Cuidar sin agotarse: la red que promete relevo en casa y apoyo emocional al mismo tiempo

- Una red pública que busca que cuidar deje de ser una carga silenciosa y se convierta en un derecho acompañado.

Cuidar a alguien es una de esas cosas que parecen pequeñas desde fuera… hasta que te toca. Implica tiempo, energía, paciencia y, muchas veces, renuncias silenciosas que nadie ve. Durante años, en Chile, miles de personas —sobre todo mujeres— han sostenido ese peso en solitario, como si fuese lo normal. Como si cuidar fuese una responsabilidad privada y no algo que nos concierne a todos.

De ahí nace Chile Cuida. Una política pública que, más que un programa, intenta cambiar una mirada. La idea es sencilla y, al mismo tiempo, potente: cuidar no debería significar quedarse sola. El objetivo es convertir el cuidado en un derecho reconocido y acompañado por el Estado. Algo que suena lógico… pero que, hasta hace poco, no estaba tan claro.

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La realidad detrás del cuidado

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El cuidado cotidiano también necesita descanso y apoyo. Fuente: IA

Durante mucho tiempo ni siquiera se sabía con precisión quiénes cuidaban y en qué condiciones. Era un trabajo silencioso. Invisible. Ahora los datos ponen palabras a lo que muchas personas ya sabían por experiencia propia.

La mayoría de quienes cuidan son mujeres: hijas, hermanas, madres, nueras. Personas que, por cariño o por necesidad, reorganizan su vida alrededor de otra. Y en ese proceso suelen dejar de lado su propia salud, sus amistades, su descanso. Es fácil decir “cuídate”, pero ¿cómo hacerlo cuando no hay relevo?

El impacto económico también pesa. Muchas cuidadoras han dejado de trabajar o han reducido sus ingresos hasta casi desaparecer. Se calcula que cerca de la mitad no ha tenido ingresos propios recientes. Y eso cambia todo: la independencia, la seguridad, incluso la autoestima. Cuidar sostiene la vida… pero también desgasta.

Un sistema para acompañar

Cuidar sin agotarse4 Merca2.es
Miles de cuidadoras sostienen la vida en silencio. Fuente: IA

Chile Cuida intenta responder a esa realidad con tres herramientas muy concretas. La primera es la credencial de persona cuidadora. Puede parecer solo un documento, pero en la práctica es un reconocimiento. Permite acceder a atención preferente en trámites y a beneficios en redes de apoyo. Es, en cierto modo, decir: te vemos. Sabemos lo que haces.

Luego está la red de apoyos y cuidados. Equipos profesionales que acuden a los hogares para ofrecer relevo. Y ese relevo, para quien cuida, es oro. Un par de horas para salir, dormir, hacer un trámite o simplemente no estar pendiente de todo. Parece poco, pero puede marcar la diferencia entre sostenerse o agotarse.

También se han creado centros comunitarios de cuidado. Espacios donde tanto la persona cuidadora como la persona cuidada pueden salir del aislamiento. Talleres, apoyo psicológico, actividades. Porque cuidar en casa no debería significar desaparecer del mundo.

Autocuidarse también cuenta

Cuidar sin agotarse4 Merca2.es
El relevo permite respirar y recuperar tiempo propio. Fuente: IA

Hay una idea que atraviesa toda la política: el autocuidado no es un lujo. Es un derecho. Y eso, dicho así, cambia la perspectiva. Porque durante años muchas personas cuidadoras han vivido con la sensación de que parar era un capricho o una culpa.

La colaboración con programas de vida saludable busca justo lo contrario: que cuidarse sea posible. Que haya herramientas sencillas, hábitos realistas, pequeñas pausas que no parezcan imposibles. A veces basta con reconocer algo básico: para cuidar bien, alguien también tiene que cuidar de quien cuida.

Un cambio cultural pendiente

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Más allá de las medidas concretas, Chile Cuida plantea algo más profundo. Un cambio de mirada. El trabajo de cuidados representa una parte enorme de la economía —cerca de una quinta parte si se contabiliza todo— y, sin embargo, ha permanecido invisible durante décadas.

Ahora empieza a reconocerse como lo que es: un derecho humano. Un pilar social. Una tarea que no debería recaer solo en los hombros de una persona. La aspiración es que este sistema se consolide como política permanente, como algo que se queda.

Porque al final la pregunta es simple: ¿qué sociedad queremos ser cuando alguien envejece, enferma o necesita ayuda?
Una donde el cuidado se vive en soledad… o una donde se comparte.

Chile Cuida apuesta por lo segundo. Y eso, aunque suene pequeño, puede cambiar muchas vidas.


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