de que la mente quiera escuchar.

Un dolor de espalda, el cansancio constante, la sensación de tensión… muchas veces lo normalizamos. Seguimos adelante. “Ya se pasará”. Pero, según ella, el cuerpo suele estar diciendo algo importante cuando se queja. Que necesita pausa. Movimiento. Aire. O simplemente que bajemos el ritmo.

Me hizo pensar en cuántas veces ignoramos esas señales. Como si el cuerpo fuese un coche al que solo llevamos al taller cuando se rompe del todo. Duarte propone lo contrario: escuchar antes. Ajustar antes. Cuidar antes.

Y no suena mal, la verdad.

Las crisis como punto de inflexión

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Parar también es avanzar. Fuente: IA

Hay momentos que nos parten un poco. Una ruptura. Un cambio de trabajo. Una enfermedad cercana. Esos golpes que, al principio, parecen solo dolor. Duarte pasó por algo así: una etapa complicada que mezcló pérdidas personales, cambios laborales y decisiones difíciles. Y, sin embargo, de ahí surgió una transformación.

Su frase es contundente: de grandes crisis pueden salir grandes cambios. No porque el dolor sea bonito (no lo es), sino porque a veces obliga a parar y preguntarse: “¿Estoy donde quiero estar?”. “¿Qué necesito realmente?”. “¿Qué me estoy diciendo a mí misma?”.

En lugar de quedarse en el papel de víctima, propone usar esas sacudidas como una especie de reinicio. No inmediato, no mágico. Pero sí consciente. Aprender de lo que duele para reconstruir desde un lugar más honesto.

Y sí, suena fácil al leerlo. Luego la vida es otra cosa. Pero la idea se queda.

Pequeñas herramientas para volver al centro

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Escucharse cambia el rumbo. Fuente: IA

Duarte no habla de soluciones milagro. Habla de herramientas. Algunas muy simples. Terapia, coaching, meditación. Y, sobre todo, la idea de normalizar el apoyo profesional sin esperar a tocar fondo. No hay que estar fatal para empezar a cuidarse.

La meditación, dice, es de lo más accesible. No hace falta irse a un retiro ni encender incienso. Bastan unos minutos de silencio, de respiración, de parar. A veces lo difícil no es meditar. Es decidir parar.

También insiste en algo que cuesta: conocerse. Saber qué sentimos, qué queremos, qué necesitamos. Porque si no lo sabemos, acabamos viviendo para todo el mundo menos para nosotros. Y ahí aparece el agotamiento.

Su mensaje final no es grandilocuente. Es más bien una invitación suave: bajar el ritmo. Estar un poco más presentes. Dejar de vivir solo en lo que pasó o en lo que vendrá. Porque la vida —la de verdad— ocurre aquí, ahora, en lo cotidiano.

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