El cambio físico de Ibai Llanos es más que evidente. Pero para el propio creador de contenido, la transformación no es solo estética ni responde a una cuestión superficial. Es, ante todo, una cuestión funcional para combatir el sobrepeso. “No es que te canses corriendo, es que te cuesta caminar”, resumió durante su conversación en The Wild Project, el pódcast de Jordi Wild.
La entrevista, que comenzó entre bromas sobre su impactante pérdida de peso, derivó rápidamente hacia un terreno más profundo: qué significa realmente vivir durante años con 150 o 160 kilos. Y por qué, según él, la mayoría de las personas no alcanza a comprender la dimensión del problema del sobrepeso.
Vivir con sobrepeso: Más allá de “unos kilos de más”

Ibai fue claro al diferenciar entre sobrepeso leve y obesidad severa. “No estamos hablando de que te sobren seis kilos. Eso puede ser algo puntual. Estamos hablando de que te sobren 50 o 60”, explicó. Para él, la obesidad mórbida no es una cuestión de estética ni de complejos, sino una enfermedad con implicaciones físicas y mentales.
Durante años, su peso superó ampliamente los 140 kilos. Y aunque en determinadas revisiones médicas las analíticas no mostraban alteraciones graves, eso no implicaba estar sano. “Puedes pesar 150 kilos e ir al médico y que la analítica no esté mal. Pero ningún médico te va a decir que sigas engordando”, recordó.
El problema, insistió, no siempre aparece primero en los valores de laboratorio. Se manifiesta en lo cotidiano. Subir seis escalones podía convertirse en un esfuerzo real. Atarse las zapatillas suponía una maniobra compleja. Sentarse en una silla desconocida activaba una alerta inmediata: ¿aguantará? En un avión, el cinturón podía no cerrar. En un parque de atracciones, muchas atracciones quedaban directamente descartadas. “Hay cosas que solo entiende quien ha pesado 150 kilos. Nadie que pese 80 puede imaginar lo que te dificulta la vida pesar 160”, afirmó.
Ibai relató cómo incluso acciones mínimas —ayudar a subir bolsas de la compra, acomodarse en el asiento trasero de un coche, pasar varias horas sentado en una butaca estrecha— implicaban una incomodidad constante. No necesariamente humillante en términos sociales, pero sí limitante en términos físicos. En su caso, la situación de su sobrepeso llegó a derivar en apnea del sueño, obligándolo a dormir con mascarilla. “Eso ya no es que no quepas en una atracción. Es otra cosa”, señaló.
El componente mental
Uno de los puntos más relevantes de su testimonio fue el reconocimiento del factor psicológico. “En muchos casos, y al menos en el mío, es 100% mental”, admitió. La relación con la comida, la ansiedad y los hábitos adquiridos durante años configuran un círculo difícil de romper. Y cuando el cuerpo alcanza ciertos límites de sobrepeso, el problema deja de ser exclusivamente de fuerza de voluntad.
En el gimnasio, explicó, había ejercicios que ni siquiera podía intentar. No por vergüenza. Simplemente, su cuerpo no respondía. “No es que me canse. Es que no puedo hacerlo”, dijo. El proceso de cambio, por tanto, no comenzó con grandes metas deportivas, sino con lo más básico: movilidad, resistencia mínima, volver a conectar con el propio cuerpo. Lo comparó con una rehabilitación tras una lesión grave. “Tienes que empezar casi como un niño otra vez”, comentó.
Actualmente, Ibai Llanos ronda los 90 kilos. Aun así, reconoce que la percepción pública del cambio puede ser extrema. Acostumbrados a verlo con un sobrepeso muy superior, muchos seguidores interpretaron su transformación como algo preocupante. “Cuando alguien ha sido muy obeso y deja de serlo, parece que está enfermo”, reflexionó.
El contraste visual es evidente: rostro, mandíbula, manos, proporciones corporales. Sin embargo, él insiste en que el cambio principal no es lo que se ve, sino lo que se siente. Más energía, mayor movilidad, menos limitaciones en actividades básicas.
El proceso de transformación ocurrió, además, bajo la mirada constante de millones de personas. Ibai no es un ciudadano anónimo: es uno de los creadores de contenido más influyentes del mundo hispanohablante. Cada cambio físico genera conversación, análisis y memes.
Él mismo reconoció que, mientras estaba inmerso en el sobrepeso severo, no siempre era plenamente consciente del impacto visual. “Cuando comparas imágenes es cuando te das cuenta”, comentó. Esa exposición permanente añade una capa adicional de presión. En internet, las transformaciones físicas no son solo personales, sino que se convierten en contenido, en debate y, en ocasiones, en juicio colectivo.









