lunes, 16 febrero 2026

Hay emociones incómodas que en realidad están intentando decirte algo importante

- Entender las emociones incómodas puede ser el primer paso real hacia el bienestar.

Vivimos en una época que parece exigir sonreír siempre. Como si estar bien fuese una obligación permanente. Pero, seamos honestos: nadie vive sin enfadarse, sin tener miedo o sin sentir tristeza alguna vez. Y quizá ahí está el problema. Hemos aprendido a ver esas emociones como fallos, cuando en realidad son señales. Mensajes. Pequeños avisos internos que dicen: “oye, algo importante está pasando aquí”.

Cada vez más profesionales de la psicología lo repiten: no se trata de eliminar las emociones incómodas, sino de entenderlas. Escucharlas. El equipo del Instituto Europeo de Psicología Positiva insiste mucho en este cambio de mirada. En lugar de huir del malestar, acercarse a él con curiosidad. Porque sí, aunque suene raro, el enfado, el miedo o la tristeza también cumplen su función.

Publicidad
3Hay emociones incomodas Merca2.es
La ira bien usada ayuda a poner límites sanos. Fuente: IA.

La psicóloga Rebeca Gómez utiliza una imagen que me gusta especialmente: las emociones difíciles son como un atardecer que promete amanecer. El momento puede ser incómodo, incluso doloroso, pero hay algo en ese tránsito que prepara el terreno para lo que viene después. No es solo poesía. Tiene bastante sentido. El malestar, en dosis tolerables, nos entrena. Nos fortalece. Es lo que algunos llaman hormesis: pequeñas incomodidades que actúan como una especie de vacuna emocional.

Lo pienso a menudo: ¿qué sería de nosotros si todo fuera fácil, siempre? Probablemente no sabríamos gestionar casi nada cuando la vida se torciera.

La nueva mirada: integrar, no borrar

emociones
El miedo puede ser una señal que protege, no un enemigo. Fuente: IA.

La llamada “segunda ola” de la psicología positiva plantea justo eso: el bienestar no consiste en eliminar lo negativo. Consiste en integrar. Aceptar que la vida es una mezcla de luces y sombras. Y que, curiosamente, esa mezcla es lo que nos sostiene.

Hay tres ideas que ayudan a entenderlo. La primera: la utilidad de una emoción depende del contexto. El miedo, por ejemplo, puede salvarte si te hace frenar en la carretera con niebla. Pero puede paralizarte si aparece sin motivo. La emoción no es el problema; el contexto y la intensidad marcan la diferencia.

La segunda idea es que casi todas las emociones tienen dos caras. El orgullo puede darte autoestima… o volverse arrogancia. La ambición puede motivar… o agotarte. Nada es completamente bueno o malo por sí mismo.

Y la tercera es algo que, si lo piensas, suena bastante lógico: el bienestar nace del equilibrio. Esfuerzo y descanso. Alegría y tristeza. Acción y pausa. Como una especie de balanza interna que se va ajustando constantemente.

Lo que cada emoción intenta decirte

Hay emociones incomodas Merca2.es
La tristeza también habla de lo que importa. Fuente: IA.

El miedo, por ejemplo, es una alarma. A veces suena demasiado alto, sí, pero su función es proteger. Nos hace estar atentos cuando algo cambia o cuando no tenemos el control.

La ira, por su parte, tiene mala fama. Pero bien canalizada, es energía pura. Esa fuerza que te permite decir “hasta aquí”. Poner límites. Defenderte. El problema no es enfadarse; es descargarlo donde no toca o hacerlo de forma destructiva.

La tristeza suele aparecer con la pérdida. Y aunque cuesta admitirlo, también es una forma de amor. Una huella que deja claro que algo o alguien importaba. Permite parar, digerir, apoyarse en otros. (¿A quién no le ha aliviado alguna vez que alguien simplemente se quede a su lado sin decir nada?).

Y luego está el asco, del que se habla poco. Pero también protege. Nos aleja de lo que puede dañarnos físicamente, de lo que no encaja con nuestros valores o de lo que traspasa nuestros límites personales. Es una especie de radar interno.

YouTube video

Publicidad