viernes, 13 febrero 2026

El ocaso de Accenture llega a España

Accenture ha perdido un 40% de su valor en los últimos 12 meses.
En España, su crecimiento se ha apagado pese a la revolución de la IA.
El grupo está en proceso de cambio, pero quizás no sea suficiente.

En la primavera del año pasado, el Teatro Real de Madrid se engalanó para recibir a clientes, socios y directivos de Accenture con motivo de su 60 aniversario en España. En aquella gala, Carlos Narea dio vida a un espectáculo que fusionó música, danza y animación gráfica con inteligencia artificial. Una alegoría de lo que aspira a ser la propia Accenture en España y en el mundo. Sin embargo, también pudo interpretarse como la despedida anticipada de un coloso con cada vez más pies de barro.

En un mundo marcado por la tecnología, cabría esperar que a las grandes empresas tecnológicas les fuera especialmente bien. Y, a grandes rasgos —más allá de los altibajos puntuales—, así parece estar ocurriendo. También la consultoría vive, en teoría, un momento prolífico, especialmente en el ámbito tecnológico. No obstante, no está siendo así para uno de los gigantes mundiales del sector: Accenture. La firma no solo ha frenado en seco su crecimiento, sino que además ha perdido parte de la confianza de los inversores.

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Uno de los problemas de Accenture es la sensación de haber alcanzado un techo en su capacidad de expansión. Las previsiones de la compañía para 2026 apuntan a un crecimiento de entre el 2% y el 5%, una cifra modesta que no mejora la dinámica de los últimos ejercicios. Esa debilidad, unida a un deterioro operativo —su beneficio neto atribuido en el primer trimestre de 2026 cayó cerca de un 3%—, ha provocado un auténtico terremoto bursátil. En los últimos doce meses, Accenture ha llegado a perder hasta un 40% de su capitalización, situándose en niveles no vistos desde hace más de cinco años.

El ocaso de Accenture en España

Los datos son aún más preocupantes en España. Durante la última década, Accenture España se había mostrado intratable en el mercado nacional, consolidándose como socio estratégico de referencia para las grandes corporaciones. De hecho, su filial Accenture SL —que concentra en torno al 70% de los ingresos del grupo en el país— registró entre 2014 y 2019 un crecimiento anualizado cercano al 12,6%.

Ese avance se vio frenado por la pandemia, cuando muchas empresas priorizaron la supervivencia frente a la inversión. Sin embargo, la recuperación fue rápida: la facturación creció un 16% en 2022 y un 12,4% en 2023. En parte, porque las compañías retomaron con fuerza sus planes de digitalización para reforzar su presencia en el entorno online.

Todo ese progreso, sin embargo, parece haberse debilitado con la irrupción masiva de la inteligencia artificial. Paradójicamente, el auge de la IA no ha impulsado de inmediato a Accenture, sino que ha generado un entorno más competitivo y exigente. Si en el ejercicio completo de 2024 —la multinacional abre y cierra su año fiscal en agosto— el crecimiento global apenas alcanzó el 1%, en España el incremento de ingresos en su filial fue todavía más exiguo: un 0,6%.

El repliegue de Accenture España también se aprecia en la evolución de su plantilla. Los ajustes emprendidos por la compañía a nivel global han tenido reflejo en el mercado nacional. Según los últimos datos disponibles, la plantilla media actual se sitúa por debajo de la que tenía en 2018 y es casi un 5% inferior al máximo alcanzado en 2022. Un retroceso que contrasta con la expansión sostenida de años anteriores.

¿Un nuevo renacer para Accenture?

Desde Accenture confían en superar este bache apoyándose en dos grandes palancas: el incremento de la inversión empresarial en inteligencia artificial y su capacidad para capitalizar esa ola mediante una reconfiguración interna y nuevas adquisiciones.

Por un lado, la compañía estima que el 78% de las empresas españolas prevé aumentar su inversión en IA en 2026. Además, sostiene que el 80% de los líderes europeos considera ahora estas inversiones más valiosas incluso que las iniciativas de reducción de costes. La tesis de Accenture es que, a medida que la tecnología madure y sus efectos sobre la productividad sean más tangibles, el gasto en IA se convertirá en estructural.

Para aprovechar esa oportunidad, Accenture está transformando su estructura interna. «En 2023 contábamos con 40.000 profesionales de IA y datos. Hoy contamos con 77.000«, destacan desde la compañía. Este salto implica una mayor especialización y un esfuerzo creciente por atraer y retener talento. En España, la plantilla muestra signos de envejecimiento progresivo: si en 2017 la edad media no superaba los 35 años, en 2022 ya se situaba por encima de los 36.

Por último, la firma espera rentabilizar las adquisiciones realizadas en los últimos años, una de las señas de identidad históricas de Accenture. Estas operaciones se enmarcan bajo el concepto estratégico de “The New” (Lo Nuevo), la arquitectura con la que la multinacional agrupa sus capacidades digitales, de nube, datos y seguridad. En España, la compañía ha destinado varios cientos de millones de euros en efectivo a inversiones recientes e integración de firmas como Boslan Ingeniería y Consultoría (2024), Innotec Security (2023), Axis (2023/2024), Oasys y Enimbos.

Pese a todo, el camino no será sencillo. La nueva unidad bautizada como “servicios de reinvención” resume la ambición de Accenture de liderar la transformación empresarial en la era de la inteligencia artificial. Sin embargo, existe un riesgo evidente: esta nueva revolución tecnológica no pertenece tanto a los impulsores o integradores de la tecnología como Accenture, sino a quienes la crean desde su origen. Y en esa batalla, el margen puede ser cada vez más estrecho.


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