Un informe elaborado por investigadores de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y la Universidad Politécnica de Cataluña, ha analizado si es conveniente la prórroga de la central nuclear de Almaraz o si es preferible el cierre pactado según el PNIEC. En este sentido, contradiciendo a todos los informes elaborados por expertos del sector, extender la vida útil de la central solo generaría beneficios económicos y climáticos temporales, mientras que a medio y largo plazo provocaría mayores costes para la ciudadanía, más emisiones y un freno a la transición energética, por lo que la prórroga no cumpliría los criterios de viabilidad económica exigidos por el Gobierno.
Almaraz bajo examen, de nuevo
El informe reconoce que mantener Almaraz operativa entre 2028 y 2030 podría producir un alivio transitorio tanto en el precio mayorista de la electricidad como en la factura eléctrica, al reducir puntualmente el uso de centrales de gas. En este sentido, durante esos años la prórroga permitiría contener el precio de la electricidad frente al escenario de cierre.
Sin embargo, según el análisis, este efecto es limitado en el tiempo y se revierte con fuerza una vez finaliza la prórroga. A partir de 2031, el sistema eléctrico resultante sería menos renovable y más dependiente del gas, lo que elevaría de forma sostenida los precios. En 2033, el precio mayorista alcanzaría hasta 63,5 €/MWh con prórroga, frente a 58 €/MWh en el escenario de cierre, lo que supone un incremento cercano al 10%.

Por otro lado, en términos acumulados, el informe estima que la prórroga de Almaraz implicaría un sobrecoste de hasta 3.831 millones de euros en la factura eléctrica entre 2026 y 2033. Según los autores, este resultado desmonta la idea de que la prolongación de la nuclear sea una opción más barata para los consumidores.
En este sentido, el estudio advierte de que centrar el debate únicamente en los años inmediatamente posteriores al cierre (2028-2030) conduce a conclusiones parciales, ya que ignora los efectos estructurales negativos que se manifiestan a partir de la siguiente década.
Impacto negativo sobre la transición energética
Un punto clave donde se detienen el informe es que la prórroga de Almaraz ralentizaría el despliegue de energías renovables y de sistemas de almacenamiento. En el escenario de cierre, la cobertura renovable del sistema eléctrico alcanzaría el 65,8% en 2030, mientras que con prórroga se quedaría en torno al 59%.
Además, el cierre permitiría integrar 3,8 TWh anuales de energía renovable que actualmente se desperdician en forma de vertidos, una cantidad equivalente a aproximadamente la mitad de la producción anual de un reactor nuclear. Según el informe, mantener Almaraz en funcionamiento bloquea esa integración y reduce el aprovechamiento del parque renovable ya instalado.
La tesis del informe apunta a que, al no forzar al sistema a la integración de renovables por tener el respaldo nuclear, en materia climática se produciría una mayor exposición al mercado gasista y por lo tanto el aumento de emisiones netas a medio plazo. Según el estudio, entre 2026 y 2033, los escenarios de prórroga acumulan entre 5,8 y 12,3 millones de toneladas adicionales de CO₂ equivalente respecto al cierre programado. Estas emisiones adicionales tendrían un coste de hasta 984 millones de euros en derechos de emisión, que acabarían repercutiendo en el precio de la electricidad.
Otro de los efectos destacados es el impacto sobre la inversión. Según el análisis, la prórroga de Almaraz debilita la señal de mercado para las energías limpias, provocando una pérdida acumulada de hasta 26.130 millones de euros en inversiones en renovables y almacenamiento entre 2026 y 2033.
La pérdida de la energía nuclear costaría 1.400 millones de euros anuales a la industria española
En este sentido, los autores advierten que extender la vida de la nuclear podría comprometer el papel de España como destino prioritario de inversión energética e industrial, al generar incertidumbre regulatoria y retrasar el desarrollo de tecnologías clave.
En definitiva el informe plantea que a largo plazo la prórroga no es rentable, ya que sitúa un escenario donde la energía nuclear se convierte en una energía protagonista que acapara todo el desarrollo energético en renovables, a pesar de que en la actualidad las renovables soportan la mayoría del consumo energético en España.







