Las baterías de iones de sodio son una tecnología que emerge como complementaria a las de iones de litio (litio-ión), en un contexto donde la demanda por el almacenamiento y de vehículos eléctricos no para de crecer. Esta es la principal conclusión de la última nota de la Agencia Internacional de la Energía, donde apunta a las ventajas y retos estratégicos de la implementación de esta tecnología.
En este sentido, la AIE señala que es una tecnología aún muy verde para competir con las baterías de litio, dado su poca densidad energética y una cadena de suministro menos consolidada.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) subraya que las baterías de iones de sodio están ganando impulso precisamente porque ofrecen una alternativa viable cuando el litio no es suficiente para abastecer la creciente demanda de almacenamiento energético y de vehículos eléctricos a escala global.
Unas baterías con potencial, aunque con poco desarrollo
Según el informe, esta tecnología comparte principios fundamentales con las baterías de iones de litio pero ha tenido un camino más lento hacia la comercialización: mientras que las baterías de litio se popularizaron en los años 1990, las de sodio apenas comenzaron a aparecer en aplicaciones reales a partir de 2019 en China, y en 2025 su producción mundial fue todavía inferior al 1% de la de litio‑ión.
Uno de los atractivos estratégicos del sodio radica en su amplia disponibilidad y bajo coste en comparación con el litio, un mineral que en los últimos años ha estado sujeto a importantes fluctuaciones de precio y a tensiones geopolíticas en sus cadenas de suministro. Las baterías de iones de sodio no dependen de litio ni de grafito, lo que permite a los fabricantes diversificar las fuentes de insumos y reducir su exposición al mercado del litio.
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Por otro lado, el informe destaca que estas baterías han demostrado una resistencia especial en climas fríos, reteniendo cerca del 90% de su capacidad incluso a −40 °C, y manteniendo operatividad hasta aproximadamente 70 °C, lo que puede ser una ventaja clara en regiones donde las temperaturas extremas afectan negativamente al rendimiento de otras químicas.
A pesar de estos avances, la AIE advierte que las baterías de iones de sodio siguen siendo una tecnología muy verde para competir de tú a tú con las opciones de litio‑ión más maduras, fundamentalmente por dos razones: una densidad energética menor, que implica autonomías reducidas en aplicaciones como los vehículos eléctricos, y una cadena de suministro aún poco consolidada fuera de China.

La última generación de celdas de sodio llega a unos 175 Wh/kg de densidad energética (por debajo de los 205 Wh/kg de las mejores baterías LFP y los 255 Wh/kg de las químicas NMC) lo que en la práctica se traduce en autonomías de alrededor de 350 km en un SUV medio, frente a los 400 – 600 km que ofrecen las baterías de litio convencionales bajo condiciones similares.
Por otro lado, la concentración de la fabricación de baterías de sodio (así como de materiales clave como cátodos y ánodos) permanece dominada por China, que acapararía más del 95% de la capacidad instalada y anunciada para 2030, según la AIE. Esto limita la diversificación geográfica de la industria en el corto y medio plazo y plantea un desafío estratégico para otras regiones interesadas en fortalecer sus propias cadenas de suministro.
Aun así, las expectativas del sector sobre las baterías de iones de sodio son claras: si bien no reemplazarán de inmediato a las tecnologías de litio en el mercado general, pueden jugar un papel complementario crucial, especialmente en nichos donde sus ventajas (como el menor coste de materias primas, la estabilidad térmica y la robustez en climas extremos) sean determinantes.
Algunos analistas incluso ven un crecimiento acelerado de la capacidad de producción hacia finales de esta década, con proyecciones que contemplan que la participación del sodio en la demanda total de baterías para vehículos eléctricos aún sería moderada en 2030, pero con un perfil de expansión significativo sobre todo en almacenamiento estacionario y aplicaciones especializadas.
En definitiva, cuando el litio no es suficiente, las baterías de iones de sodio emergen como una pieza estratégica en el rompecabezas del almacenamiento energético global. Una tecnología que, aunque todavía muy verde” empieza a dejar de ser una promesa futurista para convertirse en un actor relevante del presente.




