Olvídate de Plitvice en Croacia: las Lagunas de Ruidera son un paraíso turquesa en La Mancha y están a rebosar ahora mismo

No necesitas un vuelo a los Balcanes para caminar entre cascadas de color turquesa y barreras de roca viva. Las Lagunas de Ruidera viven su mejor momento del año, ofreciendo un espectáculo natural único en España que deja en evidencia a los destinos masificados del extranjero.

Las Lagunas de Ruidera son la prueba viviente de que, a veces, los españoles sufrimos una miopía geográfica galopante. Nos obsesionamos con las fotos de Instagram de los lagos de Plitvice en Croacia, pagamos vuelos caros y hacemos colas interminables, ignorando que en pleno corazón de La Mancha tenemos un ecosistema prácticamente idéntico y, me atrevería a decir, mucho más auténtico.

Si vas buscando el típico paisaje árido y quijotesco, prepárate para el «shock». Lo que te vas a encontrar aquí es un oasis de quince lagunas que se desbordan unas sobre otras a lo largo de 35 kilómetros. Es un espectáculo de agua, roca y vida que, tras las últimas lluvias, ha recuperado un vigor que hacía años que no veíamos.

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El milagro geológico que compartimos con los Balcanes

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Lo que hace que las Lagunas de Ruidera sean hermanas de sangre de los lagos croatas no es una cuestión estética, sino geológica. Estamos ante barreras de travertino, una roca que se forma porque el agua viene tan cargada de carbonatos que, al depositarse sobre la vegetación, la «petrifica». Es un proceso lento, casi mágico, que va creando presas naturales.

Este fenómeno es extremadamente raro en el planeta. Mientras en otros lugares el agua erosiona y destruye, aquí el agua construye. Ver cómo el río Pinilla y las filtraciones subterráneas van llenando cada vaso hasta que el agua salta a la siguiente laguna es una lección de humildad frente a la ingeniería de la naturaleza. En La Mancha, este proceso crea un contraste radical entre el entorno seco y el frescor casi selvático de las orillas.

Por qué este es el momento exacto para coger el coche

Si esperas a agosto, te vas a encontrar con el calor sofocante y el gentío que busca el chapuzón fácil. Pero ahora mismo, las Lagunas de Ruidera están en su punto de caramelo. El caudal es generoso, las cascadas (o «saltos») rugen con esa fuerza que te vibra en el pecho y el color del agua alcanza una pureza que parece editada con Photoshop.

  • La Cascada del Hundimiento: Es la más alta y ruidosa, formada por una inundación histórica en el siglo XVI.
  • Laguna Lengua: Famosa por sus aguas de un azul eléctrico y sus barreras tobáceas perfectamente visibles.
  • Cueva de Montesinos: Un toque literario donde Cervantes hizo descender al Quijote.
  • Mirador de la Reina: La mejor panorámica para entender la escala real de este parque natural.
  • Rutas en kayak: Ahora que el agua está alta, navegar entre los carrizales es una experiencia casi mística.
  • Senderismo sin asfixia: Las temperaturas actuales permiten recorrer las orillas sin riesgo de insolación.

Un paraíso que no te cobra entrada por respirar

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A diferencia del parque croata, donde el ticket de entrada te obliga a hipotecar un riñón, disfrutar de las Lagunas de Ruidera es un lujo democrático. Puedes recorrer gran parte del parque de forma gratuita, parando donde te pida el cuerpo para hacer una foto o simplemente para escuchar el sonido del agua. No hay tornos, no hay pegatinas en el pecho, solo tú y el paisaje de La Mancha.

Ojo, que sea libre no significa que sea un «vale todo». La presión turística es el gran enemigo de este ecosistema frágil. Si vas, recuerda que esas barreras de roca que pisas han tardado miles de años en formarse. Las Lagunas de Ruidera son un organismo vivo que respira a través del agua, y nuestra única misión allí debería ser la de observar sin dejar huella.

Gastronomía y refugio: más allá del agua

No todo va a ser caminar y mirar cascadas. Una de las ventajas de que este paraíso esté en La Mancha es que se come de escándalo. Tras una mañana de ruta por las Lagunas de Ruidera, lo suyo es buscar un buen restaurante en el pueblo de Ruidera o en los alrededores de Ossa de Montiel. Olvídate de los sándwiches de gasolinera; aquí se viene a por el pisto, el asadillo y un buen vino de la tierra.

  1. Pisto manchego auténtico: Con verdura de la zona que sabe a lo que tiene que saber.
  2. Galianos o gazpachos manchegos: Un plato contundente que te devuelve la vida tras la caminata.
  3. Queso de oveja: Estamos en la zona cero del mejor queso del mundo, aprovecha.
  4. Vinos de la DO La Mancha: Blancos frescos que maridan de miedo con el entorno acuático.
  5. Cordero lechal: Para los que necesitan una recompensa seria tras el ejercicio.
  6. Duelos y quebrantos: Tradición pura en el plato para sentirte como un caballero andante.

¿Qué le espera a Ruidera en los próximos años?

El futuro de las Lagunas de Ruidera está inevitablemente ligado a la gestión del agua y al cambio climático. Sin embargo, soy optimista. Se están implementando medidas de control de acceso mucho más inteligentes y una mayor vigilancia sobre las extracciones del acuífero 23. La tendencia es clara: el turismo de masas de «nevera y sombrilla» está dejando paso a un visitante más consciente que valora la exclusividad biológica del lugar.

Veremos una apuesta mayor por el ecoturismo y menos por el urbanismo descontrolado que dañó algunas zonas en el pasado. Las Lagunas de Ruidera seguirán siendo ese refugio turquesa, pero la clave será la estacionalidad. El que quiera ver la verdadera magia, vendrá en estas fechas. El resto, se quedará con la versión descafeinada del verano. Personalmente, me quedo con el rugido de las cascadas ahora, cuando el parque parece gritar de pura vida.


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