viernes, 13 febrero 2026

Yomaira Ocampo, alergóloga: “Hay un factor al nacer que podría influir más de lo que imaginas en las alergias”

- Una alergóloga desmonta el mito de las “defensas bajas” y explica por qué el sistema inmune reacciona de más.

Durante años nos han repetido lo mismo: que las alergias aparecen porque tenemos las defensas bajas. Pues no. Es justo al revés. La Dra. Yomaira Ocampo, alergóloga formada en Cuba, lo explica con una claridad que se agradece. El problema no es que el sistema inmune esté débil, sino que está demasiado activo, como ese vecino que salta a la mínima por cualquier ruido. Reacciona de más. Se adelanta. Exagera.

En sus palabras, el cuerpo produce un exceso de inmunoglobulinas y ese exceso lo convierte en un sistema “hiperreactor”. Es decir, un organismo que responde como si todo fuera una amenaza, aunque no lo sea. Y ahí es donde aparecen los estornudos eternos, la piel que se inflama o esa rinitis que no da tregua. ¿Te suena?

Publicidad

Lo curioso es que no hay una única causa. La genética influye, claro. Pero también el entorno, la alimentación y hasta la forma en la que nacemos. La doctora señala algo que cada vez se comenta más en consulta: el aumento de cesáreas podría estar relacionado con una mayor predisposición alérgica. ¿Por qué? Porque esos primeros contactos del bebé con bacterias “buenas” ayudan a entrenar al sistema inmune. Sin ese primer entrenamiento, el cuerpo a veces se desorienta (como un GPS sin señal) y empieza a reaccionar de forma exagerada.

La leche de vaca, en el punto de mira

alergias
El sistema inmune también puede exagerar. Fuente: IA

Aquí la Dra. Ocampo no se anda con rodeos. La leche de vaca, dice, no es tan imprescindible como nos hicieron creer. De hecho, en su práctica clínica no la recomienda ni en niños ni en adultos. Considera que tiene potencial alergénico y que su aporte nutricional puede sustituirse sin problema. Una afirmación que suele generar debate, sí, pero que cada vez escuchamos más en consulta.

En su lugar, apuesta por la lactancia materna exclusiva en los primeros meses y, más adelante, por derivados menos procesados como el yogur natural o griego. ¿El motivo? Cuidar la microbiota intestinal. Ese “ecosistema invisible” que vive en nuestro intestino y que influye muchísimo más de lo que pensamos. (A veces olvidamos que la salud empieza ahí dentro).

Detectar la alergia: observar, escuchar… y pinchar

3imaginas en las alergias Merca2.es
La microbiota influye más de lo que creemos. Fuente: IA

En el diagnóstico, la doctora insiste en algo que parece simple, pero no lo es: mirar bien al paciente. La clínica manda. Ese gesto de frotarse la nariz hacia arriba —el famoso saludo alérgico— o las ojeras profundas en los niños pueden dar pistas valiosas. Luego llegan las pruebas.

Aquí defiende con firmeza el Prick Test frente a los análisis de sangre generalistas, que pueden dar falsos positivos y confundir más que ayudar. “Esta es la única prueba que nos indica si el paciente es realmente alérgico”, asegura. Para los alimentos, utiliza técnicas más específicas, como el “Prick to Prick” o pruebas de provocación controlada. No siempre son cómodas, pero sí muy reveladoras. Y al final, saber con exactitud qué te provoca la reacción es casi un alivio.

Más allá de los medicamentos: entrenar al sistema inmune

imaginas en las alergias1 Merca2.es
Detectar la alergia a tiempo cambia todo. Fuente: IA

Antihistamínicos, corticoides… ayudan, claro. Calman los síntomas. Pero no curan. Solo bajan el volumen del ruido. La verdadera apuesta a largo plazo es la inmunoterapia, las conocidas vacunas de la alergia. Un proceso lento (entre tres y cinco años), pero que busca algo más profundo: que el sistema inmunitario aprenda a tolerar lo que antes le parecía un enemigo.

La doctora lo explica de forma sencilla: la vacuna modula el sistema inmune. Lo reeduca. Y, con el tiempo, la enfermedad se controla mucho mejor. No es magia. Es constancia.

YouTube video

Publicidad