sábado, 14 febrero 2026

No discutas más con esta estrategia clave que los expertos recomiendan para abordar temas delicados en casa

- Una madre de siete hijos comparte su camino de trauma y adicción hacia una reconstrucción emocional paso a paso.

En casa, las conversaciones difíciles también pueden sanar. Hay historias que no se entienden en una sola línea. Esta es una de ellas. Una mujer, madre de siete hijos, sobria durante veinticinco años, ve cómo su vida se desmorona en cuestión de meses. Y no por falta de voluntad. Ni de fe. Ni de amor por su familia. Sino por una cadena de golpes que llegan uno detrás de otro, sin dar tiempo a respirar.

Durante años vivió con una rutina estable, aferrada a su familia y a su vocación espiritual. Pero todo cambió tras mudarse como misionera a Puerto Rico. Allí sufrió un accidente que le provocó un traumatismo craneoencefálico grave. Tan grave que su propio esposo tuvo que practicarle maniobras de reanimación. Imaginar esa escena ya pone la piel de gallina. Después vinieron más complicaciones médicas, una embolia pulmonar y una sucesión de mudanzas que terminaron por romper cualquier sensación de estabilidad.

Publicidad

Cuando pierdes el suelo bajo los pies, el cuerpo y la mente buscan cómo sostenerse. A veces, como en su caso, ese sostén se convierte en alcohol o marihuana, no por placer, sino por puro intento de supervivencia emocional. Algo que anestesie. Algo que haga callar las pesadillas. Algo que permita dormir una noche sin sobresaltos.

Sentirse una carga duele más que cualquier herida

casa
El trauma puede abrir la puerta a conductas de escape cuando el dolor no se gestiona. Fuente: IA

El psicólogo John Delony, que la acompaña en su proceso, señala algo que atraviesa toda la historia: el dolor de sentirse una carga. No empezó con el accidente. Venía de antes. De un parto complicado años atrás, de cirugías, de una salud que la obligó a depender de otros. Poco a poco se instaló una idea silenciosa pero devastadora: “no debería molestar”, “no debería necesitar tanto”, “quizá estaría mejor si no fuera un peso para nadie”.

Y cuando esa sensación se hace fuerte, el consumo se convierte en una especie de muleta. No para divertirse. Para no sentir. Para no mirar de frente ese vacío. El problema no era solo la adicción, era el dolor que había debajo.

A veces me pregunto cuántas personas viven con ese pensamiento escondido. Con esa sensación de ocupar demasiado espacio. Es más común de lo que parece.

Decir la verdad a los hijos sin romperlos

No discutas mas con esta estrategia4 Merca2.es
Hablar con la familia desde la honestidad es parte del proceso de recuperación. Fuente: IA

Uno de los momentos más delicados para ella fue pensar cómo contárselo a sus hijos. ¿Cómo le dices a un adolescente que estás luchando contra algo así sin cargarle un peso que no le corresponde? ¿Cómo se encuentra el equilibrio entre la honestidad y la protección?

La recomendación fue clara: no hace falta lanzar etiquetas que asusten. No hace falta presentarse con palabras que caen como un bloque de cemento. Basta con decir la verdad de forma humana. Explicar que ha sido un tiempo difícil, que su salud emocional se tambaleó tras la lesión y que está intentando volver a ponerse en pie.

También se le sugirió hablar con cada hijo por separado. Porque no todos entienden lo mismo. Un joven de 18 años procesa de una forma. Uno de 13, de otra. Y lo más importante: recordarles que nada de esto es culpa suya. Que el amor sigue intacto. Que el aislamiento no era rechazo, era dolor.

No debe de ser fácil tener esas conversaciones. Pero a veces son las más necesarias.

Un paso a la vez, aunque tiemble el suelo

No discutas mas con esta estrategia1 Merca2.es
El apoyo de la pareja puede sostener cuando la autoestima se rompe. Fuente: IA

Ahora lleva unos días sobria. No es mucho tiempo en el calendario, pero sí lo es en el cuerpo. Dice que se siente más clara. Más presente. Y también más vulnerable. Porque cuando se quitan las muletas, el camino se siente más inestable.

El trabajo ahora es aprender a caminar sin ellas. Ir a terapia. A programas especializados en trauma. Entender lo que ocurrió en lugar de taparlo. Volver a mirarse sin esa etiqueta de “carga”.

El papel de su esposo es clave. Cuando ella no logra verse con valor, él se lo recuerda. Cuando duda, él sostiene. A veces, la recuperación empieza prestándose la mirada de alguien que aún ve luz donde tú solo ves sombras.

La historia no es perfecta. No hay final cerrado. Pero hay algo que sí se percibe: la posibilidad real de reconstruirse. De volver a ocupar espacio sin pedir perdón. De vivir sin anestesia.

YouTube video

Publicidad