viernes, 13 febrero 2026

Nate Gentile (35), especialista en tecnología: «Lo que está pasando con la RAM es un síntoma del cambio de paradigma que trae la inteligencia artificial»

El encarecimiento de la RAM, explica Nate Gentile, refleja cómo la carrera global por la IA —impulsada por gigantes como Nvidia y Samsung Electronics— está redefiniendo la industria del hardware doméstico y elevando costes para usuarios y fabricantes.

En los últimos meses, montar un ordenador dejó de ser un trámite accesible para convertirse en un lujo inesperado. Lo que hasta hace poco era uno de los componentes más económicos, la memoria RAM, multiplicó su precio en cuestión de semanas y descolocó a consumidores y empresas por igual. Detrás de este movimiento abrupto no hay un simple desajuste comercial, sino que está la inteligencia artificial.

Según explica Nate Gentile, youtuber y especialista en tecnología, “lo que está pasando con la RAM es un síntoma del cambio de paradigma que trae la inteligencia artificial”. Y ese cambio ya se está sintiendo en ordenadores, consolas y móviles.

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De componente barato a recurso estratégico

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Durante años, la memoria RAM fue el elemento más accesible al montar un PC. Un kit de 64 GB podía costar entre 250 y 300 euros. Sin embargo, a finales del año pasado los precios comenzaron a escalar hasta rozar los 900 o incluso 1.000 euros en algunos casos. Las gráficas de seguimiento muestran un salto casi vertical.

La explicación no está en una desaparición súbita del stock. RAM hay, pero más cara. Los distribuidores pagan hoy el doble o el triple por determinados módulos. Las marcas priorizan a sus mejores clientes y reducen el volumen destinado al mercado minorista. El motivo es estructural.

En el mundo solo existen tres grandes fabricantes de memoria: Samsung y SK Hynix en Corea del Sur, y Micron en Estados Unidos. Todas las marcas comerciales dependen de ellos. Durante años la producción se mantuvo estable porque la demanda era cíclica pero previsible. Nadie anticipó el salto que provocaría la inteligencia artificial.

Los nuevos centros de datos orientados a inteligencia artificial necesitan una memoria específica llamada HBM, de alto ancho de banda. Es más rápida y compleja que la RAM convencional y resulta imprescindible para las tarjetas gráficas que entrenan y ejecutan modelos avanzados. Sin esa arquitectura, la inteligencia artificial simplemente no funciona a gran escala.

El problema es que la capacidad de fabricación es limitada. Las mismas plantas que producen memoria tradicional deben adaptarse para fabricar HBM. Ante contratos millonarios firmados hasta 2026 y 2027, los fabricantes priorizan la memoria destinada a inteligencia artificial porque su margen es mayor. El mercado doméstico queda en segundo plano.

Inteligencia artificial: Centros de datos, contratos millonarios y efecto dominó

Inteligencia artificial: Centros de datos, contratos millonarios y efecto dominó
Fuente: agencias

La carrera por la inteligencia artificial es global. Microsoft, Meta, Google, Amazon y otras compañías están ampliando o construyendo centros de datos de dimensiones inéditas. Algunos proyectos requieren, por sí solos, una parte sustancial de la producción mundial de memoria avanzada.

En muchos casos, estas tecnológicas no solo compran servidores. Reservan directamente la memoria a los fabricantes para garantizar el suministro que luego utilizarán empresas como Nvidia en sus aceleradores de inteligencia artificial. Es una integración vertical de facto. Nadie quiere quedarse fuera de la nueva ola.

El resultado es un efecto dominó. Si una parte relevante de la producción se redirige hacia la inteligencia artificial, la oferta para ordenadores personales disminuye. El precio sube. No se trata de escasez absoluta, sino de reasignación estratégica.

Las consecuencias ya son visibles. En ferias tecnológicas recientes comenzaron a aparecer portátiles con menos memoria base. Donde antes había 32 GB, ahora hay 16. Algunos fabricantes venden equipos sin RAM incluida para abaratar el precio inicial. En consolas y dispositivos móviles el impacto puede ser más gradual, pero la presión existe.

Nate Gentile sostiene que este fenómeno es más profundo que una simple subida coyuntural. La inteligencia artificial exige infraestructuras completamente nuevas. Los servidores tradicionales no están preparados para manejar modelos de gran tamaño que consumen gigas de memoria por usuario. Cada conversación con un sistema de inteligencia artificial requiere recursos muy superiores a los de servicios clásicos.

El interrogante es cuánto durará esta tensión. Las fabricantes dudan en invertir miles de millones en nuevas plantas si no tienen la certeza de que la demanda de inteligencia artificial se mantendrá en el tiempo. Si la expansión continúa, los precios podrían estabilizarse cuando aumente la oferta. Si se enfría, el mercado podría reajustarse con rapidez.

Mientras tanto, el usuario medio paga la factura. La memoria dejó de ser un componente secundario para convertirse en un recurso estratégico dentro del ecosistema tecnológico. La inteligencia artificial no solo redefine cómo trabajamos o buscamos información. También está reconfigurando la industria del hardware desde sus cimientos.

Lo que ocurre con la RAM es, en síntesis, un indicio claro de que la inteligencia artificial no es una moda pasajera. Es una transformación estructural que altera cadenas de suministro, prioridades industriales y precios finales. Y apenas estamos viendo sus primeros efectos.


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