Lama Rinchen (54), monje budista: “Lo único que necesitamos para meditar es mente; si tienes mente, puedes meditar”

El monje budista Rinchen Galsen defiende que cualquier persona puede meditar y desmonta mitos frecuentes sobre la práctica, proponiendo un enfoque accesible para entrenar la mente en tiempos de ansiedad digital actual.

Nuestro presente, mal que nos pese, está marcado por la ansiedad y la sobreestimulación digital. En este escenario, para muchos meditar es una salida y una herramienta para obtener equilibrio personal. El monje budista Rinchen Galsen sostiene que el acceso a esta práctica es más simple de lo que muchos creen.

Según su visión, cualquier persona puede meditar si posee mente. Desde esa idea, el maestro residente en España propone una mirada accesible y profundamente humana sobre el entrenamiento mental y el desarrollo interior.

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De Montevideo a los Himalayas: el camino de un monje contemporáneo

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La historia de Rinchen Galsen comienza lejos de los monasterios. Nació en Montevideo, en el seno de una familia gallega emigrada a Uruguay. Describe su infancia como afectuosa y estable. A los ocho años se trasladó a Nueva York, donde cursó estudios de filosofía, psicología y arte, disciplinas que despertaron en él una inquietud temprana por comprender la mente.

Esa curiosidad apareció pronto. Con apenas 12 años frecuentaba bibliotecas buscando respuestas sobre la muerte, el karma y el sentido de la vida. El interés se volvió práctica a los 18, cuando empezó a meditar en un grupo de Estados Unidos. Lo que define como un proceso “muy gradual” terminó llevándolo a conocer a un maestro tibetano que marcaría su rumbo.

Durante una década se formó entre India y Nepal. Allí estudió filosofía budista, realizó retiros prolongados y se integró en la tradición Sakya. Con el tiempo recibió los títulos de Lama —maestro de meditación— y Khenpo —abad—. Hoy dirige un centro en Pedreguer, Alicante, desde donde enseña a meditar a practicantes de distintos niveles.

Qué significa realmente meditar, según la tradición budista

Qué significa realmente meditar, según la tradición budista
Fuente: agencias

Para Lama Rinchen, la definición es amplia y funcional. “Cualquier ejercicio mental que mejore la condición de la mente” puede considerarse meditar. Desde esa perspectiva, la práctica no se reduce a poner la mente en blanco, una idea que —advierte— genera frustración innecesaria.

El monje organiza las técnicas en cuatro grandes familias. La primera es el equilibrio atencional, base imprescindible para meditar con estabilidad. La segunda apunta al cultivo de la virtud, es decir, desarrollar cualidades como la paciencia o la generosidad. La tercera se centra en el altruismo —empatía, amor y compasión— y la cuarta corresponde a la sabiduría o vipassana, orientada a comprender la realidad con mayor claridad.

Según explica, el obstáculo inicial suele ser el desconcierto. Muchas personas comienzan a meditar y descubren un flujo constante de pensamientos. Lejos de ser un fracaso, lo interpreta como el primer avance real. “Por primera vez vemos cómo funciona nuestra mente”, señala. Esta fase, conocida en la tradición como el “fenómeno de la cascada”, revela el ruido mental que normalmente pasa desapercibido. El objetivo no es eliminarlo de inmediato, sino aprender a relacionarse con él de forma más consciente.

La popularización del mindfulness también forma parte del debate. Rinchen reconoce el valor terapéutico del enfoque secular impulsado por Jon Kabat-Zinn, especialmente para reducir estrés y ansiedad. Sin embargo, matiza que en el budismo la atención plena está inseparablemente unida a la ética y la sabiduría. Desde esa óptica, meditar no consiste solo en atender el presente, sino en orientar la mente hacia estados considerados virtuosos. La diferencia es sutil, pero —afirma— tiene implicaciones profundas en el desarrollo a largo plazo.

El monje también advierte sobre una expectativa frecuente: la idea de que el potencial mental es infinito. Cita las enseñanzas del Buda para explicar que, aunque la naturaleza de la mente sea ilimitada, la condición actual de las personas está llena de condicionamientos. Por eso recomienda avanzar paso a paso y meditar con honestidad, sin saltos forzados.

En su enfoque, el verdadero progreso depende de integrar la práctica en la vida cotidiana. De poco sirve —sostiene— meditar unos minutos al día si el resto del tiempo se actúa de forma incoherente. La base ética, el estudio y la reflexión son, para él, soportes imprescindibles.

Rinchen insiste en que el mayor riesgo no es equivocarse al practicar, sino engañarse a uno mismo. Por eso propone evaluar las decisiones con tres criterios: perspectiva temporal, impacto en otros y profundidad del cambio que se busca. Solo así, afirma, la práctica de meditar se convierte en una herramienta real de transformación.


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