viernes, 13 febrero 2026

Javier Sáez, empresario de inteligencia artificial: “Hoy puedes tener educación nivel Harvard desde cualquier lugar del planeta”

El empresario Javier Sáez sostiene que la inteligencia artificial democratiza el acceso al conocimiento: hoy, con internet y herramientas como Harvard University, OpenAI y Google, cualquiera puede aprender al nivel desde cualquier rincón del mundo.

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa lejana para convertirse en una herramienta cotidiana. Está en los teléfonos, en los buscadores y, cada vez más, en las aulas. Sin embargo, su impacto real todavía genera preguntas profundas sobre trabajo, educación y desarrollo humano.

Javier Sáez, empresario vinculado al sector tecnológico y con experiencia en el ámbito sanitario, sostiene que el mayor cambio que traerá consigo la inteligencia artificial no será laboral sino formativo. En su visión, la revolución actual transformará la educación tal como la conocemos y obligará a repensar el sistema desde sus cimientos.

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De los exámenes medievales a la educación basada en proyectos

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Para Sáez, el sistema educativo actual arrastra inercias históricas difíciles de justificar. Recuerda que los exámenes nacieron hace siglos como un mecanismo para evaluar a los profesores y no necesariamente para medir el talento de los alumnos. Con el paso del tiempo, ese modelo derivó en una estructura masiva donde memorizar contenidos se volvió más importante que comprenderlos.

En su opinión, la educación del futuro será menos enciclopédica y más práctica. “No se trata de aprender cada pieza del motor, sino de saber cómo arreglarlo y para qué sirve”, resume. La clave estará en resolver problemas reales, trabajar por proyectos y utilizar herramientas tecnológicas con criterio.

En este punto aparece la inteligencia artificial generativa. Sáez sostiene que cualquier persona con conexión a internet puede acceder hoy a una educación de altísimo nivel. Plataformas como ChatGPT o Gemini incorporan modos de aprendizaje guiado que permiten abordar materias complejas en pocos minutos. Desde su perspectiva, es posible entender los fundamentos de la computación cuántica o la biología molecular sin necesidad de matricularse en una universidad de élite.

La democratización de la educación es, para él, el verdadero salto cualitativo. Ya no depende exclusivamente de la geografía ni del poder adquisitivo. Un estudiante en una zona rural puede aspirar a contenidos comparables a los de Harvard si sabe formular buenas preguntas y mantener la curiosidad.

No obstante, advierte un riesgo. La inmediatez puede erosionar la capacidad de reflexión. Antes, resolver un problema matemático implicaba tiempo, ensayo y error. Hoy, la respuesta llega en segundos. Si la educación se limita a copiar y pegar resultados sin comprenderlos, el aprendizaje se vacía de sentido.

Por eso insiste en que la inteligencia artificial no debe sustituir el pensamiento, sino potenciarlo. La diferencia radica en el uso. Cuando existe pasión por un tema, el usuario tiende a profundizar y aportar su propio enfoque. Allí la tecnología se convierte en aliada.

Economía, salud y el nuevo mapa del poder tecnológico

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Más allá de la educación, Javier Sáez analiza el impacto económico de esta transformación. Describe la industria de la inteligencia artificial como una pirámide. En la base se encuentran las empresas que fabrican la infraestructura para los chips, como TSMC en Taiwán o ASML en Europa. En el siguiente nivel aparecen compañías que diseñan los procesadores, como Nvidia o AMD. Luego, los grandes laboratorios que entrenan modelos y, finalmente, las aplicaciones que llegan al usuario.

El problema, explica, es que esa infraestructura no está distribuida de forma homogénea. No todos los países pueden participar en las capas más estratégicas. Europa, a su juicio, tendrá que especializarse en distribución, servicios financieros y desarrollo de aplicaciones, más que en la fabricación de hardware avanzado.

En este contexto, la marca y la comunidad adquieren un peso creciente. Si el producto tecnológico puede replicarse con relativa rapidez, la verdadera ventaja competitiva estará en la capacidad de distribuirlo y adaptarlo a una audiencia concreta. El software tenderá a ser más flexible y personalizado, casi “líquido”, ajustado en tiempo real a las necesidades del usuario.

En el ámbito sanitario, Sáez observa otro cambio estructural. La medicina actual se centra en curar enfermedades, pero el siguiente paso será prevenirlas y, más adelante, preservar la salud. Aquí la inteligencia artificial juega un papel determinante.

Los sistemas de análisis de imágenes médicas ya mejoran la precisión diagnóstica. Sin embargo, el avance más prometedor es el seguimiento individualizado mediante datos biométricos y dispositivos portátiles. El objetivo no es reemplazar al médico, sino ampliar su capacidad. “El mejor médico del mundo son todos los médicos del mundo en el mismo sitio”, señala, aludiendo a la potencia del conocimiento colectivo apoyado por algoritmos.

Además, la educación sanitaria del paciente será crucial. Entender qué ocurre en el propio cuerpo mejora la adherencia a los tratamientos y reduce visitas innecesarias a urgencias. Empoderar, en este sentido, significa informar con claridad. Sáez reconoce que grandes compañías tecnológicas aún no han capitalizado plenamente esta oportunidad. Algunas han intentado integrar modelos avanzados en sus asistentes virtuales, con resultados irregulares. El margen de crecimiento sigue siendo amplio.


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