viernes, 13 febrero 2026

José Luis Marín (75), psiquiatra: “El miedo lo hemos convertido en ansiedad y la tristeza la hemos convertido en depresión”

El psiquiatra José Luis Marín critica la medicalización de las emociones y sostiene que miedo y tristeza se han etiquetado como ansiedad y depresión. Defiende abordar el malestar desde la vida cotidiana antes que recurrir a fármacos.

José Luis Marín es psiquiatra desde hace más de cuatro décadas y una de las voces más críticas con la forma en que la medicina moderna aborda el sufrimiento emocional. Sus planteamientos cuestionan ideas que parecían indiscutibles: que la depresión sea una enfermedad química o que la ansiedad necesite siempre un fármaco.

Lejos de recetas rápidas, defiende volver a mirar a la persona completa, desde su historia, su entorno y su estilo de vida. Para Marín, gran parte de lo que hoy se trata como patología, como la ansiedad y la tristeza, no es más que emociones humanas legítimas que han sido etiquetadas de manera equivocada.

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Cuando las emociones se convirtieron en diagnósticos

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Uno de los ejes centrales de su discurso es que, en las últimas décadas, se ha producido un fenómeno silencioso: la psiquiatrización de las emociones. “El miedo lo hemos convertido en ansiedad y la tristeza la hemos convertido en depresión”, afirma con contundencia. Según su visión, el problema no es sentir, sino haber perdido la capacidad de interpretar correctamente lo que sentimos.

Para el psiquiatra, la ansiedad se ha transformado en un cajón de sastre donde cabe casi todo. Sin embargo, detrás de esa etiqueta suele haber algo mucho más concreto: miedo. Temor a perder el trabajo, a no llegar a fin de mes, a fallar, a no estar a la altura. “La ansiedad como tal no tiene tratamiento. El miedo sí”, explica. Ponerle nombre a lo que ocurre es, para él, el primer paso terapéutico.

Este enfoque choca con la práctica clínica habitual, basada con frecuencia en recetar ansiolíticos o antidepresivos. Marín no niega su utilidad puntual, pero advierte que se han convertido en una respuesta casi automática. “Los psicofármacos pueden ayudar, pero no son el tratamiento”, insiste. A su juicio, se utilizan para silenciar síntomas en lugar de comprender sus causas.

El especialista defiende que sentir ansiedad en determinadas circunstancias es absolutamente normal. Es una señal de alerta del organismo, no una avería. Convertirla en un trastorno crónico, dice, es el resultado de un sistema sanitario que dispone de poco tiempo para escuchar y demasiado interés en medicalizar.

Su crítica se extiende también a la idea de que la depresión sea un simple desequilibrio químico. El modelo de la serotonina, popular durante años, está hoy prácticamente desmontado. “Ningún antidepresivo ha curado la depresión jamás”, sostiene. Para él, comparar la depresión con la diabetes y tratarla solo con pastillas es un error conceptual de grandes proporciones.

El origen del malestar y la ansiedad está en la vida cotidiana

El origen del malestar y la ansiedad está en la vida cotidiana
Fuente: agencias

José Luis Marín propone mirar más allá de los manuales diagnósticos y centrarse en lo que realmente enferma a las personas: el estilo de vida. Dormir mal, comer peor, no hacer ejercicio, vivir sometidos a estrés crónico y a exigencias imposibles. En ese contexto, la ansiedad aparece como una reacción lógica.

Recuerda que existen evidencias científicas sólidas que suelen quedar relegadas. Hacer deporte, cuidar el sueño o mejorar la alimentación pueden ser tan eficaces como muchos fármacos para aliviar estados depresivos y reducir la ansiedad. Sin embargo, estas intervenciones requieren tiempo, acompañamiento y cambios profundos, algo que el sistema actual rara vez facilita.

El psiquiatra señala que el 70% de las consultas médicas están relacionadas con fracasos en el estilo de vida. Aun así, en las facultades de Medicina apenas se enseña sobre nutrición, actividad física o gestión del estrés. “La medicina olvidó la salud hace muchos años”, lamenta.

Desde su experiencia clínica, asegura que casi nadie desarrolla una depresión o una ansiedad de un día para otro. Detrás suele haber meses o años de malestar acumulado que nunca se exploró. “Cuando tienes tiempo para escuchar de verdad al paciente, descubres que llevaba mucho tiempo estando mal”, explica.

Para él, la clave está en recorrer el camino inverso al que se ha impuesto culturalmente. En lugar de decir “tengo ansiedad”, habría que preguntarse: ¿a qué tengo miedo? Ese cambio de enfoque permite recuperar el control y trabajar sobre problemas reales, no sobre etiquetas abstractas.

También advierte sobre la presión social actual, que exige estar siempre alegres y exitosos. Una cultura que no tolera la tristeza ni el silencio termina generando más ansiedad. “No estamos ni tristes ni deprimidos: estamos cansados”, resume citando al filósofo Byung-Chul Han.

Marín insiste en que la felicidad no es euforia permanente, sino paz interior. Y que aceptar las emociones desagradables forma parte de una vida sana. Criminalizar la tristeza o el miedo solo aumenta el sufrimiento y, paradójicamente, alimenta más ansiedad.


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