sábado, 14 febrero 2026

Alejandro Villena, psicólogo: la cifra del uso del móvil que hace pensar a cualquiera

- Un experto alerta de cómo los algoritmos y las pantallas están transformando nuestra atención y nuestras relaciones.

El móvil ocupa más tiempo del que creemos en nuestro día. Hay una frase que se te queda rondando la cabeza después de escuchar a Alejandro Villena: no somos solo nativos digitales, somos cautivos digitales. Y cuando lo piensas un segundo… cuesta no asentir. Miras a tu alrededor en un metro, en un bar, en casa. Pantallas por todas partes. Miradas bajas. Dedos deslizando. Como si todos estuviéramos atrapados en una especie de corriente invisible.

Villena, psicólogo y sexólogo, lleva tiempo analizando cómo la tecnología ha pasado de ser una herramienta útil a convertirse, en muchos casos, en una especie de jaula cómoda. No incómoda. No evidente. Pero jaula al fin y al cabo. Y lo inquietante, dice, es que no se trata solo de usar el móvil mucho. Se trata de cómo están diseñadas las plataformas para que no quieras soltarlo.

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El scroll infinito, por ejemplo. Esa sensación de que siempre hay algo más. Algo nuevo. Algo que no quieres perderte. No es casualidad. Es diseño. Es negocio. Un negocio que vive de tu atención. Y cuando no pagas por el producto… bueno, ya sabes cómo sigue la frase: el producto eres tú.

La atención en modo fragmentado

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La atención se ha convertido en el recurso más disputado de la era digital. Fuente: IA

Hace unos años podías sentarte a leer un libro durante una hora sin mirar nada más. O ver una película sin tocar el teléfono. Ahora, a muchos nos cuesta. No porque seamos más débiles, sino porque el entorno ha cambiado. La tecnología compite constantemente por cada segundo de tu atención.

Villena habla de una “crisis de atención” que se ha instalado sin hacer ruido. Y tiene sentido. Cuando tu cerebro se acostumbra a estímulos rápidos, breves y constantes, lo lento empieza a parecer aburrido. Y lo profundo… pesado.

A veces me pasa. Estoy viendo una serie que me gusta y, aun así, cojo el móvil. Como si necesitara un doble estímulo. Y luego me pregunto: ¿en qué momento dejamos de saber estar en una sola cosa?

Ahí entra otro concepto interesante: la deuda cognitiva. Cada vez delegamos más tareas en la tecnología. Recordar números, resumir textos, pensar soluciones. Todo está a un clic. Y eso, que parece una ventaja, también tiene su precio. El cerebro se vuelve cómodo. Y lo que no se usa, se atrofia.

Más conectados, más solos

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Más conexión no siempre significa más compañía real. Fuente: IA

Hay algo que suena paradójico, pero que cada vez se repite más. Estamos hiperconectados. Tenemos redes, chats, videollamadas… y aun así la sensación de soledad crece, sobre todo entre jóvenes.

Villena lo resume de forma muy clara: el problema no es la tecnología en sí. Es lo que dejamos de hacer cuando la usamos. Conversaciones cara a cara. Silencios compartidos. Aburrimiento creativo. Ese tiempo en el que no pasa nada y, precisamente por eso, empiezan a pasar cosas dentro.

Pienso en las comidas familiares de antes. Sin móviles en la mesa. Ahora, a veces, hay más pantallas que platos. Y no es que no nos queramos. Es que nos hemos acostumbrado a vivir a medias entre dos mundos.

Regular, sí. Pero también educar

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Los algoritmos compiten cada segundo por tu tiempo y tu mente. Fuente: IA

Sobre las leyes que intentan limitar el acceso de menores a redes sociales, Villena lo tiene claro: prohibir puede ayudar, pero no es suficiente. Si no hay educación digital, pensamiento crítico, conciencia… el problema se desplaza. No desaparece.

Defiende que las instituciones deberían regular a las grandes tecnológicas con la misma seriedad con la que se regulan otras industrias que afectan a la salud. Y tiene lógica. Si algo impacta en la mente, en la atención, en el desarrollo emocional… no puede quedar solo en manos del mercado.

Pero también insiste en algo más cotidiano. Más cercano. Cada uno tiene que recuperar un poco de control sobre su propio tiempo.

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