jueves, 12 febrero 2026

Zazza «el italiano» (34), creador de contenidos: “A los criminales no les gusta que haya gente armada conmigo”

El creador Zazza relata cómo entrevista a criminales en barrios peligrosos mediante respeto, estrategia y lectura del entorno. Explica que la confianza se rompe con escoltas armados y que la visibilidad abre puertas algunas veces.

Entrar en un barrio dominado por pandillas y criminales, sentarse frente a hombres armados y encender una cámara no parece el plan más sensato. Sin embargo, para Zazza (Federico Zompicchiatti), conocido como “el italiano”, es parte de su trabajo cotidiano. Este creador de contenidos ha convertido las zonas más peligrosas del mundo en su canal de entrevistas.

Su método no se basa en el heroísmo, sino en una estrategia muy calculada. Sabe que hablar con criminales exige códigos, respeto y una lectura precisa del entorno. Cada grabación es una negociación silenciosa donde un gesto o una palabra pueden cambiarlo todo.

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Hablar con los criminales más peligrosos

Hablar con los criminales más peligrosos
Fuente Freepik

Cuando se le pregunta cómo logra acercarse a personas vinculadas al delito, Zazza responde que todo depende del contexto. “Hay varias situaciones”, explica. La primera es entrar solo. Sin escoltas ni cámaras intimidantes. En ese caso, su prioridad es identificar a los cabecillas del lugar, los referentes que marcan la jerarquía. Con ellos se dirige primero.

Lo hizo muchas veces en España y repitió la fórmula en América Latina y Sudáfrica. Observa quién impone respeto, quién toma las decisiones. A partir de allí se presenta con educación, pero con firmeza. “El body language es fundamental”, asegura. Caminar recto, mirar a los ojos y transmitir seguridad. Los criminales perciben enseguida si alguien está nervioso.

Su experiencia le ha enseñado que la valentía controlada suele abrir puertas. “Más de una vez me dijeron: ‘Por haber venido aquí solo, graba lo que quieras’”, recuerda. En cambio, llegar acompañado o rodeado de policías suele generar el efecto contrario. Cuando hay fuerzas de seguridad, los criminales desaparecen o se niegan a hablar.

Otra modalidad es trabajar con guardaespaldas privados. En algunos países es imprescindible por seguridad, aunque no siempre resulta cómodo. “A los criminales no les gusta que haya gente armada conmigo”, admite. Esa presencia rompe la confianza y vuelve más fría la conversación.

En los últimos años ha optado por una vía más profesional: entrar mediante contactos previos. Personas del propio entorno que garantizan que su presencia no es una amenaza. Gracias a esa red logró entrevistar en Ciudad del Cabo a miembros de pandillas consideradas entre las más peligrosas del planeta.

Un mundo con reglas propias

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Sudáfrica se ha convertido en uno de los escenarios centrales de su canal. Allí descubrió un sistema criminal organizado que nació en las cárceles durante los años 80 y 90. Los grupos se dividen por funciones: los “26” manejan el dinero, los “27” actúan como jueces internos y los “28” son los sicarios encargados de ejecutar órdenes.

No son amigos ni compañeros. Cada uno conoce su rol y lo cumple. Fuera de la prisión, esas mismas estructuras se conectan con pandillas de la calle dedicadas a la droga, la prostitución y la extorsión. Un engranaje que explica por qué resulta tan difícil desmontar el poder de los criminales.

Zazza logró acceder a ese universo gracias a una invitación inesperada. Entró en una casa donde se consumía y vendía droga. Una puerta de hierro se cerró tras él con un candado enorme. Dentro había hombres armados, mezclando alcohol, cocaína y crack como si se tratara de una rutina diaria.

Allí entrevistó a un sicario de apenas veinte años que afirmaba haber matado a más de una docena de personas. Un relato brutal que retrata la crudeza de un entorno donde la vida vale poco. “Le pregunté si sería capaz de matarme y me respondió que sí, sin dudar”, cuenta.

Frente a esos personajes, su táctica es siempre la misma: respeto absoluto y lectura constante de las reacciones. Si una pregunta incomoda, cambia de tema. Si el clima se tensa, retrocede. Sabe que los criminales imponen sus propias reglas y que desafiarlas puede ser peligroso.

Aun así, sostiene que no suele sentir un miedo paralizante. Cree que su rol de entrevistador funciona como una protección. “Ellos no buscan dinero, ya tienen mucho. Lo que quieren es un altavoz”, explica. Sus videos les permiten enviar mensajes, ganar prestigio interno o comunicarse con otras pandillas.

Esa necesidad de visibilidad es la llave que le abre puertas. Los criminales lo ven como un instrumento útil, alguien capaz de mostrar su realidad al mundo. Y mientras él mantenga ese equilibrio delicado entre curiosidad periodística y prudencia, seguirá entrando a lugares donde pocos se animan.

El trabajo de Zazza no pretende glorificar el delito. Más bien expone un submundo crudo que la mayoría prefiere ignorar. Sus entrevistas muestran cómo piensan y actúan los criminales, pero también revelan las heridas sociales que los rodean.


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