sábado, 14 febrero 2026

Santi Cobos (58), ex preso: “En prisión hay mucha actuación; algunos cambian su delito para sobrevivir”

Santi Cobos, ex preso, describe la prisión como un escenario de códigos invisibles donde muchos internos reinventan su historia para sobrevivir, reflejando un entorno marcado por la actuación, el miedo, las jerarquías y una humanidad contradictoria tras los muros.

El interior de una prisión es un mundo con códigos propios, jerarquías invisibles y normas que muchas veces no aparecen escritas en ningún reglamento. Allí, la supervivencia no depende solo del delito cometido, sino también de la imagen que cada interno proyecta ante los demás y del papel que decide interpretar.

En ese escenario se mueve el testimonio de Santi Cobos, quien describe una realidad marcada por la actuación constante, las tensiones internas y una convivencia que puede cambiar en cuestión de segundos. La historia de su vida abre una ventana a la realidad cotidiana en prisión y a las contradicciones humanas que se viven tras los muros.

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La actuación como herramienta para sobrevivir dentro de prisión

prisionero de las manos esposadas detras de la prision Merca2.es

Según explica Cobos, en prisión no todos cuentan la verdad sobre el delito por el que cumplen condena. Algunos internos modifican su historia para evitar represalias o para ganar respeto dentro del patio. El relato personal se convierte en un escudo. No se trata solo de orgullo, sino de una cuestión de supervivencia en un entorno donde la etiqueta puede marcar el destino diario.

Dentro de la prisión existen códigos no oficiales que establecen una jerarquía muy clara. Determinados delitos, especialmente los relacionados con menores, ocupan el nivel más bajo del escalafón. Esa situación ha provocado históricamente conflictos graves, lo que llevó a las instituciones penitenciarias a separar perfiles para reducir riesgos y controlar la convivencia. En ese contexto, la prisión funciona como una sociedad paralela con sus propias reglas.

Cobos recuerda que en muchas ocasiones los propios internos descubrían la verdad a través de conversaciones, rumores o incluso por la prensa. La imagen pública y la realidad podían chocar de manera abrupta. Esa tensión obligaba a algunos a interpretar un personaje diferente, construyendo una identidad que les permitiera moverse con mayor seguridad dentro de la prisión.

El ex preso también señala que la población penitenciaria es mucho más diversa de lo que suele imaginarse fuera. En los módulos convivían atracadores, activistas políticos e incluso personas procedentes de familias vinculadas a cuerpos de seguridad o al entorno militar. La prisión, lejos de ser un espacio homogéneo, refleja una mezcla social compleja que sorprende a quienes la conocen desde dentro.

El miedo, el poder y la humanidad que aparece en prisión

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Uno de los aspectos más llamativos del relato es la contradicción emocional que se vive en prisión. Cobos describe episodios de violencia y de tensión extrema, pero también momentos en los que el odio pierde fuerza de manera inesperada. A veces, dice, basta con ver al otro perder el poder para que la percepción cambie por completo.

En una experiencia que marcó su memoria, relata cómo la imagen del enemigo se desmoronó cuando este mostró miedo. De pronto, el carcelero dejó de ser la figura autoritaria para convertirse en alguien vulnerable. Ese instante rompió la lógica de confrontación que muchas veces domina la vida en prisión y frenó una posible escalada de violencia.

El testimonio muestra cómo el entorno penitenciario amplifica emociones como la rabia y la desconfianza, pero también puede generar momentos de reflexión profunda. La prisión obliga a convivir con personas muy distintas y a enfrentar situaciones límite que cambian la forma en que uno entiende el poder y la fragilidad humana.

Cobos reconoce que, aunque la prisión endurece a muchos internos, también expone sus contradicciones. El odio puede ser aprendido, alimentado por el contexto, y no siempre nace de experiencias personales directas. Esta idea aparece repetidamente en su discurso y ayuda a entender por qué ciertas reacciones dentro de la prisión resultan difíciles de explicar desde fuera.

Más allá de la dureza del relato, su testimonio invita a mirar la prisión con una perspectiva más humana. No se trata de justificar delitos ni de romantizar la experiencia, sino de comprender que detrás de cada historia hay procesos complejos de adaptación, miedo y supervivencia.

La prisión aparece así como un escenario donde se mezclan actuación y realidad. Algunos adoptan un personaje para protegerse. Otros descubren que, incluso en los momentos más tensos, la humanidad puede imponerse al odio. Para Cobos, esa dualidad define gran parte de la vida entre rejas y explica por qué salir de la prisión no significa dejar atrás todo lo vivido, sino aprender a reinterpretarlo con el paso del tiempo.


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