La posibilidad de vivir más de un siglo ya no pertenece al terreno de la ciencia ficción. Los avances médicos han alargado la esperanza de vida, pero surge una pregunta decisiva: ¿en qué condiciones llegaremos a esa edad? Para Endika Montiel, experto en longevidad, nutrición y entrenamiento, la respuesta depende de algo mucho más simple que la tecnología: los hábitos diarios.
Montiel sostiene que el cuerpo humano está diseñado para durar, siempre que se le ofrezcan los estímulos correctos. “Podemos llegar a los 80 años como chavales de 30 si mantenemos buenos hábitos”, afirma. Su enfoque no gira alrededor de tratamientos milagro, sino de decisiones cotidianas que determinan cómo envejecemos.
Entrenar y comer para envejecer mejor
Uno de los pilares centrales de su mensaje es el entrenamiento de fuerza. Según explica, la masa muscular es el mayor seguro de vida que tenemos. A partir de los 30 años comienza a perderse de forma progresiva y, con ella, se deterioran funciones hormonales, metabólicas e inmunológicas. De ahí que adoptar hábitos de ejercicio desde edades tempranas sea clave para un envejecimiento saludable.
El especialista propone una rutina sencilla y realista: entre dos y tres días de fuerza a la semana, combinados con movilidad y algo de trabajo cardiovascular. No se trata de entrenar como un deportista profesional, sino de mantener un cuerpo funcional y resistente al paso del tiempo. Para Montiel, los buenos hábitos de entrenamiento deberían ser tan naturales como cepillarse los dientes.
La nutrición ocupa el otro gran eje de su filosofía. Critica el modelo alimentario actual, basado en comer de forma constante. “Hoy desayunamos, picamos a media mañana, comemos, merendamos y cenamos. Nunca dejamos que el cuerpo entre en estado de limpieza y reciclaje”, advierte. Por eso defiende el ayuno intermitente como una herramienta para activar la autofagia, un proceso interno que ayuda a reparar y regenerar células.
Su propuesta alimentaria no es extremista, pero sí coherente con nuestra biología. Prioriza alimentos reales, grasas saludables y un consumo inteligente de glucosa. Los hábitos de alimentación, insiste, deben adaptarse al ritmo natural de luz y oscuridad. Comer de noche, asegura, va en contra del diseño humano.
También alerta sobre deficiencias nutricionales cada vez más comunes. La falta de vitamina D, magnesio y omega 3 se ha convertido en una auténtica pandemia silenciosa. Incorporar suplementos cuando sea necesario forma parte, según él, de unos hábitos modernos de salud responsables.
Hábitos saludables: La medicina del futuro empieza hoy

Endika Montiel es crítico con la visión tradicional de la medicina. Considera que el sistema actual trata síntomas en lugar de causas. “Tenemos una salud parcheada y obsoleta”, afirma. Para él, muchas enfermedades crónicas podrían prevenirse si se cambiaran los hábitos de vida antes de recurrir a los fármacos.
Pone ejemplos claros: la hipertensión, la diabetes o los problemas inflamatorios suelen abordarse con medicamentos que alivian temporalmente, pero no solucionan el origen. Su enfoque integrativo propone actuar sobre la raíz: mejorar la alimentación, moverse más, dormir mejor y reducir el estrés.
El descanso es otro elemento fundamental. De poco sirve entrenar y comer bien si no se duerme correctamente. “Si no duermes bien, todo lo demás no vale absolutamente para nada”, resume. La calidad del sueño, afirma, es el pegamento que une el resto de buenos hábitos.
Incluso la relación con el sol entra dentro de su método. Defiende una exposición responsable como fuente esencial de vitamina D y bienestar emocional. “El sol no genera cáncer, lo que enferma es nuestra mala relación con él”, explica. Recuperar hábitos tan simples como caminar al aire libre o pasar más tiempo en la naturaleza puede marcar una enorme diferencia.
Frente a las grandes inversiones tecnológicas que buscan alargar la vida, Montiel cree que la verdadera revolución es mucho más accesible. No hace falta una pastilla milagrosa, sino disciplina y coherencia. Los pequeños hábitos repetidos durante años son los que construyen una vejez activa o una vejez dependiente.








