viernes, 13 febrero 2026

Bruno Ribeiro, neurocientífico: “Evitar ciertos estímulos diarios cambia cómo funciona la mente”

- Un neurocientífico explica por qué la disciplina diaria puede cambiar cómo funciona tu cerebro.

La mente se entrena cada día, incluso en esos momentos en los que nadie te ve. Hay una idea que el Dr. Bruno Ribeiro repite con calma, casi como quien quiere desmontar un mito muy arraigado: el alto rendimiento mental no es un superpoder reservado a unos pocos. No es un don misterioso. Es, en gran parte, un conjunto de hábitos que se repiten hasta que se vuelven parte de ti. Disciplina, constancia… y entender un poco mejor cómo funciona nuestra cabeza.

Ribeiro, neurocientífico especializado en rendimiento cognitivo, lo ha visto de cerca trabajando con deportistas de élite como Cristiano Ronaldo. Pero lo interesante —y tranquilizador— es que insiste en que lo que hace un deportista de máximo nivel no es magia. Es rutina. Una rutina sostenida incluso cuando no apetece. Y ahí está la clave.

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Cuenta que lo que más le sorprendió de Ronaldo no fue el talento (que lo tiene), sino la capacidad de hacer lo correcto incluso cuando el cuerpo y la mente piden descanso. Después de viajes largos, jornadas agotadoras… sigue entrenando, recuperándose, cuidándose. No porque siempre tenga ganas. Sino porque sabe que debe hacerlo. Y eso, dice Ribeiro, se puede trasladar a cualquiera de nosotros. A tu trabajo. A tu salud. A tu día a día.

La disciplina cuando no hay ganas

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La constancia diaria moldea el cerebro. fuente: IA

Hay algo incómodo en esto: esperar a tener motivación no suele funcionar. El cerebro responde mejor a la repetición que al entusiasmo puntual. Hacer lo que toca, incluso cuando no apetece, es lo que acaba cambiando la estructura de la mente. Parece simple. No lo es tanto.

Otro punto que menciona es la visualización. Ronaldo, por ejemplo, repasa mentalmente jugadas, penaltis, movimientos… incluso antes de dormir. Es como si el cerebro ensayara en silencio para que, cuando llegue el momento real, el cuerpo ya sepa qué hacer. Puede sonar extremo, pero ¿quién no ha repasado mentalmente una conversación o una decisión importante antes de que ocurra? Todos lo hacemos. Solo que algunos lo entrenan.

Tres pilares que no cuestan dinero

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Menos estímulos, más concentración real. fuente: IA

Más allá de los deportistas de élite, Ribeiro insiste en que la mayor parte del rendimiento cerebral depende de hábitos cotidianos. Y aquí no hay secretos caros ni fórmulas milagro. Hay tres pilares básicos.

El primero es la alimentación. Comer mejor no solo afecta al cuerpo; también al cerebro. Menos ultraprocesados, menos azúcar, más alimentos reales. Parece obvio, pero no siempre lo aplicamos. El segundo es el descanso. Dormir bien no es un lujo, es mantenimiento. Durante el sueño, el cerebro se limpia, reorganiza, guarda recuerdos. Dormir mal es como intentar funcionar con un ordenador lleno de ventanas abiertas. Todo va más lento.

El tercer pilar es el movimiento. Ejercicio. Caminar. Moverse. Lo que sea. Ribeiro lo dice sin rodeos: el cerebro no envejece por sí solo. Envejece cuando dejamos de usarlo y de movernos. Y tiene sentido. Cuando el cuerpo se activa, el cerebro también.

El gran enemigo: demasiados estímulos

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El descanso también entrena la mente. fuente: IA

Si hay algo que hoy complica todo esto es la sobreestimulación. Pantallas, notificaciones, vídeos cortos, mensajes constantes. Vivimos en modo interrupción permanente. Y eso fragmenta la atención. Nos cuesta concentrarnos, sostener una tarea, aburrirnos incluso.

Aquí Ribeiro propone algo que suena casi radical: aburrirse a propósito. Dejar el móvil. No llenar cada silencio. No buscar estímulos cada minuto. Porque el cerebro necesita esos espacios vacíos para regularse. Para volver a enfocarse. Para bajar la dopamina y resetear.

No es fácil. Pero funciona.

Más allá de la ciencia y la tecnología —que también menciona, con herramientas como la estimulación cerebral en contextos clínicos—, el mensaje final es más humano que técnico. El cerebro responde a la dirección que le damos. A lo que imaginamos. A lo que creemos posible.

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