Francesc Clavé, psicólogo forense: “Las cárceles no están repletas de psicópatas; son minoría”

El psicólogo forense Francesc Clavé desmonta uno de los mitos más extendidos: la psicopatía clínica es minoritaria en prisión y exige evaluación rigurosa, lejos de etiquetas rápidas o del imaginario popular.

La figura del psicópata lleva años rodeada de mitos, titulares llamativos y diagnósticos apresurados. Sin embargo, la práctica clínica dibuja un escenario bastante más matizado. Para el psicólogo forense Francesc Clavé, la realidad está lejos de la ficción que domina el imaginario colectivo.

A partir de su experiencia en evaluación penitenciaria, el especialista sostiene que el psicópata clínico es minoritario y que muchas etiquetas populares simplifican en exceso un fenómeno complejo. Su mirada introduce matices y pone el foco en el rigor profesional.

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El debate del “psicópata integrado” y el peso del PCL-R

El debate del “psicópata integrado” y el peso del PCL-R
Fuente: Canva

Una de las cuestiones que más interés genera es la del llamado psicópata integrado. La idea describe a una persona con rasgos psicopáticos que logra desenvolverse en sociedad sin cometer delitos graves. Para Clavé, el concepto existe en el debate académico, pero conviene manejarlo con cautela.

El psicólogo explica que la evaluación de la psicopatía se realiza mediante la conocida escala PCL-R, el instrumento de referencia a nivel internacional. Esta herramienta puntúa de 0 a 40 distintos ítems vinculados al funcionamiento interpersonal, afectivo y conductual. En Europa, el punto de corte clínico se sitúa en 25 puntos, mientras que en Estados Unidos se eleva a 30.

Aquí aparece el primer matiz relevante. Según Clavé, un psicópata con puntuaciones muy altas suele presentar un grado de disfunción que dificulta seriamente su adaptación social. Por eso cuestiona que un perfil “puro” pueda pasar inadvertido durante años en contextos normalizados.

El proceso diagnóstico, además, dista de ser inmediato. Las entrevistas pueden durar entre dos y cuatro horas y siempre se apoyan en información colateral. La familia, el historial y el contexto resultan piezas clave porque el psicópata tiende a la manipulación y al engaño. Sin ese contraste externo, la evaluación puede quedar sesgada.

El especialista insiste en otro punto que suele pasarse por alto. Para valorar con rigor a un psicópata en la zona gris —por ejemplo, con puntuaciones de 21 o 22— puede ser necesario un periodo de observación de entre seis meses y un año. Los casos muy evidentes se detectan antes, pero los perfiles limítrofes exigen prudencia.

Desde esta perspectiva, su escepticismo es claro. En su opinión, muchas personas etiquetadas como psicópata integrado presentan en realidad rasgos subclínicos. Pueden mostrar frialdad emocional o tendencia a la mentira, pero no alcanzan el umbral diagnóstico formal. La diferencia, subraya, no es semántica sino clínica.

Qué ocurre realmente en prisión y por qué son minoría

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Uno de los mensajes más contundentes de Francesc Clavé desmonta un tópico muy extendido. A pesar de la percepción popular, el psicópata clínico no abunda en las cárceles. Su experiencia directa y la de otros profesionales en centros penitenciarios apunta en la misma dirección.

Según explica, los internos que superan claramente el punto de corte del PCL-R se cuentan con los dedos de una mano en muchos centros. La mayoría de la población reclusa presenta otros perfiles criminológicos distintos. Confundir delincuencia con psicopatía, advierte, es uno de los errores más habituales.

Cuando dos perfiles de psicópata coinciden en prisión, la dinámica tampoco responde al estereotipo cinematográfico. En ocasiones establecen alianzas por interés. En otras, optan por evitarse tras reconocerse como competidores. Más que confrontación permanente, suele aparecer cálculo estratégico.

El psicólogo también introduce un matiz que rompe con la imagen monolítica del psicópata. Algunos muestran una fachada de dureza, pero evitan situaciones que les resultan desfavorables. Esta mezcla de frialdad y cálculo revela una complejidad que rara vez aparece en la ficción.

Respecto al papel de la intuición, Clavé reconoce que la experiencia clínica genera sensaciones tempranas, lo que muchos llaman “gut feeling”. Sin embargo, advierte que el diagnóstico de psicópata no puede basarse en impresiones subjetivas. Mirar a alguien a los ojos no permite determinar si existe psicopatía.

Por ese motivo defiende el trabajo en equipo y el respeto estricto al protocolo. Contrastar criterios entre profesionales ayuda a evitar sesgos y a diferenciar con mayor precisión quién se sitúa en un 21 y quién realmente supera el umbral clínico del psicópata.

El trasfondo de su mensaje es claro. Existe mucha divulgación superficial y abundan los diagnósticos apresurados en redes y medios. Para el forense, el rigor exige trabajo de campo, evaluación prolongada y prudencia interpretativa.

Con los años, su visión se ha vuelto más realista. Ni todos los perfiles son iguales ni la etiqueta de psicópata puede aplicarse con ligereza. En un terreno donde predominan los grises, insiste, la mejor herramienta sigue siendo el método clínico y la experiencia acumulada.


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