sábado, 14 febrero 2026

Inteligencia Artificial: desmontar el espejismo para pensar el futuro

En un momento histórico en el que la inteligencia artificial ocupa titulares, consejos de administración y conversaciones cotidianas, la Fundación Ramón Areces abrió un espacio imprescindible para la reflexión crítica con la jornada Ética e Inteligencia Artificial. Contando con el Profesor Ramón López de Mántaras, profesor de investigación (emérito) del CSIC en el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA) y la filósofa Adela Cortina, catedrática emérita de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia. 

Avelino Corma Consejo cientifico de la Fundacion Ramon Areces Merca2.es
Avelino Corma (Consejo científico de la Fundación Ramón Areces) presentador de la jornada de Ética e Inteligencia Artificial.

Lejos del triunfalismo tecnológico y de las promesas de una revolución inevitable, la sesión reunió a dos de las voces más sólidas del pensamiento español: Ramón López de Mántaras y Adela Cortina. Ambos dos plantearon una pregunta esencial y urgente: ¿qué estamos celebrando exactamente cuando hablamos de inteligencia artificial?

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Ramon Lopez de Mantaras y Adela Cortina Merca2.es
Ramón López de Mántaras (Profesor de Investigación (emérito) del CSIC en el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA) y Adela Cortina ( Catedrática Emérita de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia), ponentes de la jornada.

La inteligencia no está en las máquinas

Ramón López de Mántaras, profesor de investigación (emérito) del CSIC en el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA), comenzó desmontando uno de los grandes relatos de nuestro tiempo: la supuesta autonomía inteligente de las máquinas.

La narrativa dominante, señaló, tiende a presentar la IA como una entidad casi mágica, capaz de aprender, razonar y decidir por sí misma. Mántaras señalo “El grave problema de antropomorfizar y realmente creer que es inteligente. Pero no tiene nada que ver con la Inteligencia humana. El grave error es que esas palabras tienen mucha carga y es un error pensar que la IA es como un ser humano”.

Tenemos que tener en cuenta que, detrás de cada sistema hay millones de personas que lo entrenan, supervisan y sostienen. Trabajadores invisibles, en muchos casos sometidos a explotación laboral, salarios precarios y exposición a contenidos psicológicamente dañinos.

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A ello se suma un coste ambiental creciente: centros de datos energéticamente voraces y una infraestructura tecnológica cuyo impacto climático rara vez forma parte del discurso público. La innovación, advirtió, no es neutral. Si no se acompaña de transparencia empresarial, regulación política y protección laboral, el riesgo no es quedarnos atrás en la carrera tecnológica, sino avanzar hacia una distopía construida sobre desigualdades invisibles.

A continuación, la filósofa Adela Cortina, catedrática emérita de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, planteó la cuestión de fondo: ¿para qué queremos la inteligencia artificial?

Desde sus orígenes, recordó, la IA ha oscilado entre tres posiciones: el catastrofismo que la considera la mayor amenaza para la humanidad; el entusiasmo desmedido que promete un paraíso sin enfermedad ni muerte; y la postura prudente que reclama una ética global capaz de maximizar beneficios y minimizar daños.

La clave, sostuvo Cortina, es sencilla en su formulación y compleja en su aplicación: sí beneficiar y no dañar”. Apostar por la precaución sin caer en la parálisis. Pero para ello es imprescindible aclarar conceptos: ¿hablamos de inteligencia general o de inteligencias específicas? ¿Son las máquinas agentes morales o instrumentos? ¿Existen realmente las superinteligencias o proyectamos en ellas nuestras propias narrativas?

La decisión, en última instancia, no corresponde a los algoritmos, sino a los seres humanos. Somos nosotros quienes debemos deliberar, con información rigurosa y con ayuda experta, hacia dónde queremos encaminar esta tecnología si no estamos dispuestos a renunciar a bienes irrenunciables como la libertad, la igualdad y la justicia. Cortina termino con una frase de Kant “Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio»

Al acoger esta jornada, la Fundación Ramón Areces reafirma su papel como foro de pensamiento crítico, capaz de situar la tecnología en el marco más amplio de la ética, la sostenibilidad y el bien común. En un contexto dominado por la velocidad y la promesa, detenerse a pensar se convierte en un acto profundamente transformador.

Porque quizá el verdadero progreso no consista en construir máquinas cada vez más potentes, sino en decidir, con lucidez y responsabilidad, cómo queremos convivir con ellas.


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