miércoles, 18 febrero 2026

Alfonso Egea (50), periodista: «Existe un inframundo al que muchas veces la policía no puede acceder»

El periodista Alfonso Egea advierte que en España existe un inframundo criminal con desapariciones y delitos invisibles donde la policía enfrenta límites reales. Aun así, destaca la profesionalidad investigativa y el avance de la ciencia forense.

Alfonso Egea lleva décadas asomándose al lado más oscuro de la sociedad española. Desde la crónica negra ha visto cómo funcionan el crimen, la investigación y los límites reales de la justicia. Su diagnóstico es contundente: existe un mundo subterráneo que convive con la vida cotidiana y al que muchas veces ni la policía logra llegar.

El periodista sostiene que detrás de las estadísticas oficiales hay una realidad más compleja. Desapariciones sin resolver, cadáveres nunca hallados y redes criminales que actúan en silencio forman parte de ese “inframundo” del que apenas se habla. Un territorio donde las normas comunes se diluyen y donde la labor de la policía se vuelve, en ocasiones, insuficiente.

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El lado invisible del delito en España

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Egea explica que en España hay miles de personas cuyo paradero sigue siendo un misterio. Según los datos oficiales, existen alrededor de 6.000 casos activos de desapariciones. Sin embargo, esa cifra solo refleja la parte visible del problema. Para el periodista, hay otra realidad mucho más difícil de medir: la de los crímenes vinculados al narcotráfico, a los ajustes de cuentas y a víctimas que jamás son denunciadas.

“España está llena de cadáveres que no están en los cementerios”, afirma. En su opinión, no se trata de un mito ni de una exageración. El territorio español es muy amplio y gran parte de él está deshabitado. Ese escenario facilita que un cuerpo pueda desaparecer sin dejar rastro. En esos casos, la policía se enfrenta a investigaciones casi imposibles.

El comunicador relata que con frecuencia aparecen noticias de hallazgos de restos humanos mutilados o de cuerpos imposibles de identificar. Muchas veces esas informaciones quedan reducidas a breves notas de prensa. La policía inicia diligencias, pero si no hay huellas, ADN o un entorno que permita reconocer a la víctima, el caso termina en un callejón sin salida.

Ese inframundo, asegura, funciona al margen de la sociedad visible. Personas que llegan como “mulas” del narcotráfico, delincuentes extranjeros sin vínculos familiares o víctimas de organizaciones criminales conforman una zona gris donde la policía tiene un margen de actuación muy limitado.

La eterna batalla entre criminales y policías

La eterna batalla entre criminales y policías
Fuente: agencias

A pesar de este panorama, Alfonso Egea defiende con firmeza el trabajo de las fuerzas de seguridad. Considera que el nivel de preparación de la policía en España es extraordinario y que la ciencia forense ha avanzado de manera decisiva en las últimas décadas.

Según su experiencia, la policía y la Guardia Civil han desarrollado técnicas de investigación que hace años parecían impensables. Análisis de ADN, rastreo digital, reconstrucciones criminales y unidades especializadas permiten resolver casos que antes quedaban impunes. “Nueve de cada diez asesinos acaban siendo detenidos”, asegura.

Sin embargo, también advierte que los delincuentes aprenden. La popularización de series y documentales sobre crímenes ha generado una especie de “conciencia forense” en los criminales. Hoy saben que el móvil deja rastro, que el ADN es una prueba clave y que la policía dispone de herramientas cada vez más sofisticadas.

Alfonso Egea destaca especialmente el papel de las unidades de análisis de conducta criminal. Estos equipos ayudan a la policía a diseñar interrogatorios y a entender la psicología del sospechoso. Gracias a ellos se han resuelto casos muy complejos, como el de Ana Julia Quezada, asesina del niño Gabriel Cruz.

Para el periodista, uno de los grandes retos es el interrogatorio policial. No todos los detenidos reaccionan igual y lograr una confesión requiere estrategia, paciencia y conocimiento del comportamiento humano. En ese terreno, subraya, la policía española ha alcanzado un nivel de excelencia poco reconocido.

El cronista también desmonta la imagen cinematográfica del asesino. La mayoría no responde al estereotipo del criminal evidente. “El asesino peligroso es el que no lo parece”, repite. Muchos llevan una vida aparentemente normal y solo cuando interviene la policía se descubre la verdad oculta.

Sobre la justicia, Egea es crítico. Considera que en España “matar sale barato” porque las condenas máximas efectivas son limitadas. Aunque haya penas muy altas sobre el papel, el tiempo real de cumplimiento rara vez supera los 20 años. Para las víctimas y sus familias, esa realidad resulta difícil de aceptar, por más que la policía haga bien su trabajo.

Aun así, el periodista insiste en que el crimen perfecto es casi una fantasía. Los avances técnicos, la perseverancia de los investigadores y el paso del tiempo juegan a favor de la policía. Los casos se reabren, se revisan y, tarde o temprano, muchos culpables terminan siendo descubiertos.


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