Hablar de sexo sigue siendo incómodo para muchas personas, aunque la información esté al alcance de todos. La sexóloga y terapeuta Cecilia Martín observa a diario cómo la desinformación, las expectativas irreales y el peso de la rutina afectan de forma directa a la vida íntima. Según su experiencia profesional, la calidad de una relación no depende solo del amor, sino también de la comunicación, la autoestima y la manera en que cada miembro gestiona sus propios miedos.
Tras casi dos décadas atendiendo consultas, Martín tiene claro que la sexualidad moderna se enfrenta a nuevos desafíos. El acceso temprano al porno, la presión por rendir y la idealización del cuerpo perfecto han cambiado por completo la manera de entender el deseo.
Expectativas, porno y ansiedad: los enemigos silenciosos de la relación

Uno de los grandes problemas actuales es la cantidad de información distorsionada que reciben los jóvenes sobre el sexo. “El porno se ha convertido en el principal profesor de educación sexual y eso es un error enorme”, explica la terapeuta. Las escenas irreales generan modelos imposibles de imitar y crean expectativas que ninguna relación verdadera puede sostener.
Esta presión termina afectando especialmente a los hombres, que suelen medir su autoestima a través del rendimiento sexual. “Muchos llegan a consulta con miedo al fracaso y con una ansiedad enorme por no estar a la altura”, señala. Esa tensión mental bloquea la respuesta sexual y genera problemas de erección o de eyaculación precoz, lo que a su vez deteriora la relación con la pareja.
Para Martín, el órgano sexual más importante es el cerebro. Los pensamientos influyen directamente en el cuerpo. Si alguien entra en un encuentro íntimo preocupado por su físico, por su desempeño o por el juicio del otro, difícilmente podrá disfrutar. “Cuanto más relajados estamos, mejor funciona nuestra sexualidad”, resume.
Las mujeres tampoco están libres de inseguridades. La presión estética, reforzada por redes sociales y filtros, ha creado un ideal casi inalcanzable. Muchas acuden a terapia con miedo a mostrarse tal como son. Ese temor termina afectando la espontaneidad y, por supuesto, la calidad de la relación.
Rutina, reproches y falta de deseo: por qué se enfría la pasión
Otro de los motivos más frecuentes de consulta es la pérdida de chispa con el paso del tiempo. “La pasión no desaparece por arte de magia. Se va apagando cuando dejamos de cuidarla”, afirma la especialista. La rutina, la monotonía y la falta de novedades son enemigos naturales de cualquier relación de pareja.
Cecilia Martín es clara al explicar que la atracción inicial no dura para siempre. Ver a la misma persona todos los días, en los mismos contextos y con las mismas dinámicas, reduce inevitablemente la excitación. “Tu pareja, por muy guapa que sea, si la ves todos los días al final no te va a resultar tan atractiva”, asegura. Por eso recomienda introducir cambios, compartir fantasías y buscar espacios nuevos que reactiven el deseo.
Pero no todo se reduce al plano sexual. La forma en que se comunican los miembros de una pareja también marca el destino de la relación. Los reproches constantes son uno de los factores más dañinos. “Está demostrado que pueden hacer más daño que una infidelidad”, advierte. Una relación basada en quejas y críticas termina erosionando la autoestima y el vínculo emocional.
Según la terapeuta, muchas rupturas no se producen por grandes conflictos, sino por la acumulación de pequeños gestos negativos. Falta de reconocimiento, ausencia de piropos, desinterés cotidiano y discusiones repetidas crean un clima que enfría cualquier relación, por sólida que haya sido al principio.
Frente a este panorama, Martín propone trabajar la comunicación y la complicidad. Hablar abiertamente de deseos, probar experiencias nuevas y mantener gestos de cariño son herramientas clave para sostener una relación saludable. Incluso el uso de juguetes sexuales puede ser un buen aliado si se entiende como un complemento y no como un sustituto.
Para la especialista, el deseo no es algo que simplemente aparece o desaparece, sino un proceso que se cultiva. “Mostrar interés por el otro es fundamental. El deseo es bidireccional: si yo te deseo, tú también me desearás”, explica. En conclusión, cuidar una relación implica atención, respeto y voluntad de seguir eligiendo al otro cada día.









