Félix Ruiz es uno de los nombres más interesantes del emprendimiento español. Cofundador de Tuenti, inversor en decenas de startups y empresario inquieto, ha construido una carrera marcada por el riesgo, la intuición y el aprendizaje continuo. Para él, el éxito no se mide solo en cifras: “La verdadera libertad no es financiera, es poder decidir sobre tu tiempo”.
Detrás de esa frase hay una historia que atraviesa dos décadas de innovación, aciertos millonarios y también fracasos. Una trayectoria que comenzó casi por casualidad y terminó cambiando la forma de relacionarse de millones de jóvenes en España.
De una idea universitaria a una venta millonaria
Tuenti nació en 2006 como un proyecto entre amigos. En aquellos años, Facebook aún estaba limitado a universidades estadounidenses y en España no existía una red social dominante. Ruiz y sus socios detectaron el hueco y crearon una plataforma por invitación que pronto se volvió un fenómeno.
El modelo creció gracias a una combinación de talento local y experiencia internacional. La llegada de un equipo técnico estadounidense permitió profesionalizar el proyecto y hacerlo escalable. Ruiz suele resumirlo con sinceridad: “Tuenti fue un producto que nace de unos colegas y que se sostiene gracias al americano”.
La clave, según explica, estuvo en mantener el foco. “Cuando una compañía intenta hacer mil cosas a la vez es muy peligroso. Hay que concentrarse en una sola”, repite como una lección aprendida. Ese enfoque fue el que convirtió a Tuenti en un gigante con más de 12 millones de usuarios mensuales.
En 2010 llegó el momento decisivo. Telefónica mostró interés en comprar la empresa y la negociación fue directa. “O 100 millones o aquí no hay conversación”, exigió el entonces consejero delegado. La respuesta fue inmediata: Telefónica aceptó. Ruiz reconoce hoy que, probablemente, habrían pagado incluso más.
A los 26 años, el emprendedor pasó de cobrar sueldos modestos a recibir un ingreso que le cambió la vida. Sin embargo, esa lluvia de dinero no significó para él la auténtica libertad. Al contrario, fue el inicio de una etapa de aprendizaje personal.
Emprender para ganar tiempo y libertad, no solo dinero

Tras la venta de Tuenti, Ruiz vivió lo que muchos jóvenes millonarios: viajes, coches de lujo y una sensación de euforia que pronto se desvaneció. “Me gasté casi todo, como cualquier chaval de esa edad”, ha reconocido con naturalidad. Pero pronto entendió que la libertad real no estaba en el saldo bancario.
Para él, emprender es un camino de construcción permanente. Invirtió y participó en proyectos como Jobandtalent, Playtomic o Auro. Algunos fueron éxitos; otros, duras lecciones. “He palmado dinero varias veces”, admite. Esa sinceridad forma parte de su filosofía: el fracaso también educa y acerca a una vida con más libertad.
Su forma de detectar oportunidades es pragmática. No se considera un genio creativo. “No soy más inteligente que nadie, pero tengo mucho empuje. Mi gran virtud es saber contratar gente mejor que yo”, explica. Esa capacidad de rodearse de talento ha sido uno de sus grandes activos.
Con los años ha redefinido su idea de prosperidad. Mientras muchos hablan de libertad financiera, Ruiz insiste en un matiz esencial: “Puedes ganar mucho dinero y no ser libre. La verdadera libertad es elegir qué hacer con tu tiempo”.
Esa visión se refleja en su ritmo actual. Vive en Marbella, invierte con más calma y dedica espacio a su proyecto familiar. Sigue asumiendo riesgos, pero ya no se lo juega todo a una carta. “La libertad también es poder equivocarte sin que tu vida se derrumbe”, suele decir. Hoy observa el ecosistema emprendedor con mirada veterana. Recomienda perseverancia, foco y humildad. Aconseja no enamorarse de las ideas, sino de los equipos. Y recuerda que ningún éxito es lineal.
Su historia demuestra que el emprendimiento puede abrir muchas puertas, pero que la meta final no debería ser acumular ceros en una cuenta corriente. Para Ruiz, el verdadero logro es otro: construir una vida donde la libertad personal tenga más peso que cualquier balance. En un mundo obsesionado con el dinero rápido, su mensaje suena contracultural. La libertad auténtica, repite, no llega con una venta millonaria ni con un gran titular, sino con la posibilidad de decidir cada mañana cómo y para qué trabajar.









