martes, 17 febrero 2026

José Luis Marín, médico: «Hay un factor olvidado que puede cambiar la salud mental de una persona»

- Hábitos olvidados y biografía personal: claves simples que pueden transformar la salud mental.

La salud mental empieza mucho antes de que aparezcan los síntomas. Hay conversaciones que, de vez en cuando, vuelven como un eco necesario. Esta es una de ellas. ¿Y si parte de lo que necesitamos para estar mejor ya lo sabemos… pero lo ignoramos? El doctor José Luis Marín lo llama “conocimiento ignorado”. Suena casi a contradicción, pero tiene sentido: evidencias científicas que están ahí, publicadas, estudiadas… y aun así apenas se aplican en la vida real o en la consulta.

Marín, especialista en salud mental y estilo de vida, sostiene que existe una brecha incómoda entre lo que sabemos y lo que hacemos. Y no es pequeña. Cambios sencillos, casi domésticos, podrían tener un impacto profundo en el bienestar físico y emocional. Sin embargo, seguimos mirando primero al fármaco y después —si queda tiempo— al estilo de vida. Es como si tuviéramos la llave en el bolsillo y buscáramos la puerta en otra casa.

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Pequeños cambios diarios pueden transformar el bienestar. Fuente: IA.

Uno de sus ejemplos más llamativos tiene que ver con el ejercicio. “Salir a correr por la mañana 10 o 15 minutos es más eficaz para esto que llamamos depresión que los antidepresivos”, afirma. Es una frase que incomoda, claro. Pero también obliga a pensar. No se trata de demonizar la medicación, sino de recordar que el cuerpo necesita movimiento como el pulmón necesita aire. Yo, al menos, cada vez que salgo a caminar cuando la cabeza se me llena de ruido, lo noto. No es magia. Es biología.

Salud mental: el cuerpo también escucha lo que hacemos cada día

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La historia personal también influye en la salud. Fuente: IA.

En esa misma línea, Marín pone el foco en algo tan básico que a veces parece invisible: la alimentación y el descanso. Dietas con menos azúcares refinados, cuidar la microbiota, dormir mejor. Cosas que suenan a consejo de abuela y, sin embargo, están respaldadas por la ciencia. El intestino y el cerebro se hablan constantemente, y cuando uno se altera, el otro lo nota. Lo curioso es que, aun sabiendo esto, seguimos confiando casi exclusivamente en soluciones rápidas. Pastillas, parches, atajos.

El experto observa cierta disonancia. Profesionales y pacientes se aferran a rutinas farmacológicas incluso cuando los resultados no son los esperados. A veces por costumbre, otras por presión del sistema, otras —simplemente— porque cambiar hábitos cuesta. Mucho. Y aquí no hay milagros ni titulares rápidos. Solo constancia.

De la enfermedad a la persona

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Mover el cuerpo cambia la química de la mente. Fuente: IA.

Quizá una de las críticas más profundas de Marín sea hacia el enfoque de la medicina actual. Según explica, la formación sanitaria se centra de forma abrumadora en la enfermedad y no tanto en la persona. Apenas un pequeño porcentaje del currículo se dedica a entender el contexto vital del paciente. El resto, a la biología molecular, a la patología, a lo medible.

Y entonces ocurre algo: tratamos síntomas, pero no siempre historias. Nos preguntan qué nos pasa, pero rara vez qué nos ha pasado. Esa diferencia, aparentemente sutil, lo cambia todo. Ansiedad, adicciones, dependencia a las redes… muchas veces son la punta del iceberg de algo más profundo. De carencias, de heridas, de contextos.

Marín propone girar la mirada. Escuchar la biografía. Entender que el cuerpo no es una máquina aislada, sino un mapa de experiencias. Puede sonar obvio, pero no siempre se practica.

Todo empieza antes de lo que recordamos

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Dormir y comer mejor es parte del tratamiento. Fuente: IA.

El especialista insiste en la importancia de la infancia. El sistema nervioso, explica, nace inmaduro y se va moldeando en los primeros años a través de los vínculos. Esos primeros lazos —familiares, afectivos, sociales— dejan huella en el sistema que conecta emociones, hormonas, defensas y mente. Una especie de red invisible que nos acompaña toda la vida.

“Lo que somos, para bien o para mal, empieza mucho antes de que tengamos recuerdos”, resume. Y al escucharlo, uno no puede evitar pensar en cómo pequeñas experiencias tempranas se convierten en grandes patrones adultos. No como una condena, sino como una explicación.

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