La mecánica cuántica, uno de los pilares de la física moderna, sigue siendo también uno de sus territorios más debatidos. El divulgador y físico español Javier Santaolalla ha reavivado esa discusión al cuestionar cómo se enseña esta ciencia en la universidad y al subrayar su dimensión filosófica, a menudo relegada en la formación científica.
Santaolalla sostiene que en muchas facultades de física se transmite una única interpretación de la mecánica cuántica sin exponer al alumnado la pluralidad de enfoques existentes. Su diagnóstico apunta menos a un problema de mala fe que a una inercia educativa que, según él, empobrece el debate sobre esta ciencia.
Una teoría potente sobre la ciencia, pero conceptualmente abierta

El punto de partida del físico es claro: la mecánica cuántica funciona extraordinariamente bien en términos predictivos, pero sigue siendo conceptualmente problemática. Desde su nacimiento a comienzos del siglo XX, la teoría de esta ciencia ha permitido explicar fenómenos que la física clásica no podía abordar, como el efecto fotoeléctrico o la radiación del cuerpo negro.
Ese giro comenzó con Max Planck, quien en 1900 introdujo la idea de que la energía se emite en paquetes discretos —los “cuantos”— para resolver la llamada catástrofe ultravioleta. Poco después, Albert Einstein extendió esa hipótesis al comportamiento de la luz.
Sin embargo, el éxito matemático no eliminó las preguntas de fondo. ¿Qué es realmente una función de onda? ¿Existe el electrón como objeto definido antes de ser medido? Estas cuestiones, recuerda Santaolalla, siguen abiertas más de un siglo después.
Por otro lodo, uno de los núcleos de la crítica del divulgador se centra en la enseñanza universitaria. Según explica, la mayoría de los programas presentan como estándar la llamada interpretación de Copenhague —asociada a figuras como Niels Bohr y Werner Heisenberg— sin profundizar en que se trata de solo una entre varias posibles lecturas de la teoría.
Javier Santaolalla describe así la experiencia de muchos estudiantes: aprenden un marco interpretativo concreto, lo interiorizan como si fuera la única opción y solo más tarde descubren que el debate sigue vivo. A su juicio, ese enfoque transmite una imagen excesivamente cerrada de la ciencia.
Conviene matizar que, en la práctica académica, la prioridad suele ser dominar el formalismo matemático y su capacidad predictiva. No obstante, el físico considera que excluir la discusión epistemológica priva al alumnado de comprender la verdadera naturaleza del problema cuántico.
Física y filosofía: un vínculo histórico
El divulgador insiste en que la separación actual entre física y filosofía es relativamente reciente. Recuerda que muchos de los grandes nombres de la revolución cuántica —como Erwin Schrödinger o el propio Heisenberg— reflexionaron de forma explícita sobre las implicaciones filosóficas de sus teorías.
Históricamente, la física nació imbricada con la filosofía natural, y solo con la creciente especialización del siglo XX ambas disciplinas se distanciaron en la formación universitaria. Para Javier Santaolalla, recuperar parte de ese diálogo ayudaría a entender mejor por qué la mecánica cuántica sigue generando controversias conceptuales.
Aquí es donde la afirmación del físico requiere precisión. Desde el punto de vista operativo, la mecánica cuántica es una de las teorías más exitosas jamás construidas: sus predicciones han sido verificadas con enorme exactitud y sustentan tecnologías cotidianas como los semiconductores o la resonancia magnética.
No obstante, en el plano interpretativo de esta ciencia sí existe debate legítimo. Persisten preguntas abiertas sobre el problema de la medida, la naturaleza de la función de onda o la transición entre el mundo cuántico y el macroscópico. En ese sentido —y solo en ese— algunos físicos hablan de una teoría conceptualmente incompleta.
Santaolalla también subraya uno de los grandes enigmas de la física: cómo emergen las leyes clásicas —como las formuladas por Isaac Newton— a partir del comportamiento cuántico de la materia. La pregunta no es trivial. A escala microscópica dominan la superposición y la probabilidad; a escala cotidiana, el mundo parece determinista y continuo. La decoherencia cuántica ha aportado parte de la explicación, pero el debate conceptual de la ciencia no está completamente cerrado.





