El universo de la criminología suele estar rodeado de mitos y construcciones propias de la ficción. Sin embargo, cuando se escucha a profesionales con décadas de experiencia en entrevistas a psicópatas y criminales graves, la imagen cambia de forma radical.
El psicólogo y criminólogo Vicente Garrido asegura que “es un mito que el psicópata criminal sea un tipo muy inteligente”. Su afirmación no busca romper con el imaginario social, sino desmontar una idea muy instalada en el cine y explicar cómo se trabaja realmente frente a un psicópata.
La preparación, la clave antes de hablar con un psicópata

Para Garrido, el trabajo comienza mucho antes del cara a cara. La preparación previa es, según explica, el factor que marca la diferencia entre una entrevista útil y una conversación estéril. El principio es simple: conocer todo lo posible sobre la persona.
En la práctica, esto implica revisar los delitos atribuidos, los antecedentes, los informes psiquiátricos y psicológicos y cualquier testimonio disponible de personas que lo hayan tratado. El objetivo es construir un mapa lo más preciso posible del psicópata antes de formular la primera pregunta.
Esa información permite definir la estrategia de interrogatorio. No todos los perfiles responden igual. Con algunos puede funcionar un tono distendido. Con otros, cualquier desliz verbal puede activar desconfianza o paranoia. La entrevista, por tanto, no se improvisa.
Garrido sostiene que, en términos generales, hay tres pilares que suelen repetirse al tratar con un psicópata. El primero es el respeto. No se trata de simpatía ni de justificación, sino de una actitud profesional que evite que el entrevistado se cierre. Estos sujetos, advierte, detectan con rapidez el desprecio o la hostilidad.
El segundo elemento es el rapport, es decir, la construcción de una relación mínima de confianza que invite a hablar. Si el psicópata se siente cómodo, aumenta la probabilidad de que aporte información relevante. Sin ese vínculo, lo habitual es que se limite a evasivas.
El tercer punto es identificar qué quiere el entrevistado. Detrás de cada declaración suele haber un objetivo: reducir la pena, sostener la inocencia o construir un relato de inimputabilidad. Comprender esa motivación permite orientar mejor la conversación y evaluar si existe margen para obtener datos útiles.
El gran mito: ni genios ni villanos de película
Uno de los aspectos que Vicente Garrido considera más distorsionados por el cine y las series es la supuesta brillantez intelectual del psicópata criminal. La cultura popular ha consolidado la figura del asesino extremadamente inteligente, frío y calculador.
Sin embargo, la evidencia empírica muestra otra realidad. Según explica el criminólogo, la inteligencia de un psicópata se distribuye igual que en la población general. Algunos son muy capaces, otros se sitúan en la media y muchos presentan limitaciones claras.
La confusión proviene, en parte, de la narrativa audiovisual. Personajes como el de Hannibal Lecter o el asesino meticuloso de Seven han fijado un arquetipo muy atractivo dramáticamente. Un villano brillante genera más tensión narrativa que uno torpe.
El propio Alfred Hitchcock ya lo había señalado: el suspense funciona mejor cuando el antagonista es interesante. Pero el arte no siempre refleja la estadística real.
En la experiencia de Garrido, muchos individuos catalogados como psicópata son poco sofisticados en su forma de actuar o de manipular. Algunos destacan por su crueldad o impulsividad, pero no por su capacidad estratégica. Otros sí muestran habilidades manipulativas, aunque no constituyen la mayoría.
Esta distinción es relevante porque influye en la práctica profesional. Sobreestimar la inteligencia de un psicópata puede llevar a errores de enfoque durante la entrevista o la investigación.
El criminólogo también subraya otro matiz importante: comprender no equivale a empatizar emocionalmente. En su trabajo, explica, lo que aparece en ocasiones es una sensación de tristeza por los hechos cometidos, no una identificación con el autor. Entender la fantasía que impulsa el crimen es una herramienta técnica necesaria.
Para Garrido, precisamente ahí reside una de las claves del perfilado: descifrar qué fantasía guía la conducta del psicópata. Ese elemento, más que la supuesta genialidad, es el que permite explicar por qué alguien arriesga todo por matar.





