Phil Hugo, farmacéutico y nutricionista: “El mineral que más falta tiene la población es el que regula tu estrés, tu energía y tu inflamación”

- El magnesio, ese mineral silencioso, podría estar detrás del equilibrio nervioso, energético y metabólico que hoy falta en muchas personas.

La energía del cuerpo empieza en esos pequeños minerales que casi nunca miramos. Hay nutrientes que se llevan toda la fama. Proteínas, vitaminas de moda, suplementos con nombres complicados. Y luego está el magnesio. Discreto. Poco glamuroso. Casi invisible. Pero, según el farmacéutico y nutricionista Phil Hugo, uno de los pilares más olvidados de la salud moderna.

Su nuevo libro, Magnesio, no nace solo de la teoría. Nace de años de investigación y, también, de experiencia personal. Hugo defiende que este mineral participa en más de 800 reacciones dentro del cuerpo. Ochocientas. Solo pensarlo ya impresiona. “El déficit de magnesio aumenta el riesgo de enfermedades. Las personas que menos magnesio tienen son las que más presentan diabetes, ataques al corazón, ansiedad, depresión o enfermedades neurodegenerativas”, afirma Phil Hugo.

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No lo dice como quien lanza una alarma gratuita. Lo dice con esa mezcla de convicción y prudencia de quien ha leído mucho… y ha vivido lo suyo.

Un cuerpo que funciona como una ciudad (y el magnesio como operario invisible)

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El magnesio sostiene procesos que no siempre vemos. Fuente: IA

Hugo tiene una manera muy gráfica de explicarlo. Dice que el magnesio es como un equipo de mantenimiento que no vemos, pero que mantiene la ciudad en marcha. A veces lo llama electricista, porque regula el sistema nervioso y ayuda a que no “salten los plomos” cuando llega el estrés. Otras veces lo llama bombero, porque contribuye a apagar fuegos inflamatorios que se van acumulando sin hacer ruido.

También lo describe como un obrero, encargado de sostener la energía celular y ayudar a que el calcio llegue donde tiene que llegar. Y, en ocasiones, como un cerrajero que activa enzimas clave. “El magnesio tiene cuatro roles fundamentales: electricista, cerrajero, bombero… y ese rol de obrero que cada vez me fascina más”, resume Phil Hugo.

Son metáforas, sí. Pero ayudan a entender que este mineral está en todas partes. Incluso cuando no pensamos en él.

Comemos más, pero nutrimos menos

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Un déficit silencioso puede alterar energía y ánimo. Fuente: IA

Una de las ideas que más repite el especialista es que el problema no es solo lo que comemos, sino lo que falta en lo que comemos. Los suelos ya no son tan ricos en minerales como antes. Los alimentos ultraprocesados llenan las estanterías. Y el resultado es una dieta que llena el estómago… pero no siempre nutre.

Hugo recuerda investigaciones antiguas que relacionaban suelos ricos en magnesio con menor incidencia de ciertas enfermedades. Hoy, con suelos más empobrecidos y hábitos más acelerados, el déficit parece haberse vuelto bastante común. Según sus estimaciones, más de la mitad de la población podría tener niveles bajos sin saberlo.

Y aquí aparece la pregunta incómoda: ¿cuántas veces nos sentimos cansados, irritables o con ansiedad y pensamos que es “lo normal”? Quizá no siempre lo sea.

Lo que comemos, lo que perdemos

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La alimentación moderna no siempre aporta lo necesario. Fuente: IA

El cacao puro, las sardinas con espinas, las semillas de chía o las nueces de Brasil son algunas de las fuentes más ricas en magnesio. No suenan a alimentos exóticos, pero tampoco forman parte habitual de todas las dietas. A eso se suma el uso frecuente de antiácidos, que puede dificultar la absorción del mineral. Y el estrés, que aumenta su consumo interno.

Los deportistas, por ejemplo, pierden grandes cantidades de magnesio al sudar. Los niños, con dietas pobres y exceso de pantallas, también pueden presentar carencias. No se trata de obsesionarse ni de tomar suplementos sin control. Se trata de mirar con más atención.

A veces el cuerpo pide cosas pequeñas que ignoramos por costumbre.

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