La electricidad podría estar cambiando el tratamiento del Alzheimer… sin cirugía y a bajo coste

- Una corriente suave, casi invisible, empieza a abrir nuevas vías para tratar el cerebro sin cirugía.

La electricidad, tan invisible como poderosa, empieza a abrir nuevas puertas en el cuidado del cerebro. Hay avances que no llegan con titulares ruidosos ni promesas grandilocuentes. Llegan despacio, casi en silencio. La estimulación cerebral eléctrica es uno de ellos. Una técnica discreta, casi humilde, que consiste en aplicar corrientes muy suaves en el cuero cabelludo para influir en cómo se comportan las neuronas. Suena sencillo. Pero cuando te paras a pensarlo, impresiona un poco.

No estamos hablando de nada agresivo. Ni de chispazos, ni de nada que se parezca a lo que solemos imaginar cuando oímos la palabra “electricidad” y “cerebro” en la misma frase. Aquí la clave es la suavidad. Corrientes mínimas. Controladas. Ajustadas con cuidado. Como si alguien girara apenas un dial invisible dentro de la cabeza.

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Y lo curioso es que funciona. O, al menos, empieza a mostrar que puede funcionar.

El cerebro también se regula con pequeños gestos

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Pequeñas corrientes pueden cambiar grandes procesos del cerebro. Fuente: IA

El cerebro es eléctrico por naturaleza. Las neuronas se comunican con impulsos diminutos que van y vienen todo el tiempo. Encender, apagar. Activar, frenar. Cuando se introduce una corriente externa muy leve, lo que se hace es inclinar un poco ese equilibrio. Nada radical. Más bien como cuando empujas una puerta que ya estaba entreabierta.

Un electrodo colocado en una zona concreta puede hacer que las neuronas estén más predispuestas a activarse. O al contrario, que se calmen. Y ese pequeño ajuste puede tener efectos interesantes en determinadas patologías. Lo fascinante es que todo ocurre sin abrir el cráneo, sin cirugía, sin procedimientos invasivos.

La primera vez que escuché hablar de esto, lo confieso, me pareció casi ciencia ficción. Pero cuanto más lees, más te das cuenta de que es real… y de que apenas estamos empezando a entenderlo.

Cada cerebro es un mapa distinto

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La estimulación cerebral eléctrica actúa sin cirugía ni dolor. Fuente: IA

Aquí viene una de esas partes que te hacen fruncir el ceño. El cerebro no es una superficie lisa. Está lleno de pliegues, curvas, recovecos. Y eso hace que la electricidad no actúe igual en todas partes. Una misma corriente puede activar unas neuronas y, a pocos milímetros, inhibir otras. Solo por la orientación en la que están.

Esto obliga a los investigadores a ser muy precisos. Mucho. Se utilizan sistemas que registran la actividad de muchas neuronas a la vez, se analizan patrones, se ajustan parámetros. Es un trabajo paciente, casi de orfebrería. Nada de soluciones rápidas.

A veces me pregunto si no estamos redescubriendo lo evidente: que el cerebro es increíblemente complejo. Y que cualquier intento de influir en él requiere respeto y cautela.

Para qué se está usando (y por qué genera tanta curiosidad)

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El cerebro responde a señales suaves y bien dirigidas. Fuente: IA

Las aplicaciones empiezan a dibujarse. En epilepsia, por ejemplo, se estudia cómo calmar las zonas que se hiperactivan durante una crisis. En personas que han sufrido un ictus, se intenta estimular áreas que están en riesgo para ayudar a que se recuperen. En Alzheimer, se investiga si ciertas corrientes pueden ayudar a mantener ritmos cerebrales que se debilitan con la enfermedad.

También hay líneas abiertas en dolor crónico. Y sí, incluso en rendimiento deportivo. Algunas suenan más futuristas que otras. Pero todas comparten la misma idea: no forzar al cerebro, sino acompañarlo.

Lo llamativo es que el equipo necesario no es excesivamente complejo. Y ahí es donde aparece la advertencia de los expertos. Que algo sea relativamente accesible no significa que deba usarse sin control. Estamos hablando del cerebro. De procesos reales. De algo que no conviene tomarse a la ligera.

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