martes, 17 febrero 2026

Puedes hacer que se te deje de caer el pelo sin tomar nada: expertos en la salud del cuero cabelludo dan las claves

- La caída del cabello afecta al espejo, pero también a la autoestima y a la salud emocional.

El pelo no solo se cae: a veces también se lleva un pedacito de cómo nos vemos por dentro. Hay cosas que parecen pequeñas hasta que nos pasan. La caída del cabello es una de ellas. A simple vista puede parecer solo un tema estético, pero quien lo vive sabe que toca algo más profundo. La identidad, la autoestima, la forma en que uno se mira al espejo por la mañana. No es exagerado decir que, para muchas personas, el cabello es una especie de carta de presentación silenciosa. Y cuando empieza a faltar, se nota. Por fuera y por dentro.

Los expertos lo repiten: no es solo vanidad. Se calcula que ocho de cada diez personas se preocupan por la caída capilar y que más de la mitad reconoce que afectaría directamente a su autoestima. No es raro. El pelo acompaña nuestras etapas, nuestros cambios, nuestras fotos. Perderlo, de algún modo, puede sentirse como perder una parte de la propia historia.

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El cabello refleja el equilibrio del cuerpo y las emociones. Fuente: IA.

En contextos especialmente delicados, como los tratamientos contra el cáncer, la pérdida de cabello puede ser incluso más simbólica. Muchos pacientes cuentan que es en ese momento cuando, de verdad, se sienten enfermos por primera vez. Antes había diagnósticos, pruebas, consultas. Pero cuando el cabello cae… la realidad se vuelve visible. Por eso, cada vez más clínicas dermatológicas están incorporando apoyo psicológico. Porque no todo se resuelve con un tratamiento tópico o una pastilla. A veces, también hace falta acompañar lo que se siente.

El pelo habla de cómo estamos (aunque no siempre lo escuchamos)

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La caída capilar también impacta en la identidad personal. Fuente: IA.

Si algo dejan claro los especialistas es que el cabello es un reflejo bastante honesto de la salud general. No va por libre. Lo que pasa dentro del cuerpo se acaba notando fuera. Estrés, falta de sueño, alimentación pobre en nutrientes… todo suma. O resta, según se mire.

El ritmo de vida actual no ayuda. El cortisol alto, las prisas constantes, las dietas rápidas y desequilibradas pueden debilitar el folículo piloso. A eso se añaden la inflamación y la oxidación, dos procesos que, aunque suenen técnicos, se traducen en algo muy cotidiano: pelo más fino, más frágil, más propenso a caerse. Es como si el cabello perdiera fuerza poco a poco, sin hacer demasiado ruido al principio.

También están los cambios hormonales. En los hombres, la famosa dihidrotestosterona puede ir debilitando el folículo con el tiempo. En las mujeres, el posparto o la menopausia son etapas en las que la caída se intensifica. Y, por si fuera poco, los patrones estacionales están cambiando. Antes se hablaba de la caída primaveral; ahora muchos especialistas observan que se adelanta hacia el verano. Algunos lo relacionan con el clima. Otros, con el estrés acumulado del año. Probablemente sea una mezcla de todo.

Mitos que siguen circulando (y no ayudan demasiado)

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Hábitos diarios influyen más de lo que parece. Fuente: IA.

A pesar de la preocupación general, siguen circulando ideas que no hacen ningún favor. Una de las más extendidas: dejar de lavar el pelo para que no se caiga. Error. Un cuero cabelludo sucio puede inflamarse y empeorar la situación. El pelo que se cae en la ducha, en realidad, ya estaba en fase de caída. Lavarlo no lo provoca. Solo lo hace visible.

También abundan los productos milagro. Champús, suplementos, promesas rápidas. Aquí los especialistas son claros: conviene desconfiar de lo que no tiene respaldo científico. Y, sobre todo, acudir a profesionales que sepan de lo que hablan. El tricólogo —dermatólogo especializado en cabello— sigue siendo un gran desconocido para mucha gente, y sin embargo es clave para entender qué está pasando realmente.

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