Andrew Koutnik, científico e investigador metabólico: «El problema no es solo el peso: es lo que ocurre en tu sangre cada vez que comes carbohidratos refinados»

- La salud metabólica se juega en silencio: en la sangre, en la insulina y en lo que comemos cada día.

Los carbohidratos que eliges hoy pueden marcar cómo responde tu metabolismo mañana. Hay una idea que Andrew Koutnik repite mucho y que, cuando la escuchas, se te queda rondando: el problema no es solo el peso, es lo que está pasando por dentro. En la sangre. En las células. En ese territorio invisible que no sale en las fotos, pero que marca la diferencia en la salud a largo plazo.

Según sus datos, nueve de cada diez personas en Estados Unidos presentan algún tipo de disfunción metabólica. Nueve de cada diez. Es una cifra que impresiona. Pero también es fácil ignorarla porque muchas veces no hay síntomas claros. No duele. No molesta. No te despierta por la noche. Simplemente… está ahí.

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Koutnik lo define como una crisis silenciosa. Y, si somos sinceros, no cuesta mucho imaginar por qué.

No es estética, es biología

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La salud metabólica se refleja en la sangre mucho antes que en el espejo. fuente: IA.

Durante mucho tiempo se ha asociado la obesidad a una cuestión visual. Tallaje, báscula, imagen. Pero el enfoque de Koutnik va por otro lado. Lo que ocurre bajo la piel es mucho más importante que lo que se ve por fuera. Inflamación, estrés oxidativo, alteraciones en la sangre… procesos que van desgastando el organismo poco a poco, como una gotera que no ves pero que acaba calando en toda la casa.

Su propio recorrido personal le da otra perspectiva. Cuenta que fue un niño con obesidad y que durante años probó dietas de todo tipo sin éxito. Hasta que encontró una forma de alimentarse que podía sostener en el tiempo. No una solución rápida. No un parche. Algo que encajaba con su vida real. Y eso, dice, cambió todo.

Me parece interesante cuando alguien habla desde la experiencia. Se nota. Se siente más cercano.

La insulina: la gran directora de orquesta

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Los picos de glucosa repetidos pueden alterar el equilibrio interno. fuente: IA.

En el centro de su discurso aparece una protagonista que casi nunca vemos: la insulina. Una hormona que, cuando se mantiene alta durante demasiado tiempo, empuja al cuerpo a almacenar energía en forma de grasa y a dejar de usarla como combustible. El problema es que este proceso puede desarrollarse durante años sin que te des cuenta.

La resistencia a la insulina no aparece de golpe. Se construye poco a poco. Y, mientras tanto, la glucosa en sangre puede seguir dentro de rangos “normales”. O casi. Lo suficiente para que nadie salte las alarmas. Hasta que un día sí lo hacen.

Koutnik habla de “memoria metabólica”. Me gusta esa expresión. Porque sugiere que el cuerpo recuerda. Que cada pico de glucosa, cada exceso de insulina, deja huella. No de un día para otro. Pero sí con el tiempo.

Carbohidratos, rendimiento y una sorpresa incómoda

El problema no es solo el peso Merca2.es
Comida real y descanso influyen en el metabolismo diario. fuente: IA.

Uno de los hallazgos más curiosos de su trabajo tiene que ver con los deportistas. Personas delgadas, activas, aparentemente sanas. Pues bien, alrededor del 30 % de los atletas que analizó mostraban signos de prediabetes. ¿La causa? Un consumo muy alto de carbohidratos, siguiendo las recomendaciones clásicas de nutrición deportiva.

Aquí es donde la cosa se pone interesante. El rendimiento físico no parecía depender de cargar al máximo los depósitos de glucosa del músculo, sino de mantener estable la energía disponible en sangre y en el hígado. Es decir, menos picos. Más estabilidad. Más eficiencia.

No deja de ser llamativo. Porque rompe con algunas ideas muy arraigadas.

Tres pilares sencillos (pero no siempre fáciles)

El problema no es solo el peso3 Merca2.es
El cuerpo recuerda los excesos metabólicos con el tiempo. fuente: IA.

Al final, su propuesta no es complicada en teoría. Comida real. Movimiento diario. Dormir bien. Suena básico. Y quizá lo sea. Pero también es lo que más se descuida. Reducir ultraprocesados, evitar calorías líquidas, entrenar fuerza, exponerse a la luz natural por la mañana, apagar pantallas por la noche… pequeñas decisiones que, sumadas, cambian el rumbo.

Lo que sí repite con insistencia es que no conviene esperar. El daño metabólico es acumulativo. Y el tiempo cuenta. “El mejor día para empezar es hoy”, dice. Y aunque suene a frase de póster motivacional, en este caso tiene bastante sentido.

Porque, al final, la salud metabólica no se construye en un fin de semana. Se construye cada día, en silencio, en cada elección. Y eso, aunque a veces incomode, también da margen para cambiar las cosas.

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