Alejandro Fernández, de 41 años, vive en un edificio de 12 pisos en el centro de Sevilla. Siempre pensó que su comunidad era tranquila, hasta que un conflicto inesperado con las plazas de garaje compartidas convirtió la convivencia en un auténtico quebradero de cabeza. Lo que parecía un simple malentendido terminó escalando a disputas diarias, que incluso llegaron a la junta de vecinos precisamente porque hay temas que parecen cotidianos, pero sobre los que hay que informarse bien sobre cómo obrar de manera correcta.
El origen de la disputa
Todo comenzó cuando un nuevo vecino, Luis Ortega, se mudó al edificio y empezó a usar una plaza de garaje que, según los planos y el reglamento de la comunidad, estaba asignada a otra familia. Alejandro, que ocupaba la plaza contigua, fue el primero en notar la situación. “Al principio pensé que sería un error puntual, pero pronto nos dimos cuenta de que Luis estacionaba allí todos los días”, recuerda.
La situación generó tensión porque los propietarios de las plazas de garaje no querían ceder, y muchos vecinos se vieron atrapados entre la necesidad de mantener la paz y la obligación de respetar los derechos de los demás. Es importante que, aunque el conflicto no sea directo hacia ellos, en el futuro pueden tener el mismo problema.
Intentos de diálogo entre vecinos
Alejandro y otros vecinos intentaron hablar con Luis de manera directa. Le explicaron que la plaza que estaba usando no era suya y que debía respetar el reglamento interno de la comunidad. Luis se defendió argumentando que no había señales visibles y que no sabía que esa plaza estaba ocupada permanentemente por otra familia.
“Intentamos ser educados y ofrecer alternativas, como usar otra plaza que estaba vacía temporalmente, pero la situación se volvió cada vez más tensa”, comenta Alejandro.
La junta de vecinos interviene sobre las plazas de garaje
Ante la falta de acuerdo, la junta de vecinos decidió convocar una reunión extraordinaria para resolver el conflicto. En la asamblea se repasaron los planos del garaje, el reglamento de la comunidad y las actas de adjudicación de plazas. Los vecinos discutieron durante horas, buscando un consenso que no terminaba de llegar.
Finalmente, la junta acordó:
- Señalizar correctamente cada plaza de garaje.
- Asignar temporalmente una plaza libre a Luis mientras se resolvía la situación.
- Establecer normas estrictas sobre el uso de plazas compartidas y sanciones en caso de incumplimiento.

Consecuencias y aprendizaje para hablar de plazas de garaje compartidas
Aunque la situación generó tensiones durante varias semanas, la intervención formal de la comunidad permitió que la convivencia se restableciera. Alejandro reconoce que aprender a mediar y a seguir procedimientos oficiales fue clave para evitar conflictos mayores.
“El problema del garaje nos enseñó a todos que, incluso en cuestiones aparentemente pequeñas, es fundamental tener normas claras y comunicarlas bien”, dice.
La importancia de la organización vecinal
Este conflicto refleja una situación habitual en muchos edificios: disputas por espacios comunes que podrían haberse evitado con reglas claras y comunicación efectiva. Las asociaciones y juntas de vecinos juegan un papel esencial para:
- Resolver disputas antes de que escalen.
- Garantizar que todos los vecinos conozcan sus derechos y obligaciones.
- Mantener la armonía en la comunidad, incluso cuando surgen conflictos.
Alejandro Fernández admite que no fue fácil vivir la situación, pero también reconoce que la gestión colectiva y la mediación formal son herramientas indispensables para cualquier comunidad. “Al final, todos aprendimos que la convivencia requiere respeto, paciencia y normas claras. Sin la junta de vecinos, esto podría haber acabado en enfrentamientos diarios permanentes”, concluye.








