A veces el oído no duele, pero no deja de llamar la atención. Cuando aparece el tinnitus —ese pitido, zumbido o sonido fantasma que parece no apagarse nunca— la sensación inicial suele ser la misma: desconcierto. Y miedo. Mucho miedo. Porque no sabes qué es, cuánto va a durar ni si tu vida va a volver a ser la de antes.
Aquí es donde el llamado proceso de habituación cambia el enfoque. No promete milagros ni soluciones instantáneas, pero sí algo que a veces vale más: una hoja de ruta. Un mapa que te dice: “esto que sientes tiene fases, tiene sentido y puede mejorar”. El modelo parte de investigaciones de Richard Hallum en los años 80 y ha sido adaptado por especialistas como el Dr. Ben Thompson, que insiste en lo importante que es saber qué esperar. Cuando tienes un mapa, el camino deja de ser tan oscuro.
Él lo explica con una imagen que me parece muy acertada: saber en qué etapa estás es como tener un faro cuando todo está en niebla. Y cualquiera que haya pasado por tinnitus sabe lo confuso que puede ser ese inicio.
Primera etapa: cuando el sonido lo ocupa todo

La fase inicial es, sin rodeos, la más dura. Aquí el tinnitus no es un ruido de fondo: es el protagonista. Se mete en cada pensamiento, en cada silencio, en cada intento de dormir.
Es normal que aparezcan ansiedad, pensamientos catastrofistas y esa sensación constante de alerta, como si el cuerpo estuviera en modo “lucha o huida”. Dormir cuesta. Concentrarse cuesta. Comer incluso puede costar. Y encima, para rematar, no faltan quienes te dicen: “Bueno, tendrás que acostumbrarte”. Como si fuera tan fácil.
En esta etapa, lo primero es entender lo que está pasando. Información clara. Herramientas para dormir mejor. Sonido de fondo suave para que el sistema nervioso no esté en tensión permanente. No es magia, pero ayuda. Mucho más de lo que parece al principio.
Segunda etapa: pequeños respiros que lo cambian todo

Y un día —a veces sin darte cuenta— ocurre algo curioso: pasan unos minutos y no has pensado en el tinnitus. Cinco. Diez. Quizá media hora. Y de repente lo notas otra vez. Pero ya no es igual.
Esos pequeños olvidos son oro. Señales tempranas de que el cerebro empieza a colocarlo en segundo plano. El Dr. Thompson lo recalca mucho: si el sonido puede pasar desapercibido aunque sea por ratos cortos, el proceso de habituación está en marcha.
Aquí el sueño suele mejorar un poco. El apetito vuelve. Empiezas a aceptar que el sonido está, pero no te define. Eso sí, paciencia. El cerebro necesita tiempo para consolidar estos cambios. A veces meses. (Y sí, puede desesperar. Pero ocurre).
Tercera etapa: el tinnitus deja de mandar

En esta fase el sonido sigue ahí, pero ya no te arrastra emocionalmente. Deja de ser una alarma constante y se convierte en un ruido ocasional. Aparece más cuando estás cansado, estresado o en silencio absoluto. Pero ya tienes herramientas.
Generadores de sonido, técnicas de atención, hábitos que ayudan. Lo importante es que la angustia desaparece. Y eso cambia todo. Según los modelos de habituación, cuando el tinnitus ocupa menos del 20% de tu atención diaria, se considera una habituación significativa.
Dicho de otra forma: está, pero no manda.
Cuarta etapa: volver a sentirse normal (de verdad)
La última fase es casi una graduación. El tinnitus puede seguir existiendo, sí. Pero deja de ser un problema. Muchas personas en este punto dicen algo que suena sencillo, pero es enorme: “Lo tengo, pero ya no pienso en él”.
Y eso es volver a la normalidad. No a la perfección. A la normalidad real. Esa en la que la vida vuelve a ocupar el primer plano.









