Maestro de yoga advierte sobre la debilidad psicológica: “Hemos dejado de ser atletas espirituales; nos hemos vuelto débiles y fofos”

A sus 83 años, Ramiro Calle alerta sobre la fragilidad emocional en una sociedad dominada por la comodidad y la inmediatez. Sostiene que sin disciplina interior, serenidad y esfuerzo consciente, hemos dejado de entrenar la mente y debilitado el carácter.

Nuestra sociedad, en el último tiempo, se ha caracterizado por presumir los avances tecnológicos y el bienestar material, pero son cada vez más las voces que alertan sobre un deterioro poco visible. No se trata de la economía ni de la política (que también afecta y mucho), sino de algo más íntimo. La debilidad emocional y mental se ha convertido en una preocupación creciente.

Ramiro Calle, pionero del yoga en España y referente en la divulgación de la filosofía oriental, sostiene que el problema no es la falta de información, sino la ausencia de disciplina interior. A sus 83 años, observa con claridad una tendencia que le inquieta: la progresiva debilidad del carácter.

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Serenidad y ecuanimidad: el antídoto frente a la debilidad

Errores del emprendedor: superar el sentimiento de debilidad

Para Calle, la primera señal de debilidad aparece cuando se pierde la serenidad ante cualquier contratiempo. En sus conversaciones públicas insiste en que la paz mental no es un lujo, sino una necesidad. “Si te cuesta la serenidad, ya es demasiado caro”, repite. En su visión, la debilidad no nace del sufrimiento, sino de la incapacidad para gestionarlo.

El maestro explica que la ecuanimidad es la cualidad central de una mente entrenada. Mantener el equilibrio en el éxito y en la derrota, en la ganancia y en la pérdida, es lo que diferencia a una persona fuerte de otra vulnerable. Cuando esa estabilidad desaparece, surge la debilidad psicológica que convierte cualquier dificultad en una amenaza desproporcionada.

Calle conecta esta idea con el pensamiento estoico y budista. Recuerda enseñanzas atribuidas a Epicteto sobre aceptar la realidad tal como es, y menciona con frecuencia a Buda al hablar de los hechos inevitables. Luchar contra lo que no puede cambiarse, asegura, solo incrementa la debilidad interior.

En su opinión, la sociedad actual ha normalizado una fragilidad constante. La impaciencia, el estrés crónico y la necesidad de gratificación inmediata erosionan la fortaleza psíquica. Esa debilidad se manifiesta en pequeños gestos cotidianos: irritarse en una cola, desesperar ante un retraso, reaccionar con agresividad ante la frustración.

El segundo aliento y la pérdida del esfuerzo interior

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Uno de los conceptos que más repite es el del “segundo aliento”. Ramiro Calle sostiene que todos disponen de una reserva de energía que aparece cuando parece que no queda nada. La debilidad surge cuando se abandona antes de tiempo. “Cuando crees que no puedes más, aún te queda margen”, afirma, recordando incluso máximas populares atribuidas a entrenamientos militares.

Para el maestro, la debilidad contemporánea está vinculada a la comodidad excesiva. Considera que se ha perdido el sentido del esfuerzo y la disciplina. No se refiere solo a la resistencia física, sino a la capacidad de enfrentarse a los propios miedos, reconocer errores y asumir responsabilidades. Esa confrontación interna exige valentía y reduce la debilidad del ego.

También advierte sobre la confusión entre bienestar y complacencia. El desapego material no implica rechazar lo necesario, sino evitar que el deseo constante dirija la vida. Cuando el estatus, la comparación o la aprobación externa se convierten en prioridades absolutas, la debilidad moral encuentra terreno fértil.

En varias ocasiones ha citado a Steve Jobs para subrayar la importancia de recordar la muerte como ejercicio de lucidez. Tener presente la finitud no busca generar angustia, sino perspectiva. Desde esa conciencia, muchas preocupaciones pierden peso y la debilidad que nace del miedo disminuye.

Calle defiende prácticas concretas para fortalecer el carácter. La meditación, la respiración consciente y el autocontrol son herramientas que, según él, permiten recuperar la musculatura psíquica perdida. No se trata de alcanzar una perfección inalcanzable, sino de avanzar con constancia. Cada pequeño acto de paciencia reduce la debilidad acumulada.

En su diagnóstico hay una advertencia clara. Si no se entrena la mente con la misma dedicación que el cuerpo, la debilidad seguirá creciendo bajo una apariencia de normalidad. La tecnología puede facilitar la vida, pero no sustituye el trabajo interior.

A sus 83 años, Ramiro Calle no propone recetas milagrosas. Su mensaje es que recuperar la fortaleza espiritual implica disciplina, humildad y cooperación. Solo así, sostiene, será posible revertir la debilidad que hoy se confunde con sensibilidad y volver a formar, como él dice, verdaderos atletas del espíritu.


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