José Antonio Marina, filósofo: “La inteligencia no es lo que crees… y eso cambia cómo tomas decisiones cada día”

- Una reflexión sobre la inteligencia como guía práctica para decidir mejor, convivir mejor y no dejarse arrastrar por el ruido cotidiano.

La inteligencia no siempre se nota en lo que sabes, sino en cómo decides y actúas cada día. Hay una pregunta que parece sencilla, pero no lo es: ¿qué significa realmente ser inteligente? José Antonio Marina la lanza sin rodeos y, cuando te detienes a escucharle, te das cuenta de que la respuesta no tiene tanto que ver con notas, títulos o test de coeficiente intelectual. Tiene más que ver con cómo te mueves por la vida. Con cómo decides. Con cómo reaccionas cuando algo se tuerce.

Marina insiste en una distinción que, al principio, descoloca: no es lo mismo ser listo que ser inteligente. El listo busca salir beneficiado él. El inteligente busca soluciones que funcionen para todos. Puede parecer una diferencia pequeña, pero en realidad es enorme. Porque cambia la manera de mirar al otro, de actuar en un conflicto, de tomar decisiones.

Publicidad

Su definición es muy concreta: la inteligencia sirve para dirigir bien el comportamiento. Para resolver problemas. Para salir adelante en situaciones complicadas. Y, algo importante, para aprender de los errores. Porque sí, equivocarse forma parte del proceso. Y no reconocerlo —dice— es la mejor manera de quedarse estancado.

A mí me hizo pensar en esa frase tan repetida de “yo no me arrepiento de nada”. Suena valiente, pero quizá también nos impide revisar qué podríamos haber hecho mejor. Y ahí, según Marina, se bloquea el aprendizaje.

Adolescentes al volante de un Ferrari

inteligencia
La inteligencia también se mide por las decisiones que tomamos cada día. Fuente: IA

Uno de los momentos más interesantes de su charla llega cuando habla del cerebro adolescente. Entre los 15 y los 19 años ocurre algo así como una segunda edad dorada del aprendizaje. El cerebro se reorganiza, se vuelve más potente, más rápido, más creativo. Pero también más difícil de manejar.

La metáfora que utiliza es brillante: los adolescentes pasan de conducir un ciclomotor a encontrarse al volante de un Ferrari. De repente tienen más potencia que nunca… pero aún no tienen el carné de conducir. Y claro, eso puede ser emocionante, pero también peligroso.

Ahí entra la educación. No como un sistema de memorización, sino como una guía para aprender a manejar ese Ferrari mental. Para que el talento no se desperdicie. Para que la potencia no se convierta en descontrol. Y, sobre todo, para que cada joven aprenda a dirigir su vida con criterio.

Pensamiento crítico: una especie de vacuna

2a inteligencia no es lo que crees Merca2.es
Pensar con calma en la era del ruido es un acto de autonomía. Fuente: IA

Marina defiende la filosofía como si fuera un servicio público esencial. Y lo hace con una idea clara: sin pensamiento crítico somos muy fáciles de manipular. En un mundo lleno de información, de titulares rápidos, de redes sociales y relatos simplificados, la capacidad de pensar con calma y cuestionar lo que se escucha se vuelve casi una necesidad de supervivencia.

Habla de una “vacuna contra la insensatez”. Suena exagerado, pero tiene sentido. Conocer cómo funciona nuestro cerebro, sus trampas, sus sesgos, nos ayuda a no caer en ellas. Porque el cerebro, aunque maravilloso, también tiene sus “chapuzas evolutivas”, como él las llama. Y saberlo nos protege.

Aquí aparece otro tema clave: la atención. Las pantallas, las redes, el scroll infinito… todo está diseñado para captar nuestra atención sin que lo decidamos. Es la atención involuntaria. La que no requiere esfuerzo. La que nos deja en modo automático. Y cuando vivimos en automático, dejamos de pensar por nosotros mismos.

Recuperar la atención voluntaria, elegir dónde ponemos el foco, se convierte casi en un acto de rebeldía. De autonomía.

De conflictos a problemas compartidos

4a inteligencia no es lo que crees Merca2.es
El pensamiento crítico protege frente a la manipulación cotidiana. Fuente: IA

Hay otra idea que atraviesa su discurso y que, personalmente, me parece muy potente. Marina propone cambiar la forma en que vemos los conflictos. En lugar de pensar que estamos en una batalla donde uno gana y otro pierde, sugiere mirar la situación como un problema que necesita solución.

Puede sonar ingenuo. Pero no lo es. La inteligencia, dice, está hecha para resolver problemas. La fuerza, en cambio, solo sirve para terminar con conflictos. Y no es lo mismo.

Si el otro deja de ser un enemigo y pasa a ser un aliado para encontrar una solución, la dinámica cambia. En casa. En el trabajo. En política. En casi todo.

YouTube video

Publicidad