lunes, 16 febrero 2026

Fermín Torrano, reportero de guerra: “Ahora todo gira en torno a los drones; son el gran peligro constante”

El reportero Fermín Torrano describe cómo la guerra en Ucrania ha cambiado: los drones dominan el frente, convirtiendo cualquier desplazamiento en un riesgo constante. Su cobertura muestra el peligro omnipresente y la nueva realidad del conflicto.

La guerra en Ucrania ha cambiado de rostro y de reglas. Lo que antes era artillería, tanques y combates visibles se ha transformado en un escenario dominado por drones y tecnología. Fermín Torrano, reportero especializado en conflictos armados, lo ha comprobado en primera persona. Su reciente crónica desde la llamada “carretera de la muerte” hacia Pokrovsk muestra cómo el periodismo se ha vuelto una actividad de riesgo extremo.

Desde hace años cubre la guerra sobre el terreno y ha aprendido a convivir con el miedo. En su último trabajo acompañó a una unidad militar ucraniana hasta una de las zonas más peligrosas del frente. Lo que vivió allí refleja con crudeza la nueva realidad del conflicto. “Antes había un frente claro. Ahora el peligro está en todas partes”, asegura.

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Un viaje al corazón del peligro

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Torrano recuerda con precisión la primera vez que entró por esa carretera. Fue en septiembre de 2025, junto a un compañero y escoltado por soldados. “Nos avisaron que sería complicado. Había bombardeos constantes, aviones, drones y artillería”, relata. La advertencia fue clara. Si aparecía un dron, debían saltar del vehículo y ponerse a cubierto sin pensarlo.

La escena que describe parece sacada de una película, pero es parte cotidiana de esta guerra. Redes antidrones quemadas a los costados del camino, vehículos destruidos y columnas de humo acompañan cada kilómetro. “Vas en el coche y ves otro ardiendo al que ya le ha dado un dron. En ese momento solo piensas que los siguientes puedes ser tú”, explica.

El silencio de los soldados es otra señal inequívoca del riesgo. Hombres acostumbrados a la guerra que sudan, rezan y apenas hablan. “El antidron va pitando y sabes que en cualquier momento puede llegar algo desde el cielo”, cuenta el periodista. Esa tensión constante es imposible de transmitir del todo a quien no ha estado allí.

Tres meses después regresó al mismo lugar con la misma unidad. Esta vez las condiciones eran aún peores. En solo dos semanas habían sido atacados ocho coches en esa carretera. Le pidieron que viajara en la parte trasera de una camioneta sin blindaje. “Si viene un dron, saltas y corres”, le dijeron. No era una recomendación. Era una orden.

Antes de iniciar el último tramo, el conductor reunió a todos y comenzó a rezar. Pidió protección frente a las minas y los drones. Para Torrano fue uno de los momentos más impactantes de toda su carrera. “Ahí entiendes de verdad lo que significa entrar en una zona de guerra”, admite.

La tecnología que transformó la guerra

La tecnología que transformó la guerra
Fuente: agencias

El reportero sostiene que la guerra actual no se parece en nada a la de los primeros años. Hoy los drones son protagonistas absolutos. Las entradas y salidas del frente se han convertido en los momentos más peligrosos. Por eso las rotaciones de soldados duran cada vez más tiempo. “Moverse es exponerse. Y exponerse puede ser letal”, resume.

Durante su estancia de 36 horas en una posición avanzada fue testigo de combates dirigidos casi por completo desde pantallas. Pequeños drones kamikaze de pocos cientos de euros son capaces de destruir vehículos blindados. “Un aparato diminuto puede cambiar el rumbo de una operación entera”, explica.

La salida de aquella misión fue incluso más angustiante que la llegada. Tres drones sobrevolaron la zona donde esperaba junto a los soldados. El tercero chocó contra un árbol y les dio un margen mínimo para escapar. “En ese momento solo piensas en correr y en que el coche arranque”, recuerda.

Para Fermín Torrano, cubrir la guerra exige un equilibrio difícil entre profesionalismo y autoprotección. Antes de cada misión analiza mapas, rutas de escape y reportajes previos. Sin embargo, reconoce que al entrar en el frente su mente cambia. “Dejo de sobrepensar y me concentro al cien por cien en el trabajo”, afirma.

Ha visto a periodistas bloquearse por el pánico. Él intenta mantener la calma incluso en los momentos más extremos. Habla algo de ucraniano para comunicarse sin intermediarios y moverse con mayor independencia. Esa cercanía con los militares le ha permitido comprender mejor cómo ha evolucionado esta guerra.

El conflicto se ha desplazado hacia atrás. Ciudades que antes eran seguras hoy reciben ataques con drones. “El frente ya no es una línea fija. Se ha expandido”, explica. Esa nueva dinámica hace que incluso a decenas de kilómetros haya un riesgo real.


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