
Berta Pérez tiene 46 años y lleva más de doce trabajando como autónoma en el sector del diseño gráfico. A lo largo de ese tiempo ha pasado por casi todas las fases posibles: facturación irregular, meses muy buenos seguidos de otros complicados, cambios normativos constantes y una sensación recurrente de desprotección frente a otros trabajadores. “Ser autónoma implica aceptar muchas reglas, pero también aprender a reclamar cuando algo no funciona”, explica.
Su experiencia sirve para repasar las reclamaciones más frecuentes que presentan los trabajadores autónomos en España, muchas de ellas desconocidas incluso para quienes llevan años cotizando por cuenta propia.
Reclamaciones por errores en las cuotas y bases de cotización
Una de las quejas más comunes entre los autónomos tiene que ver con errores en la cuota mensual. Tras los cambios introducidos en los últimos años, las bases de cotización dependen de los rendimientos netos, lo que ha multiplicado los ajustes y las regularizaciones.
Berta detectó que durante varios meses había estado pagando una cuota superior a la que le correspondía. “Pensé que era automático y que no se podía tocar, pero sí se puede reclamar”, explica. En estos casos, los autónomos suelen solicitar:
- Devoluciones por cobros indebidos.
- Correcciones de bases mal aplicadas.
- Revisión de regularizaciones anuales.
Estas reclamaciones pueden suponer cientos o incluso miles de euros recuperados.
Reclamaciones por prestaciones denegadas
Otro foco habitual de conflicto es la denegación de prestaciones, especialmente la baja por incapacidad temporal, la prestación por cese de actividad o la maternidad y paternidad.
Muchos autónomos descubren que, pese a cotizar, la administración les deniega la ayuda por detalles técnicos: falta de un requisito concreto, errores de forma o interpretación restrictiva de la norma. Berta tuvo que reclamar cuando le denegaron una baja médica por considerar que no había justificado suficientemente la imposibilidad de trabajar.
“En la práctica, al autónomo se le exige demostrar mucho más que a un asalariado”, afirma. Por eso, las reclamaciones administrativas previas y, en algunos casos, las demandas judiciales son cada vez más frecuentes.
Reclamaciones por recargos, sanciones e intereses
Las sanciones por retrasos en pagos o errores formales generan otra gran fuente de reclamaciones. Un simple fallo en una domiciliación o una notificación no vista a tiempo puede acabar en recargos automáticos.
Los autónomos suelen reclamar cuando:
- No fueron correctamente notificados.
- El recargo es desproporcionado.
- El error se produjo por causas ajenas (fallos bancarios o administrativos).
Berta recuerda haber reclamado unos intereses que consideraba injustificados tras un cambio de cuenta bancaria. “No siempre te dan la razón, pero reclamar es la única forma de defenderte”, señala.
Reclamaciones por compatibilidad de trabajo y prestaciones
Otro problema recurrente es la compatibilidad entre ingresos y ayudas, especialmente en casos de cese de actividad parcial o ayudas extraordinarias. Muchos autónomos reclaman porque consideran que han sido penalizados por ingresos mínimos o puntuales.
Estas reclamaciones buscan aclarar:
- Qué ingresos computan realmente.
- Qué periodos se tienen en cuenta.
- Si existe obligación de devolver ayudas cobradas.
La inseguridad jurídica en este ámbito provoca que muchos autónomos reclamen incluso por prevención.
Reclamaciones colectivas y reivindicaciones estructurales
Más allá de los casos individuales, existen reclamaciones colectivas impulsadas por asociaciones de autónomos. Entre las más habituales destacan:
- Mejora de las pensiones futuras.
- Reducción de cargas administrativas.
- Mayor protección en bajas médicas largas.
- Equiparación de derechos con trabajadores por cuenta ajena.
Berta participa en una asociación local y reconoce que “la presión colectiva es lo único que consigue cambios reales”. Muchas mejoras normativas han llegado tras años de reclamaciones continuadas.

Por qué reclamar también mejora las condiciones laborales
Aunque muchos autónomos desisten por miedo o desconocimiento, reclamar tiene un impacto directo no solo en el caso individual, sino en el sistema. Cada reclamación obliga a revisar criterios y detectar fallos estructurales.
“Si nadie reclama, nada cambia”, resume Berta. Para ella, reclamar no es confrontar, sino ejercer un derecho básico como cotizante.
Las reclamaciones de los autónomos no son un capricho ni una queja constante: son una herramienta esencial para mejorar sus condiciones laborales en un sistema complejo y cambiante. Desde cuotas mal calculadas hasta prestaciones denegadas, conocer cuándo y cómo reclamar marca la diferencia entre asumir injusticias o defender derechos.
La experiencia de Berta Pérez demuestra que informarse, documentar bien los casos y no resignarse es parte imprescindible de la vida del trabajador autónomo en España.








