El reto de la energía española: de la descarbonización hacia la estabilidad de la red 

El apagón ha dado lecciones de los elementos en los que España debe mejorar: sistemas de inercia y una mayor interconexión con Europa

La descarbonización ha dejado de ser el reto al que se enfrenta el sistema energético español, esta es la principal conclusión del último informe de OBS Business School firmado por Victor Ruiz Ezpeleta, llamado “El sector energético en España: hacia una descarbonización sostenible”.

En este sentido, analiza que actualmente el sistema energético español con la gran entrada de renovables ha entrado en una nueva fase, donde debe priorizar la estabilidad de un sistema que es dependiente de energías altamente variables (por factores de climatología) como es el caso de las renovables. 

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El reto de las renovables: urge la estabilidad en el sistema energético

En este sentido, el estudio de OBS Business School apunta a que en 2025 las renovables han alcanzado un 56,6% del total del mix energético español (incluyendo el autoconsumo). A esto se le suma que ya en 2024 la generación nacional de energías libres de emisiones (renovables y nuclear) alcanzó un 76,8%. Es decir, la transición energética en España ha pasado de ser un proyecto a futuro a constituirse en la realidad del país, por lo que ahora el foco del sistema debe ser, según indica el informe, garantizar la estabilidad del sistema. 

El principal reto estructural identificado por el estudio es la pérdida de inercia del sistema eléctrico. A diferencia de energías con alta inercia y estabilidad como las energías nucleares, o las centrales térmicas, la generación fotovoltaica se conecta mediante inversores electrónicos que no aportan inercia natural, un fenómeno clave dentro de la historia energética de nuestro país por el apagón que hubo el 28 de abril.

En este sentido, el informe cita que durante ese incidente, cerca del 70% de la energía suministrada provenía de energías renovables, apuntando a que una anomalía térmica en una línea de transporte de Extremadura provocó un hueco de tensión que desencadenó la desconexión simultánea de miles de inversores. Esto se traduce en un efecto dominó dominó que no se pudo estabilizar. De ahí que, uno de los mayores retos dentro del sistema sea el permitir que estas centrales renovables sean capaces de aportar esa inercia al sistema, haciéndolo más sólido. 

Central Almaraz Fuente Iberdrola Merca2.es
Central de Almaraz. Fuente: Iberdrola

Por otro lado, destacaría la falta de almacenamiento. El estudio de Ruiz Ezpeleta, señala que en la fecha del apagón España contaba con un almacenamiento de tan solo 8 GW que fueron insuficientes para cubrir la oscilación de 15 GW en cuestión de segundos. Esto se traduce en que el sistema energético carece de un mecanismo de amortiguación rápida ante perturbaciones en la frecuencia eléctrica. Además de que los sistemas de control y monitorización que se utilizan en la red, según apunta el informe están en parte obsoletos ya que no pudieron gestionar adecuadamente el volumen de datos generado por la reacción en cadena que se dio en el apagón. 

A estos retos también se le suma a que España está pobremente conectada con el resto de Europa, lo que se tradujo en el caso del apagón en un fracaso por parte de Francia de incorporar energía, debido a la saturación de la interconexión que durante ese tipo solo representaba el 3% de la demanda. Es decir, que España no solo estaba, sino que sigue muy alejado del objetivo de interconexión establecido por Bruselas de un 15%; es una isla energética. 

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Y a modo de conclusión el informe destaca el elefante en la habitación: el cierre programado de las nucleares, debido a que son una fuente de energía estable durante gran parte de las horas del año, además de que ofrece gran parte de esa energía inceral. Sumado a que advierte que su retirada implica la entrada de una mayor presencia de ciclos combinados de gas en el mercado mayorista, que aumentaría el precio del MWh entre 13 y 37 euros tras el cierre total de Almaraz 

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Por ello, la gran tendencia energética a la que tendría que aspirar España según el informe vendría de la mano de la flexibilidad, a través de la implantación de inversores de “formación de red” en nuevas instalaciones renovables capaces de simular la capacidad de inercia de las centrales tradicionales.

A esto se le suma, la instalación masiva de baterías (sistemas BESS) y del fortalecimiento de la interconexión con las redes europeas a través del nudo de Vizcaya. En definitiva, las renovables se han implantado de forma definitiva, pero a nivel de estabilidad, el sistema energético aún deja de desear.


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