Manuel Ortega, 61 años: cuando el enfado vecinal cruza la línea y entra en el Código Penal

Manuel Ortega tiene 61 años y vive en un edificio de cuatro plantas en un barrio residencial de Murcia. Durante años, la convivencia fue correcta, sin grandes sobresaltos y, por supuesto, sin saber que algo podía desembocar en consultar el Código Penal.

Todo cambió cuando una disputa aparentemente menor con su vecino del piso inferior derivó en amenazas, insultos reiterados y llamadas constantes a la policía. Lo que empezó como un enfado terminó convertido en un conflicto con consecuencias legales serias.

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Yo pensaba que esto se resolvía hablando o, como mucho, en una junta. Nunca imaginé que acabaría con una denuncia penal”, reconoce Manuel. Pero a veces la vida puede sorprender a todos y acabar como nadie imaginaba.

El origen del enfado: acusaciones constantes y clima irrespirable

El conflicto comenzó cuando el vecino de abajo empezó a acusar a Manuel de provocar ruidos nocturnos. Según Manuel, las acusaciones eran exageradas y continuas. Cada cruce en la escalera se convertía en un enfrentamiento verbal.

Con el tiempo, los reproches pasaron a ser insultos directos, golpes en el techo y notas agresivas en el buzón. La situación escaló hasta el punto de que Manuel dejó de usar ciertas zonas comunes “por miedo a encontrárselo”. Aún no lo sabía, pero pronto tendría que leer qué dice al respecto de estos comportamientos el Código Penal.

Cuando el enfado deja de ser convivencia y pasa a ser acoso

Lo que muchos vecinos desconocen es que la reiteración de conductas hostiles puede tener encaje legal más allá del ámbito comunitario. En este caso, el abogado de Manuel le explicó que algunas conductas podían encuadrarse en el Código Penal, concretamente en delitos leves de amenazas o coacciones si existe intimidación continuada.

“No es una discusión puntual”, explica el letrado. “Es un patrón de conducta que altera la vida cotidiana”.

El papel del Código Penal y Civil en los conflictos vecinales graves

Además del ámbito penal, Manuel también recurrió a la vía civil. El Código Civil establece que nadie puede usar su propiedad de forma que cause perjuicio a otro. Esto incluye comportamientos abusivos, ruidos intencionados o actos que alteren la paz vecinal.

En este caso, el juez valoró:

  • La reiteración del comportamiento.
  • Los partes policiales acumulados.
  • Los testimonios de otros vecinos.

El enfado, cuando es persistente, deja de ser un problema de convivencia para convertirse en un problema legal.

Código Penal
A veces los conflictos por ruidos con vecinos pueden terminar de la peor manera posible

Las ordenanzas municipales: la ley más ignorada

Otro punto clave fueron las ordenanzas municipales de convivencia y ruido, aprobadas por el Ayuntamiento de Murcia. Estas normas regulan no solo los decibelios, sino también comportamientos incívicos, gritos, insultos desde ventanas o alteraciones del orden en comunidades privadas.

Muchos vecinos creen que estas ordenanzas solo se aplican a bares o locales, pero también afectan a viviendas particulares. Las sanciones pueden incluir multas económicas e incluso medidas cautelares.

El desenlace: límites legales al vecino enfadado

Tras varios meses, el conflicto terminó con una resolución judicial que obligaba al vecino a cesar las conductas hostiles, bajo advertencia de consecuencias penales si reincidía. No hubo cárcel, pero sí antecedentes por delito leve y una sanción económica.

Manuel lo resume así: “Enfadarse es humano, pero hay un punto en el que el enfado deja de ser una emoción y se convierte en un problema legal”.

Los vecinos muy enfadados existen en todas las comunidades, pero no todo vale en nombre del cabreo. Cuando el enfado se traduce en amenazas, acoso o alteración grave de la convivencia, entran en juego leyes que muchos desconocen, desde el Código Penal hasta las ordenanzas municipales.

Este tipo de casos demuestra que la justicia no solo protege propiedades, sino que también protege la tranquilidad, incluso dentro de un edificio de vecinos.


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