Marta Emerson, empresaria: «Como autónomo, tu casa y tu coche pueden ser embargados si el negocio va mal»

Marta Emerson advierte que operar como autónomo implica responsabilidad total: bienes personales, como casa o coche, pueden ser embargados si el negocio fracasa, mientras que una sociedad limitada ofrece protección y mayor solidez.

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En el ecosistema emprendedor español, la elección entre operar como autónomo o constituir una sociedad limitada sigue generando dudas. No es solo una cuestión fiscal. También entran en juego la protección patrimonial, la credibilidad frente a clientes y la capacidad de crecer con socios.

En este sentido, la empresaria Marta Emerson explica que la forma jurídica inicial puede marcar el rumbo del negocio desde el primer día. Su análisis pone el foco en los riesgos reales que muchos autónomos subestiman.

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El riesgo patrimonial que muchos autónomos ignoran

El riesgo patrimonial que muchos autónomos ignoran
Fuente: agencias

Uno de los argumentos más contundentes de Emerson se centra en la responsabilidad personal del autónomo. En este régimen, el profesional responde con todo su patrimonio ante posibles deudas del negocio. La empresaria lo resume sin rodeos: “Como autónomo, tu casa y tu coche pueden ser embargados si el negocio va mal”.

No se trata de un escenario excepcional. Jurídicamente, el autónomo y su actividad son la misma persona a efectos de responsabilidad. Por eso, si surgen problemas financieros, los acreedores pueden reclamar contra los bienes personales.

Frente a este modelo, la sociedad limitada actúa como escudo. La responsabilidad queda, en principio, circunscrita al capital social aportado. Esta diferencia, subraya Emerson, es uno de los motivos principales por los que muchos profesionales optan por constituir una empresa desde el inicio.

La empresaria añade otro elemento relevante. En el mercado, la percepción también pesa. A su juicio, muchas compañías consideran que trabajar con una sociedad limitada transmite mayor solidez que hacerlo con un autónomo individual. Esa imagen puede facilitar la firma de contratos o la entrada en determinados proyectos.

Sin embargo, la decisión no es automática. Operar como autónomo sigue siendo una opción válida para actividades incipientes o con bajo volumen de facturación. La clave, insiste, está en analizar cada caso con detalle.

Nómina, fiscalidad y crecimiento: las ventajas de la SL

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Más allá de la protección patrimonial, Marta Emerson destaca aspectos operativos que pueden inclinar la balanza. Uno de ellos es la posibilidad de que el profesional, convertido en autónomo societario, pueda asignarse una nómina desde su propia empresa.

Este matiz tiene implicaciones prácticas. En el sistema financiero, explica, las entidades suelen valorar mejor los ingresos en forma de nómina que las facturas del autónomo. A la hora de solicitar una hipoteca o financiación, esa diferencia puede resultar decisiva.

También entra en juego la planificación fiscal. La empresaria advierte que no existen soluciones milagro y que la presión tributaria seguirá presente. Aun así, recuerda que el impuesto de sociedades parte de un tipo general del 25%, mientras que el IRPF del autónomo puede escalar por encima del 50% en determinados tramos.

Esto abre una ventana de optimización cuando el negocio empieza a generar beneficios relevantes. Mantener parte del dinero dentro de la sociedad puede ser, en algunos casos, más eficiente que trasladarlo directamente al ámbito personal.

Otro punto clave es la escalabilidad. La estructura societaria permite incorporar socios, repartir participaciones y, llegado el momento, atraer inversión. Para proyectos con vocación de crecimiento, esta flexibilidad resulta difícil de replicar desde la figura del autónomo tradicional.

No obstante, Emerson introduce un matiz importante. Constituir una sociedad limitada implica más costes y obligaciones formales. Hay que presentar cuentas anuales, asumir mayor carga de gestoría y cumplir con requisitos mercantiles adicionales. Por eso, insiste en que la elección debe responder a la realidad del negocio y no solo a una preferencia teórica.

La experta también pone el acento en la privacidad. Recuerda que el autónomo debe incluir datos personales en sus facturas, lo que, en entornos digitales con gran volumen de clientes, puede generar inquietudes de seguridad. Utilizar direcciones profesionales o virtuales es, en su opinión, una práctica recomendable.

En última instancia, la empresaria defiende que la forma jurídica influye incluso en la mentalidad del emprendedor. Gestionar una sociedad, con cuentas separadas y estructura propia, obliga a profesionalizar la actividad desde fases tempranas.

La sociedad limitada no es siempre la mejor opción ni el autónomo está condenado al fracaso. Cada proyecto tiene su momento y su dimensión. Lo relevante, concluye Emerson, es tomar la decisión con información completa y visión estratégica.


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