Los procesos personales empiezan cuando dejamos de huir y empezamos a mirarnos de verdad. Durante años nos han hecho creer que el liderazgo es cosa de trajes, reuniones eternas y despachos en lo alto de un edificio. Pero Nona Martín lo mira desde otro lugar, mucho más cercano: la vida de cada día. La que pasa en la cocina, en el coche, en la cabeza cuando nadie nos ve. Para ella, liderar no es dirigir a otros. Es saber habitarse a uno mismo sin perderse por el camino.
Su propuesta suena sencilla —y al mismo tiempo incómoda, porque nos interpela—: el liderazgo consciente es estar en contacto contigo y aprender a relacionarte con el mundo sin pelearte constantemente con él. No depende de un cargo ni de un título. Depende de cuánta honestidad te permites contigo. Y sí, la frase que repite resume bien la idea: “El liderazgo no es una cosa de CEO, liderazgo es algo que estamos haciendo con nuestra vida cada día”.
¿No es curioso? Pasamos tanto tiempo intentando controlar lo de fuera… y casi nunca miramos hacia dentro.
El método DAS: empezar por el cuerpo (sí, por el cuerpo)

Aquí es donde su enfoque se vuelve muy terrenal. Nada de teorías flotando en el aire. El método DAS —Despierta, Activa, Sosiega— arranca en un lugar poco glamuroso pero decisivo: el cuerpo. Dormir, beber agua, comer bien. Parece básico, casi obvio. Y, sin embargo, ¿cuántas veces intentamos cambiar nuestra vida con el cuerpo agotado y la mente saturada?
Martín insiste en algo que a muchos nos cuesta aceptar: no hay transformación profunda si el cuerpo está en guerra consigo mismo. Es como intentar reconstruir una casa sobre un suelo que se hunde. Primero hay que estabilizar el terreno. Después ya vendrán las emociones, las decisiones, los cambios grandes.
Cuando el cuerpo descansa, dice, aparece un espacio distinto. Más claridad. Menos ruido. Y entonces sí, empiezan a moverse cosas por dentro.
La fórmula del cambio que casi nadie respeta

Aquí llega una de sus ideas más potentes. La famosa fórmula 70-20-10. Y no, no es un truco rápido ni una lista de hábitos milagro. Más bien es una invitación a bajar el ritmo y mirar de verdad.
El 70 % del cambio es atención. Observar. Darse cuenta. Notar los patrones, las creencias, lo que el cuerpo dice cuando la cabeza va a mil. El 20 % es la intención, ese momento interno en el que algo se alinea y dice: vale, quiero hacerlo distinto. Y solo el 10 % final es la acción.
Lo curioso es que solemos hacerlo al revés. Queremos actuar primero, rápido, ya. Como si cambiar fuera apretar un interruptor. Y luego nos frustramos cuando no funciona. Quizá porque —y esto duele un poco admitirlo— cambiar de verdad requiere mirar lo que preferiríamos no mirar.
Esencia, carácter y la máscara que aprendimos a usar

Hay una parte de su discurso que toca fibras más profundas. Martín habla del ego, del carácter, de esa personalidad que construimos para sobrevivir cuando éramos pequeños. Y no lo plantea como algo malo. Más bien como una armadura que en su día nos protegió… pero que a veces se nos queda pegada demasiado tiempo.
El problema aparece cuando seguimos viviendo desde esa coraza. Cuando reaccionamos por heridas antiguas en lugar de responder desde lo que realmente somos. “Lo que me ha servido para sobrevivir no me lleva jamás a la plenitud de vida”, dice. Y la frase se queda resonando.
Su trabajo, apoyado en herramientas como el Eneagrama, busca precisamente eso: reconocer la máscara sin demonizarla y, poco a poco, aflojarla. No para dejar de ser quienes somos, sino para recordar quiénes éramos antes de tanto mecanismo de defensa.









