jueves, 12 febrero 2026

Lo que decide por ti sin que te des cuenta (y no es el azar)

- Lo que llamas “decidir” a veces son hilos invisibles tirando desde el pasado.

A veces lo que decide tu vida no es lo que crees, sino lo que heredaste sin darte cuenta. A veces creemos que decidimos con total libertad. Que elegimos trabajo, pareja, reacciones, caminos… porque sí, porque queremos. Pero si uno se detiene un momento (solo un momento de verdad), aparece una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que hacemos es realmente nuestro y cuánto viene de antes?
Manu Colombo llama a eso “hilos invisibles”. Y la imagen es bastante acertada. Son como esos hilos finos que no se ven a simple vista, pero que tiran de nosotros. Creencias heredadas, frases que escuchamos de pequeños, mandatos familiares, miedos aprendidos. Todo eso se va instalando con los años y acaba moldeando lo que pensamos que es la realidad.

Lo curioso es que muchas veces no nos damos cuenta. Vivimos convencidos de que reaccionamos desde el presente, cuando en realidad estamos respondiendo desde historias que ni siquiera empezaron con nosotros. Nuestro cuerpo, nuestras emociones, incluso la forma de mirar el mundo, están atravesadas por lo que aprendimos en casa, en la cultura, en el entorno. Y sí, también por lo que heredamos de quienes estuvieron antes.

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Cuando lo que sientes quizá no empezó contigo

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A veces reaccionamos desde historias que no empezaron con nosotros. Fuente: IA

Hay un ejemplo que Colombo utiliza y que se queda grabado. Imagina a tres hermanos criados igual, en la misma casa, con los mismos padres. Se cruzan con un perro. Uno se asusta. Otro se acerca con cariño. El tercero se queda congelado.
¿De dónde viene cada reacción? No siempre de una experiencia propia. A veces es una memoria que se activa. Algo que pertenece al sistema familiar y que aparece como si fuera tuyo. Como si llevaras una mochila que no recuerdas haber llenado.

Lo que decide por ti4 Merca2.es
Lo que sientes hoy puede venir de una memoria antigua. Fuente: IA

Aquí aparece una distinción interesante: sensación y emoción. La sensación es lo primero. Es corporal, directa, casi instintiva. La emoción llega después, cuando esa sensación se mezcla con una memoria. Y esa memoria puede ser tuya… o no.
Pensarlo así cambia bastante la perspectiva. Porque entonces muchas emociones que sentimos hoy podrían no ser del todo nuestras. Podrían ser fidelidades invisibles. Lealtades al sistema familiar. Miedos heredados.
Y claro, si eso es así, la libertad empieza por algo muy sencillo y muy difícil a la vez: aprender a registrar lo que sentimos sin interpretarlo automáticamente desde el pasado.

El arte de hacerse buenas preguntas

Lo que decide por ti3 Merca2.es
Una buena pregunta abre una puerta donde antes había pared. Fuente: IA

En el trabajo de acompañamiento que propone Colombo hay algo central: las preguntas. No las respuestas rápidas, ni los consejos, ni las soluciones prefabricadas. Las preguntas que abren grietas.
Porque acumular información no cambia demasiado. Sabemos mucho, leemos mucho, escuchamos mucho. Pero el cerebro descarta casi todo. Lo que realmente transforma son las “competencias del saber”: la capacidad de sentir distinto, de mirar distinto, de cuestionar lo que parecía incuestionable.

Si después de una conversación no aparece un “mundo nuevo”, aunque sea pequeño, no hubo transformación. Solo charla. La diferencia está en empezar a ver posibilidades donde antes solo había certezas rígidas.

También entran en juego los llamados órdenes sistémicos. Ideas sencillas pero potentes. Todos pertenecen al sistema familiar, incluso quienes fueron excluidos o silenciados. Cuando alguien queda fuera, a veces otro repite su historia sin saberlo.
Luego está el orden de llegada. Reconocer a quienes vinieron antes, aceptar ese lugar. Y el equilibrio entre dar y recibir. Cuando uno da siempre y el otro solo toma, o al revés, algo se desajusta. Las relaciones se resienten. Se tensan.

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