El alto rendimiento suele asociarse a deportistas de élite, pero sus principios pueden aplicarse a cualquier ámbito de la vida. Detrás de cada meta alcanzada hay método, constancia y, sobre todo, disciplina. Esa es la idea central que defiende Lorena Torres, doctora en Ciencias del Deporte y una de las voces más respetadas en el estudio del rendimiento humano.
Con más de veinte años de trayectoria profesional, Torres ha trabajado en la NBA con los San Antonio Spurs y los Philadelphia 76ers, y formó parte del equipo de rendimiento de la selección española de baloncesto que ganó el Eurobasket en 2022. Su experiencia la ha llevado a la conclusión de que el talento importa, pero sin disciplina no hay resultados sostenibles.
El alto rendimiento empieza con un plan claro
Para Torres, todo proceso de mejora comienza con una pregunta sencilla que pocas personas se hacen con sinceridad: ¿qué es lo que realmente quiero? Según explica, muchos objetivos fracasan porque no nacen de una motivación profunda. “La motivación es imprescindible, pero no se puede contar solo con ella como herramienta para conseguir metas”, afirma.
La clave está en construir un sistema que sostenga el esfuerzo cuando las ganas desaparecen. Ahí entra en juego la disciplina como elemento central. Saber dónde se está y hacia dónde se quiere ir permite diseñar un plan realista. “Sé lo que quiero, sé dónde estoy y ahora voy a trabajar para planificar cómo conseguirlo”, resume.
Ese camino, sin embargo, exige algo más que entusiasmo inicial. Torres insiste en que soñar en grande es necesario para superar la mediocridad, pero que los sueños deben bajarse a tierra mediante hábitos concretos. Levantarse a una hora determinada, cuidar la alimentación, entrenar con regularidad y respetar el descanso forman parte de un engranaje que solo funciona cuando hay disciplina.
“No hay alto rendimiento sin hábito”, repite con frecuencia. La repetición es el mecanismo que permite mejorar, pero también es el mayor desafío. Porque entrenar, estudiar o esforzarse cuando el cuerpo y la mente están cansados requiere un tipo especial de compromiso. Requiere disciplina.
La disciplina como base del éxito

Uno de los puntos que más destaca Lorena Torres es la relación entre pereza y rendimiento. Todos los seres humanos sienten resistencia ante el esfuerzo. La diferencia entre quienes avanzan y quienes se estancan está en cómo gestionan esa resistencia.
“Va a haber días en los que te dará pereza, y aun así tienes que seguir”, explica. Para ella, la disciplina es precisamente eso: continuar incluso cuando no se ven resultados inmediatos. Es ir al gimnasio sin ganas, estudiar cuando el cansancio aprieta o mantener un proyecto cuando el entusiasmo inicial se ha diluido.
En su trabajo con deportistas profesionales ha comprobado que el talento representa solo una parte del éxito. “Ellos mismos dicen que el 20 por ciento es físico y el 80 por ciento es cabeza”, asegura. Y en esa parte mental, la disciplina ocupa un lugar privilegiado.
Torres defiende que el fracaso ocasional forma parte del proceso. Saltarse una rutina o cometer un error no debe convertirse en una excusa para abandonar. “Un día puedes fallar, lo importante es no tirar la toalla”, sostiene. Esa mirada sin culpa es otra forma de entender la disciplina como un compromiso a largo plazo, no como una obligación rígida.
También subraya la importancia de la paciencia. Vivimos en una cultura de resultados rápidos, pero mejorar de verdad lleva tiempo. Convertir la disciplina en un hábito sólido requiere repetición, descanso y constancia. No existen atajos mágicos.
En su libro Supérate, Torres propone trasladar la mentalidad del alto rendimiento a la vida cotidiana. No se trata de obsesionarse con ser el número uno, sino de avanzar paso a paso hacia una mejor versión personal. Y eso, asegura, está al alcance de cualquiera que esté dispuesto a trabajar con disciplina.
Para lograrlo recomienda un ejercicio sencillo pero revelador: analizar los propios hábitos. A qué hora te levantas, qué comes, cómo descansas y cómo organizas tu día son preguntas fundamentales para entender dónde se puede mejorar. La disciplina empieza en esos detalles cotidianos.








