¿Podemos afirmar que Bad Bunny lo ‘petó’ en la Super Bowl? ¡Podemos! El cantante puertorriqueño no dejó a nadie indiferente con su espectáculo durante el descanso del gran partido: transmitió un mensaje de unidad y orgullo hacia el pueblo latino, reivindicando sus raíces y la diversidad cultural en el mayor escenario del mundo. Porque Bad Bunny no solo lidera las listas de éxitos desde hace años, sino que también se ha convertido en un auténtico referente musical y cultural.
Una actuación que tuvo de todo; desde bosques y una boda hasta un sinfín de efectos sorpresa y bailes de reguetón. También, se contó con la invitación de la estrella pop, Lady Gaga que, evocando los movimientos latinos, cantó la canción ‘Die With a Smile’, haciendo un homenaje a Ricky Martin y sus grandes éxitos en español. Fue un concierto que tanto asistentes como telespectadores recordarán por el mensaje de identidad y celebración cultural que aconteció cada minuto del espectáculo.
Quienes de verdad se quedaron sin palabras fueron los vecinos de un pequeño pueblo de Extremadura en 2018, cuando Bad Bunny apareció por allí casi sin hacer ruido. Por entonces su nombre empezaba a sonar en la escena urbana, pero todavía estaba lejos de convertirse en el fenómeno global que hoy llena estadios en cuestión de minutos. El artista actuaba en escenarios muy distintos a los macroconciertos actuales.

La historia del concierto de Bad Bunny en un pueblo remoto de Extremadura
El 13 de julio de 2018, cuando el sol extremeño todavía apretaba a las siete de la tarde, Bad Bunny se subía al escenario como cabeza de cartel del Dream Summer Festival en Puebla de la Calzada. Sí, un pequeño municipio agrícola de poco más de 5.000 habitantes, a apenas media hora de Badajoz. Cuesta imaginarlo ahora, ¿verdad?
Frente a unas 4.000 personas —casi todo el pueblo y alrededores— el artista desplegaba su repertorio en una de las paradas de su gira La Nueva Religión Tour. Nada de estadios imposibles ni entradas que vuelan en minutos. Solo música, calor y un público que quizá todavía no era consciente de que estaba viendo a una futura superestrella mundial. Detrás de aquella actuación hubo mucha insistencia. Juan Ferrer, el promotor del festival, llevaba tiempo intentando que Bad Bunny aceptara formar parte del cartel.
No fue algo improvisado ni fruto del azar. Fue cuestión de constancia. Y cuando por fin se anunció su nombre, más de uno pensó que se trataba de un rumor exagerado. ¿De verdad iba a actuar allí? Lo más llamativo, visto con perspectiva, fueron los precios. Las entradas costaban entre 20 y 30 euros. Sí, lo que hoy podría valer casi cualquier plan de fin de semana. Nada que ver con su actual Debí Tirar Más Fotos World Tour, donde algunas localidades en zonas VIP superan los 600 euros sin pestañear.
Pero la historia no empieza ahí. Un año antes, en 2017, Bad Bunny ya se dejaba ver por salas y festivales en ciudades como Valencia, Madrid o Murcia. Nada de macroestadios ni producciones imposibles. Eran escenarios mucho más cercanos, casi íntimos. Quienes estuvieron allí lo recuerdan bien. Un artista que posaba con los fans sin prisas, que compartía momentos improvisados y que todavía se movía entre el público con naturalidad. Una actitud que llamaba la atención, sobre todo si tenemos en cuenta lo rápido que estaba creciendo su carrera.







